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Envejecer a la vez que nuestros familiares con discapacidad

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MYRIAM ESPALLARDO MARTÍNEZ

Hace pocos años, hablar del envejecimiento de las personas con discapacidad intelectual era algo inusual, ya que su esperanza de vida era muy corta. Pero por suerte, al igual que ha ocurrido en la población en general, la esperanza de vida ha aumentado significativamente, y se ha puesto de manifiesto las carencias existentes en cuanto a esta realidad.
Envejecer a la vez que nuestros familiares con discapacidadEl objetivo básico que debe tenerse en cuenta a la hora de abordar el envejecimiento es el de prevenir y ralentizar en la medida de lo posible el deterioro que se va a sufrir y potenciar al máximo las capacidades presentes en cada persona.

Excepto dos grupos, las personas con Síndrome de Down por razones genéticas y las personas gravemente afectadas, el colectivo general de personas con discapacidad intelectual va a envejecer a la misma velocidad y con características similares a la población en general.

Es fundamental que los familiares y el personal de atención directa estemos atentos a los cambios en el comportamiento de la persona con discapacidad que va envejeciendo puesto que puede ser una manifestación de dolor o de malestar físico propios de este proceso.

Las personas con discapacidad que envejecen, se encuentran dentro de un sistema familiar y social de cuidados que deben ir adaptándose a los cambios que van surgiendo. Es importante tratarles en función de su edad, respetando sus ritmos, sus gustos y sus elecciones.

Estos cambios junto a ciertas preocupaciones suelen llevar a que el núcleo familiar experimente una época de crisis:

– El envejecimiento de las P.D.I. coincide con el de los padres y en la mayoría de las ocasiones, estos también necesitan ayuda.
– El miedo a la muerte y a «no poder estar presentes» de los padres, les produce un sufrimiento enorme.
– Dónde y con quién van a vivir, se ocupará algún hermano o cómo se van a mantener económicamente son algunas de las dudas que les surgen a los padres.

Un área con gran potencial a trabajar para paliar el sufrimiento de los padres que ven cómo sus hijos envejecen a la vez que ellos, es el trabajo con los hermanos, quienes pueden participar en los procesos terapéuticos, educativos y socializadores.

También es importante afrontar con naturalidad el envejecimiento desde el presente, adaptando los cambios que van surgiendo. En este contexto es normal comenzar a plantearse cuestiones sobre el futuro, temas como la tutela futura, la residencia o el hogar en el que se vivirá,o cómo afrontarán la pérdida de los seres queridos.

Desde la perspectiva de intervención familiar y social, se debe orientar a las familias para que se planteen las siguientes cuestiones:

– Planificar el futuro legal de la persona: tutela, curatela, patrimonio protegido.
– Concretar cuál será el hogar o residencia en el que vivirá la persona con discapacidad intelectual en proceso de envejecimiento.
– Solicitar si no se ha hecho a otra edad, la valoración de dependencia y la derivación a los recursos correspondientes en función de la edad de la persona.
– Favorecer que la persona cuente con las ayudas técnicas y para la movilidad que pueda necesitar para el mantenimiento de su autonomía.

Creer en que las familias pueden desarrollar sus fortalezas y capacitarles para que afronten este periodo de una forma positiva junto a la labor de acompañamiento y asesoramiento, es fundamental para que afronten esta etapa sin miedos e intentando que no sea una fase traumática de la vida.

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