Pedro Antonio Hurtado García

Produce una enorme extrañeza que las iniciativas de nuestros representantes políticos se encaminen a propiciar un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) para cualquier empresa que se vea obligada a prescindir de sus trabajadores con motivo del pérfido coronavirus. Pero a ninguna de nuestras fuerzas políticas, quizás porque no les interese experimentarlo en carne propia, se le ocurre proponer un ERTE para los numerosos representantes que, ahora mismo, son prescindibles, por idéntica razón, en el Congreso de los Diputados, Senado, parlamentos autonómicos, empresas públicas y todos sus colaboradores, asesores y demás adláteres.

Serviría, sin duda, para lo que tanto se demanda a nuestros representantes, de uno y otro signo político, es decir para que prediquen con el ejemplo, pero, ¡¡¡claro!!!, “Una cosa es predicar, y otra dar trigo”, como reza el viejo y sabio refrán.

Es verdad que no es momento de criticar, entorpecer, poner palos en ninguna rueda, ni obstaculizar, porque, para valorar actitudes y comportamientos, seguro, habrá tiempo posteriormente, pero resulta que, esta iniciativa, o se pone en marcha ahora o ya no será posible cuando todo se restablezca que, ojalá, resulte ser pronto.

Imponer, cuando lo exigen las circunstancias y se hace razonadamente, está muy bien, pero también lo está el “imponerse” a uno mismo cuando, con ello, se ayuda y se ejemplariza. Y es difícil de creer que a tanta mente pensante no se le pueda ocurrir semejante y solidaria iniciativa. Sospechamos por qué.

No, no, no, que no, que no nos referimos a la iniciativa de subirse los sueldos. Eso lo saben hacer Vds. de maravilla, unos y otros. Y, además, poniéndose de acuerdo al momento y sin discusión de ningún tipo. Buenos días.