JAIME PARRA

El profesor Antonio Viñao Fraga (departamento de Teoría e Historia de Comunicación de la Universidad de Murcia) impartirá en Caravaca de la Cruz una conferencia sobre las posibilidades y la necesidad de un pacto educativo en España. Será el 5 de febrero dentro de las jornadas educativas “Una educación para el siglo XXI: miradas desde las ciencias y las artes”.
El 12 de febrero un nuevo interrogante, esta vez será Salvador Martínez Pérez quien lo plantee: ¿por qué somos tan tontos con un cerebro tan listo?

JAIME PARRA

El profesor Antonio Viñao Fraga (departamento de Teoría e Historia de Comunicación de la Universidad de Murcia) impartirá en Caravaca de la Cruz una conferencia sobre las posibilidades y la necesidad de un pacto educativo en España. Será el 5 de febrero dentro de las jornadas educativas “Una educación para el siglo XXI: miradas desde las ciencias y las artes”.
El 12 de febrero un nuevo interrogante, esta vez será Salvador Martínez Pérez quien lo plantee: ¿por qué somos tan tontos con un cerebro tan listo?

Antonio Viñao Fraga– ¿Tiene más posibilidades de lograrse un pacto por la educación en la presente legislatura que en las anteriores?

-Pese a que el eslogan del pacto educativo figura en los programas electorales de la mayoría de los partidos políticos, nada indica, por el momento, que pueda alcanzarse en la actual legislatura. Y si se alcanza, será papel mojado en cuanto alguno de los firmantes pueda interpretarlo a su modo o simplemente modificarlo. Hay varias razones que avalan esta opinión. Una es la falsa, pero extendida creencia de que las leyes modifican la realidad; es decir, la irresistible seducción de las leyes para todo quien ocupe el ministerio de Educación y crea que legislando va a mejorar la calidad del sistema educativo. Otra es que la legislación actual fue aprobada sin consenso y con la clara oposición de la casi totalidad de los partidos políticos salvo, como es lógico, del que gobernaba. Y otra razón, por último, es el fracaso de los diversos intentos que han existido para alcanzar dicho pacto: Un fracaso que, en síntesis, se debe al conflicto ideológico existente entre dos modelos de sistema educativo de imposible conciliación: uno basado en el derecho a la educación, el principio de igualdad y el pluralismo intracentros, y otro en la libertad de enseñanza exclusivamente entendida como libertad de creación y elección de centro docente, y en el pluralismo intercentros. Uno, que considera la educación como un bien o derecho común o público, y otro que la considera como un bien o derecho privado. Al fondo, detrás del conflicto, agravándolo, subyace, en el caso español, la ya eterna cuestión religiosa.

– ¿Quiénes deberían participar en ese pacto educativo?
El pacto tiene tres frentes. Uno sería el pacto social entre los agentes o actores sociales implicados en el mundo de la educación (profesorado, madres y padres, alumnado, sindicatos, asociaciones representativas de los sectores público y privado, etc.). El pacto social por sí solo es insuficiente. Se alcanzó en la “Declaración conjunta” propiciada por la Fundación Encuentro en 1997, pero no obtuvo el respaldo del partido entonces gobernante, el Partido Popular. Precisa un doble pacto político, que solo pueden adoptar los partidos políticos, sobre, por un lado, la normativa básica en materia de educación y, por otro, el reparto territorial de competencias educativas entre los distintos poderes públicos: Estado, Comunidades Autónomas, Provincias y Ayuntamientos.

– ¿Qué problemas tiene la educación en España a causa de los vaivenes en política educativa?
Los principales problemas se plantean a los centros docentes, al profesorado, al alumnado, a las familias y a las editoriales de libros de texto. Cada reforma implica nuevos planes de estudio, cambios en los contenidos y en la metodología, superposición de unos planes con otros, desajustes curriculares, desencanto y hartazón, por no decir desánimo e incremento de la carga burocrática del profesorado, algo en lo que sí parece haber un pacto o acuerdo gobierne quien gobierne.
Desde una perspectiva más general, las reformas legislativas producen la impresión de que las cosas van a cambiar y, por tanto, a mejorar. De paso, ocultan la incapacidad para introducir cambios y mejoras a largo plazo, graduales, efectivas e independientes de los vaivenes políticos, así como globales ─es decir, insertas en mejoras del contexto social y cultural de las familias─ que son las únicas efectivas y posibles. En otras palabras, sirven para dar la impresión de que algo cambia, cuando nada cambia.

– ¿En países de nuestro entorno ha sido posible un pacto educativo?
Un pacto como tal, escrito y firmado, no suele existir. Por lo general, la educación siempre ha estado más o menos sujeta, en España y fuera de ella, a los cambios sociales, políticos y ministeriales. Hay épocas de cambios frecuentes y otras de una cierta tranquilidad legislativa. Todo depende de que haya, o no, acuerdos generales sobre la cuestión territorial ─un problema que no tienen países con un sistema político centralizado como Francia, o federal como Alemania o Suiza─, la ideológico-religiosa o la lingüística.
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