POR PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA
La leyenda del blues; uno de los mejores guitarristas del mundo de todos los tiempos; la magia de su guitarra, «Lucille»; la admiración que, por él, sentían otros grandes de la música, como Eric Clapton cuando comentó aquello de «algunos dicen, de mí, que soy un revolucionario. No tiene sentido, ya que todo lo que hice fue copiar a B.B.King, el Rey del Blues y… ¡¡¡no hay más mérito!!!». Podrían decirse tantas y tantas coas de él, y todasfavorables de verdad, que se hace preciso comenzar cariñosa y emocionadamente, como la ocasión exige y… ¡¡¡hasta donde nuestro espacio lo permita, ¿vale?!!!. Cuando esta edición de «El Noroeste» vea la luz, hará justo dos semanas que nos referíamos a él, invitando a no confundirle, por similitud de denominación artística, con el que, entonces, acababa de fallecer: Ben E. King, otro grande de las partituras emblemáticas. Y, como una adversa e inadmisible premonición, muy poquitos días después, senosva para siempre el prototipo del blues, el rey, el incansable, el cercano, el enamorado de su profesión, el compositor, el hombre delos «dedos de goma mágica», el que hacía sencillo, fácil yagradable lo que otros complican y convierten en inalcanzable, como es tocar laguitarra con pasión, soltura y destreza y deleitarnos a todos como si, esa, fuera su obligación y compromiso. Pero, todo ello, tornado en complacido deseo, ávido, siempre, de agradar a su público, que contaba por auténticas legiones y que le rendíamos tributo «formados, a susórdenes» para que pudiera contarnos,»pasando revista», hasta hartarse dever que sus fieles superábamos y superaremos, eternamente, los cientos, los miles y, ampliamente, hasta los millones deseguidores entregados. Hemos tenido la oportunidad de ver llorar a monarcas por adversidades familiares o institucionales, a dirigentes políticos del más alto nivel por un fracaso, atentado o desaparición de una persona emblemática, a ciudadanos corrientes por la pérdida de un líder carismático, un familiar, o por un fracaso electoral alineado con su pensamiento. Pero, ahora, quienes lloran, despiadada e inconsolablemente, son las guitarras, pero las mejores guitarras del mundo y las de más categoría, especialmente su negra e inseparable «Lucille», porque se ha marchado el virtuoso, el omnipresente, el entregado, el incansable, el inimitable, el compositor de lujo, el que improvisaba como si de tomar un vaso de agua se tratara, el de manos prodigiosas, el de sentimiento musical profundo, el que nunca sabremos si cantaba mejor que tocaba la guitarra o al revés, el eterno, el inolvidable, el inconformista y el que nunca quiso fomentar el duelo de guitarras, pero al que retaron en muchas ocasiones, no sabemos por qué, ya que su éxito estaba, además de asegurado, plenamente garantizado, porque tenía como dedo pulgar de su mano derecha a Messi, como índice a Ronaldo, como corazón a Pelé, como anular a Ribéry y como meñique a Neymar, guardando en su mano izquierda a otros monstruos o «goleadores», de igual o superior nivel, con los que batió siempre a quien intentó colocársele de «portero musical», pues sus exhibiciones con la seis curdas eran, más que un «penalti», un verdadero e imparable obús.
Mágico en destreza, respetado y codiciado mundialmente.- Riley Ben King (16-09-1925, Itta Bena-Leflore-Misisipi-Estados unidos/14-05-2015, Las Vegas-Nevada-Estados Unidos), siempre ha sido conocido en el mundo artístico como B.B. King, excelentemúsico, extraordinario cantantee inmejorable compositor que otorgó lujo y categoría a sus Estados Unidos natal con susmúltiples trabajos, degran nivel de calidad, creativa e interpretativa, que se cuentan por más demedio centenar de discos de larga duración a lo largo de su dilatada y siempre brillante carrera.Ha sido su abogado el que ha informado de su muerte a «Los Angeles Times», «de una forma tranquila y mientras dormía», ha declaro el letrado. Por otro lado y según «Europa Press», el virtuoso guitarrista se había sometido, en los últimos meses, a diversosingresos hospitalarios, como consecuencia de recientes complicaciones derivadas de la diabetes que sufría. Ya, en Octubre del pasado año 2014, muy en contra de su voluntad, se sintió obligado a cancelar los que eran los últimos conciertos de su gira. Antes de ello, ya tuvo que interrumpir el recital que estaba ofreciendo en Chicago, debido a un problema de cansancio y deshidratación. Con el inconfundible e inolvidable sonido de su guitarra de siempre (¿enqué manos caerá,ahora, el incansable instrumento?), se convirtió en uno delos artistas más influyentes del blues y maestro venerado de otros «grandes» del género. Y, tras esta semblanza, salida del corazón y de los sentimientos del humilde seguidor, vamos a hacer una reseña telegráfica de otros muchos detalles del músico antes de que el espacio nos deje «tirados». Así, diremos que se ganó el apodo cariñoso de «El rey del blues», además de «uno de lostres reyes (kings) de la guitarra blues», al lado de Albert King y Freddie King. E introdujo la magia de los «solos» amparados en cuerdas ágiles al servicio del «blues eléctrico». La prestigiosa revista «Rolling Stone» le otorgó el puesto número seis de la lista de los cien guitarristas más destacados de toda la historia, amén de figurar en otra lista, la que confecciona la prestigiosa Gibson, lamarca oficial de su guitarra, bajo el título de «Top 50 guitarists of all time», en la que ocupa la decimoséptima posición. Por añadidura, en 1987, tuvo hueco en el singular «Salón de la fama del rock and roll». Y, en 1970, «The Beatles» tuvieron la deferencia y atención demencionarle en su canción denominada «Dig it», de su último álbum como banda, el titulado «Let it be». Todo eso, unido al lenguaje musical que creó este verdadero arquitecto de lospentagramas del blues y artífice delamemoria de este género musical.Llegó al mundo en el seno de una familia muy pobrecita que tenía por «mansión» una minúscula cabaña localizada en un pequeño poblado de Misisipi. Comenzó, recolectando algodón, en Lexington, en una diminuta granja. Luego, al inicio delos años ’40, hizo lo propio en Indianola. Se trasladó a Memphis, en 1946, lugar en el que muy poquito después vería la luz como artista (como persona la obtuvo en 1935) el mismísimo Elvis Presley. Y, allí, King protagonizó mestizajes entre el sonido rural del campo (el siempre valioso y agradable «country») y la eléctrica y triunfante vitalidad del sonido de ese blues por elque apostó en todo momento. Y surgieron canciones encuadradas en el menos convencional blues como «Sugar mama», «I’ve got a right tolove my baby», «Gotta find my baby», «Please love me», «Three o’clock blues» u otras más tradicionales como «When love comes to town» (con la banda irlandesa U2), «The thrill is gone» o el álbum con el que, en 2009, recibió su decimoquinto «Grammy» y que no era otro que el titulado «One kind favor», premio que logró, una vez más, el hijo del aparcero Albert y Nora Ella King, quien no tardóen advertir que nadie iba a venir a «sacarle las castañas del fuego», ni a él, ni a su familia.

Padre de 15 hijos y abuelo de medio centenar de nietos.-

Se relacionó con muchos grupos y solistas quequerían tocar con él, pero, en su caso, lo hizo siempre desdela humildad más profunda, con ánimo de promocionar el blues y haciendo lo que realmente le gustaba: tocar la guitarra y cantar. En la crónica de Ben E. King, hace un par de semanas, ya comentábamos quele habíamos vistoen directo en varias ocasiones, dos de ellas junto a Raimundo Amador, quientambién tiene guitarra «bautizada», en este caso con el nombre de «Gerundina». ¿Diferencias?. Además de los34 años de edad que lesseparan, King toca laguitarra como quien se come un caramelo, mientras que a Amador,sin dejar de ser un fenómeno, siempre le hemos visto las venas hinchadas en sucuello cuando ha querido igualarse, sin poder conseguirlo nunca, a su extraordinario amigo americano. Raimundo se había convertido en uno más delafamilia para King, el intérprete decolor que siempre «vivió de pie», pero que, por su avanzada edad, unas veces, tocaba en posición vertical y, otras, sentado. Quizás, la inquebrantable amistad con Raimundo Amador se hizo fecunda porque el americano era padre de 15 hijos y abuelo de medio centenar denietos.Y, esas connotacionesfamiliares, para los gitanos andaluces, como es nuestro guitarrista, cobran una especial y muy profunda importancia. Recordaba el flamenco, en 2011, en un medio de comunicación, que «el año pasado (por 2010) fui a verle y lo primero que hizo fue preguntarme por mi hija, que la sacaba al escenario cuando era pequeña. Le dije al traductor que le informara de que se había casado y que está embarazada. Entonces, se quedó prendado. Luego, me preguntó si me había traído la guitarra». Por eso, sin duda, el dúo que formaban, tan asiduamente, era un lujo que invadíala escena y que, ahora, ya no podrá repetirse. Adiós B. B. King, adiós maestro, hasta siempre artista… Buenos días.

Pedro Antonio Hurtado García es Director de Zona de CAJAMURCIA-BMN en el Noroeste murciano