FRANCISCO SANDOVAL

No es la primera vez que me refiero a la Casa de la Encomienda caravaqueña en este medio. De hecho, mi primer artículo, en agosto de 2015, versa sobre la historia de este edificio y los posibles criterios de restauración a raíz de un trabajo de investigación que llevé a cabo en launiversidad. En aquel artículo titulado “Una mirada a la arquitectura del pasado” exponía mis hipótesis de cómo pudo haber sido la evolución del inmueble basándome en las visitas de la Orden de Santiago. En particular, en las descripciones de dichas visitas se menciona en 1804 que existía en primera planta un hueco central con balcón y a los lados otros huecos con rejas. Deduje de esta descripción que por existir rejas en los huecos no existirían los actuales balcones, sin embargo, no tenía una prueba fehaciente… hasta hace apenas un mes.

Casa de la Encomienda, primer tercio siglo XX

Casa de la Encomienda, primer tercio siglo XX

Gracias a una imagen posteada en el grupo de Facebook “imágenes antiguas de Caravaca”, la cual se muestra acompañando a este artículo, se puede comprobar la apariencia de las fachadas de la calle Rafael Tejeo, probablemente hacia el primer tercio del siglo XX. En la foto se observan las torres de los jesuitas ya sin el chapitel que F. Fernández García documentó que poseían ambas en el siglo XIX (artículo que dedicó en este mismo periódico con el título “una foto con historia”).

En el margen derecho de la foto observamos la fachada de la Casa de la Encomienda. Podemos ver cómo en el primer piso lo que hay no es el actual balcón, abierto en los años 40 del pasado siglo, sino la ventana que hasta ahora para mí era solo una hipótesis. Por ello, podríamos convenir sin miedo a equivocarnos que la fachada de la Encomienda hasta hace unos setenta años solo poseía el balcón central sobre la portada. Los otros cinco huecos eran ventanas, lo cual parece lógico dado el antiguo uso del edificio que las mismas visitas de la Orden constatan.

Hay otro hecho interesante en la foto, y es que el zócalo no tiene la dimensión actual. Hoy día, un enfoscado de cemento se extiende por toda la planta baja de la Encomienda delimitado por unas molduras hasta una altura de 1,80 metros. Sin embargo, en esta foto se ve un zócalo de una altura similar al resto de edificios de la calle. Por ejemplo, la casa de Fuentes Blanc, la de Blanc y Pereira o la Casa de la Virgen son edificios que tienen un puñado de historia y todos ellos presentan un zócalo de piedra que no supera el metro de altura. En la imagen se aprecian otras viviendas con un zócalo también de esa misma dimensión, aunque revestido dada la menor calidad de sus materiales con respecto a los tres edificios antes mencionados.

Llegados a este punto nos podríamos plantear cómo se podría intervenir la fachada en su restauración a la luz de estos hechos. Parece interesante restituir el zócalo de la Encomienda a su dimensión original, ya que además estaría en consonancia con la altura de los basamentos de las columnas que flanquean la histórica puerta. Esto daría a la calle Rafael Tejeo una lectura unitaria de sus fachadas, de forma que toda la calle tenga una unidad estilística. Sin embargo, ¿devolvemos la primera planta a su estado original y eliminamos los balcones? Eso sería como eliminar un capítulo en la historia del edificio, el más reciente de hecho, pues su existencia se debe a un cambio de uso. Hay fotos de los años 60 y 70 en las que se ve una procesión y gente asomada a sus balcones. Se entiende así el balcón como la manifestación de nuestra cultura y tradiciones que asoma la vida personal al transcurrir de la vida pública.

Todo esto que con esfuerzo e ilusión vamos descubriendo los jóvenes investigadores no era un misterio para quienes lo vivieron en su época, pero lo interesante es poder rescatar estos pedazos de historia que, en este ámbito en concreto, se materializa en una arquitectura que dé testimonio a las generaciones actuales y venideras del acontecer del pasado.