Juan Fernández del Toro

Retazos de historia muleña

En esta ocasión traemos a «Retazos de historia muleña» una figura femenina que podríamos ubicar entre la realidad y la ficción. Se trata de doña Esperanza de Hita, una muleña que aparece en la novela histórica de Ginés Pérez de Hita «Historia de las Guerras Civiles de Granada». La visión romántica del mundo caballeresco medieval vivida en el siglo XVI, cuando Pérez de Hita escribió su libro (1595), demuestra la gran cantidad de ficción que recoge su novela, aunque contextualizándose con hechos históricos. Del mismo modo, en la obra aparecen muchos personajes que realmente existieron, como suponemos que otros muchos son de invención del autor. Así pues, se relatan las guerras internas vividas en la Granada medieval, pero envueltas en un halo de fantasía propia de las novelas de caballerías, introduciendo diálogos inventados que amenizan la lectura y la alejan del ensayo histórico. Por ese motivo, la obra de Ginés Pérez de Hita es considerada el origen de la novela histórica.

Si Esperanza de Hita fue un personaje real o inventado, lo desconocemos; aunque tendemos a pensar que se trataría de un personaje real que debió de sufrir los avatares que vamos a contar o similares, motivo por el que su nombre sería conocido en el Reino de Murcia y por el que el autor la menciona en diversas ocasiones. También cabe la posibilidad de que se tratase del nombre de alguna pariente cercana suya (no podemos pasar por alto la coincidencia en el apellido) y quiso utilizarlo en el relato inventando su historia. En cualquier caso, daremos a conocer los datos que de este personaje se recogen en la novela y dejamos al lector que juzgue sobre si existió o no.

Esperanza de Hita nació en Mula y, aunque desconocemos en qué fecha exacta, por los datos aportados en la novela, podemos estimar que fue hacia finales de la década de 1460. Nada sabemos sobre su infancia y adolescencia más que tenía cuatro hermanos varones. Junto a ellos y su padre partió hacia Lorca, en 1485, con el objetivo de desposarla con un lorquino.

En el trascurso de su viaje de Mula a Lorca fueron asaltados por una partida de moros procedentes de «Tirieza y Jaquena». En su defensa, los cristianos acabaron con la vida de dieciséis de sus asaltantes; mas todo ello fue en vano, pues el mayor número de rivales decantó la balanza en favor de los sarracenos, quienes mataron a los hermanos y el padre de Esperanza. Ella corrió distinta suerte, pues la hicieron prisionera y trasladada hasta Granada, donde se entregó como esclava a la reina mora. Desde ese momento Esperanza pasó a servir a la reina como una de sus criadas más cercanas.

Nuestra protagonista aparece referenciada en diversas ocasiones dentro de la novela, incluyendo diálogos y hasta unos versos que la propia Esperanza recita. Su presencia tiene lugar en el trascurso de la historia en que la reina mora es acusada de adulterio y debe limpiar su honra con los servicios de un caballero que luche en su nombre. Así pues, la primera mención a la muleña tiene lugar cuando la reina teme por su vida, creyendo imposible su salvación, y en ese contexto pide a sus criadas Celima y Esperanza que, una vez muerta, la entierren a escondidas en los antiguos sepulcros de los reyes y guarden por siempre el secreto. Además, llegado el caso de su muerte, concede a Esperanza la libertad y sus joyas para su casamiento, deseándole que despose con quien ella realmente quiera. La cristiana, en lugar de desear la muerte de la reina para ganar su libertad, le aconseja escribir a Juan Chacón, el yerno de Pedro Fajardo, adelantado Mayor del Reino de Murcia, para que aquel luche en su nombre. Y así es como, tras diversos avatares de la historia, el caballero cristiano, junto con otros, gano la honra de la sultana.

Tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos, la reina mora, hecha cristiana por voluntad propia y conocida entonces por Isabel de Granada, liberó a Esperanza de Hita, haciéndole entrega de «muchas y muy ricas joyas, y la envió a Mula, de donde era natural». Y así fue como, al cabo de siete años de cautiverio, la muleña volvió a su tierra y recuperó su libertad.

Nada más sabemos sobre ella, aunque su figura es recogida en 1848 por el doctor Serafín García Clemencín, director interino de los Baños de Mula, en un memorial sobre las aguas termales. En su informe, el doctor trata sobre Esperanza de Hita como un personaje que realmente existió y alude a un retrato de ella conservado, por entonces, en la ermita de la Casa Hita, en Cajitán.

Con todo, sea real o ficticio el personaje de Esperanza de Hita, es un orgullo que a través de ella Mula quede representada en la obra considerada como el origen de la novela histórica, escrita siglos antes de que este género literario tuviera su gran auge.