ANTONIO F. JIMÉNEZ

El cura y también cronista oficial de Bullas, don Juan Sánchez Pérez, celebrará sus bodas de oro sacerdotales el próximo 21 de septiembre. Hacemos un repaso de su vida que «ha estado marcada por el sufrimiento» pero sCon el Padre Fermín en su primera misaiempre superado por el halo de la esperanza.

Aquel monaguillo que se hizo cura y luego cronista era Juan Sánchez Pérez (1937) que desde bien niño, ya digo, se subió al altar para ayudar en la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Bullas. Esto hizo que estuviese siempre en relación con los sacerdotes y que empezara a germinar en el monaguillo el deseo de seguir la misión de sus curas. De niño ya se planteó una cuestión:

—Yo pensé que los frailes eran más tontos que los curas, y como yo no era listo, pues me quería ir de fraile.

Como para ir al seminario había que pagar las famosas mil pesetas al año, y en los frailes no, don Juan quiere irse a los frailes por su condición de familia pobre. «Pero mi madre me dijo que iban a hacer todo lo posible para que yo fuera al seminario, porque si me iba de fraile, perderían a un hijo». Cuando su madre le dijo lo del seminario, Juan se alegró mucho sobre todo porque tenía más relación con los sacerdotes diocesanos de la parroquia que con los frailes. «En aquellos años había un cura, don Manuel San Juan López, que nos preparó a los cinco seminaristas que había en Bullas para ir al seminario. Yo entro al seminario con 13 años y aún no es tiempo de plantearnos la vocación ni historias; esto fue poco a poco, en el proceso de la vida del seminario».   

Pero lo que más le castigó duramente fue la situación económica. Su padre y él salían por el mes de septiembre a recorrer las casas de los pudientes de Bullas para poder pagar los estudios. «Con los años me di cuenta de la vergüenza que esto supuso para mi padre, porque había la siguiente cuestión: si Dios te llamaba para sacerdote, Él haría que algún señor o señora saliesen en tu camino para costearte la carrera, y si esto no ocurría era porque el Señor no te llamaba. A mí todas estas cosas me hicieron sufrir mucho pero por encima de todo ha estado siempre la ilusión y la esperanza, porque había un planteamiento que me hice siempre: dónde yo podría ser más feliz; y pensé que sirviendo al Señor y a la Iglesia, entregándome a los demás, también manteniendo una relación espiritual con Dios y que, al mismo tiempo, yo pudiera realizarme. De modo que tuve claro, con los altos y bajos típicos, que quería ser sacerdote».  

—¿Y qué lecturas eran las que te iban iluminando la vocación?

Eran más de tipo espiritual, vidas de santos, etc. Pero en el seminario, sinceramente, no había mucho tiempo para leer porque los estudios eran duros y yo, que no era un lumbrera, tenía que hincar mucho los codos. No era un gran lector, porque me interesaba más estudiar.  

Ordenación Sacerdotal y la enfermedad

El Señor Obispo de la Diócesis de aquel entonces, Don Ramón Sanahuja y Marcé, ordenó sacerdote a Juan Sánchez Pérez el 21 de septiembre del año 1963 en la capilla del Seminario. «Fue un día maravilloso y me producía una gran emoción haber conseguido lo que quería; ten en cuenta que eran doce años de estudios». Pero un año antes de cantar misa, don Juan Sánchez tuvo problemas de salud que le afectarían ya para toda su vida. Fue en la procesión de octubre de las fiestas patronales de Bullas cuando a don Juan le sobrevino un vértigo, una inestabilidad e inseguridad como de estar mareado. «Los superiores del Seminario se llegaron a plantear si me ordenaban sacerdote o no, pero hablaron con un médico que me fue tratando y les dijo que no había ningún problema para ordenarme cura».  Con los años, ese vértigo le ha hecho estar varias años en cama, ya siendo cura, y esto le produjo a Juan un gran sufrimiento. Y también la experiencia de una crisis de fe.

—Yo me preguntaba: si Dios es amor, ¿por qué me tiene así? Cuatro años de monaguillo, doce de seminarista y tantos años de cura…jolines, Señor, ¿es que no he te dado bastante para que me tengas aquí postrado? Eran las preguntas que uno se hacía como humano.

—Claro

—Ten cuidado luego con lo que pones aquí porque todas esta cosas pueden revolucionar un poco.

—Citaré literalmente.

—Te digo esto con toda la confianza porque soy muy sincero, por eso muchas veces no debería hablar tanto…

Primera misa y primeros destinos

«Era muy emocionante la celebración de la primera misa porque ahí eras tú el protagonista; era un día de mucha ilusión, donde toda la familia y el pueblo se volcaban contigo para ayudarte. En mi primera misa, por si te interesa, me predicó el Padre Fermín».  

—¿Y recuerdas alguna frase o palabras especiales del Padre Fermín?

—No recuerdo nada; tengo que decirte que tengo muy mala memoria. Gracias a que conservo alguna fotografía… Pero recordar, nada.

—Y primer destino: Mula.

—Me comí el pueblo, me entregué totalmente y revolucionamos la juventud; a mí me encanta la juventud.

 

Don Juan tiene un buen recuerdo de Mula pero su salud se deterioraba. A los cuatro años pidió traslado y lo llevaron a La Unión, donde también estuvo cuatro años. Aprovechó para sacarse el título de Graduado Social en el Seminario de Cartagena que finalizó con la tesina “Desarrollo Social y Económico de la Villa de Bullas”. Llegó a dar clases en Cehegín y en La Unión y su primera pregunta siempre que entraban el primer día al aula era: ¿Hay alguien aquí que tenga problemas económicos? «Ese era mi primer saludo, no podía consentir que mis alumnos sufrieran lo que yo sufrí en el Seminario, y esto me produjo una sensibilidad». A veces le costaba a él el dinero, pero cuando el número rebasaba sus posibilidades, lo hablaba con la dirección.  

En La Unión empeoró aún más hasta que el obispo de entonces, don Javier Azagra, consultó con especialistas y le dijo a don Juan:

—Mire, Juan. Han pensado que lo mejor es que te vayas únicamente a un pueblo, el que tú mismo elijas.

—La Copa de Bullas.

Don Juan no lo pensó mucho. «La Copa de Bullas, que no tenía sacerdote y estaba al lado de mi pueblo, era el mejor destino. Fue un estimulante, empecé a mejorar, revolucioné un poco el ambiente con misas de jóvenes, niños, etc.». En La Copa le pilló la muerte de Franco. «Cuando escuché por la radio que había muerto el caudillo, no se me ocurre otra cosa que tocar las campanas».  Dice que cuando murió Franco se empezó a dar cuenta de lo que pasaba en España. «Yo no sabía lo que eran derechas ni izquierdas; nunca se había hablado de eso en mi casa». Don Juan, por sus estudios de Graduado Social, tenía conocimientos sobre la sociedad, las empresas, los obreros, los salarios. «Esto hace que de alguna forma yo tenga cierto conocimiento, no político, sino social. En La Copa me dejaba llevar un poco por el gemir de los obreros, por el sufrimiento de tantas horas de trabajo. Iba captando todo eso pero basándome en lo que había estudiado y, al final, claro, repercutía en mis homilías».

 

Anécdota Carrero Blanco

«Cuando muere Carrero Blanco en diciembre de 1973 decido hacer una misa por su alma».   Pero algo dijo en el Padrenuestro que hizo que pocos días después se encontrara a un señor esperándole en la sacristía. «Quería hablar conmigo a solas». El señor misterioso le preguntó:

—Qué fue lo que dijo usted el día de la misa por Carrero Blanco.

—Mire, tengo el defecto de que no escribo las homilías. ¿Quién es usted?

—Vengo de parte del Gobernador Civil, y estoy aquí para que usted me dé una explicación.

—Pero es que no recuerdo qué dije.

—¿No defendió usted a los asesinos de Carrero Blanco?

Don Juan se quedó un momento parado. Pero enseguida le respondió que ese día en la misa, cuando llegó el momento del Padrenuestro, pidió por los de la ETA, para que no volvieran a cometer más asesinatos. «Yo no estaba defendiendo a la ETA porque pidiera desde el altar por su conversión y para que no derramaran más sangre».

—¿Y qué paso al final con el que venía de parte del Gobernador Civil?

—Al final terminamos tomándonos unas cerveza en el bar, pero él venía con una orden de llevarme a la cárcel. Vio mi inocencia y que yo no era precisamente una persona politizada.

Era la época en la que la Guardia Civil tenía una orden de escuchar las homilías de los párrocos, sobre todo de los más sospechosos, «y como la Guardia Civil no tenía la preparación adecuada pues cometía errores como el de mi caso. De todos modos, yo estaba aquí en Bullas considerado como un cura sospechoso comunista, cuando yo no tenía ni idea de qué era un comunista  o un socialista, ni la tengo ahora tampoco mucho porque no me interesa. Yo no he sido amigo de revolucionarios, sólo intento ayudar a la gente, tengo un compromiso social como sacerdote y como graduado social».

El año 96

Pero enseguida vino de nuevo la bajada, el vértigo, la enfermedad. «Mi vida ha estado siempre marcada por el sufrimiento.  Cuando noto que la parroquia va apagándose porque el motor, que es el sacerdote, está enfermo, decido que no puedo seguir». Fue en el año 1996 cuando don Juan dejó La Copa. «Le dije al Obispo que lo sentía mucho, que ya no podía más, que me iba a casa de mi  hermana para que me cuidara. Entonces, de alguna manera, empiezo a mejorar porque me quito la responsabilidad y los miedos. Y no es una manía, simplemente es que yo no me encuentro bien; es una enfermedad un poco rara: ahora estoy bien y dentro de 10 minutos puede que está mal, con vértigos y mareos. Es un continuo sufrimiento y yo no podía atender bien una parroquia». Llegó a decir la misa muchos años sentado, y cuando Juan Pablo II empezó también a decir las misas sentado, don Juan se dijo: «Anda que no llevo yo ya carrera». El 21 de septiembre tendrá que decir la misa.

—Ya tengo pánico. Necesito que alguien me coja, que esté pendiente de mí por si me entra el vértigo.

El cronista

 

«Yo no soy ni escritor ni historiador. Cuando estaba enfermo, en la cama, me planteaba qué iba a hacer cuando saliera de La Copa». Entonces fue cuando nació otra faceta de don Juan, la de cronista. «Empecé mis investigaciones y, con permiso del alcalde, me traían a casa los documentos, archivos, actas, etc., que yo necesitara». En 1997 publica su primer libro “La Copa de Bullas”. «Yo cogía mi grabadora y me iba a que me recitasen oraciones larguísimas y antiquísimas, a que me cantaran los auroros, y esto me fue animando y me di cuenta de que había mucha riqueza que no debería perderse porque yo siempre he pensado que en los cementerios hay mucha cultura enterrada que no se va a poder recuperar nunca». Por esa razón escribe también en 1997 “Devocionario de La Copa de Bullas”, que imprime de su ordenador para sus feligreses.

 

Los títulos de sus libros están más relacionados con personas que con otra cosa. «Yo hablo de un cura misionero, un cura mártir que mataron en la guerra, una monja de clausura que muere en honor de santidad. Hay que sacar aquellas personas que se distinguieron en su época para que ni el tiempo ni el polvo los borre para siempre». La pluma, aunque él diga que no, le hace lograr a veces frases que llegan. Pero si él dice que no, que no es un escritor, diremos más bien que don Juan es un rescatador de historias, de culturas y personas en peligro de extinción. En 2001, con motivo de su investidura como Cronista Oficial de la Villa de Bullas, publica “Oracional de mi Aldea. Tradición oral”.

Le gusta la música clásica, sobre todo Beethoven, y en el 2002, con motivo del homenaje póstumo a don José Sanchis Bosch, maestro de la Música de Bullas, don Juan presentó su libro titulado “Historia de la Música, Bullas y La Copa”. Un año después, el 5 de diciembre de 2003, fue galardonado por este periódico. También se maneja con la cámara y publica en 2004 “Crónicas de mi Cámara, La Copa y el Arroyo Hurtado”, una recopilación de más de 900 fotografías. En 2007 publica “Árbol genealógico de los García-Pascual de Bullas”.

—¿Y qué estás escribiendo ahora?

—Ahora escribo mi autobiografía, llevaré unas cincuenta páginas; la escribo sobre todo porque pienso que contando mi experiencia vivida desde la pobreza, algo podré decir que sirva para generaciones posteriores.

Me vuelve a decir que tiene pánico a que llegue el día 21 cuando celebre la misa de sus bodas de oro como sacerdote. «Yo soy sacerdote a todos los efectos. Y sigo viviendo y sintiendo aquella frase que presidió mis bodas de plata: Señor, a pesar de todo, aún estoy aquí intentando ser instrumento de tu paz». Y que así sea. 

 

PROGRAMACIÓN DE LAS BODAS DE ORO COMO SACERDORTE DE D. JUAN SÁNCHEZ

Los vecinos de Bullas y La Copa han organizado una jornada dedicada al cura y cronista oficial de Bullas, Don Juan Sánchez, con motivo de sus 50 años ejerciendo como sacerdote o sus bodas de oro en el sacerdocio. Por tal motivo, en septiembre se llevaran a cabo diferentes actos:

– Exposición de Fotografía en la Casa de Cultura de Bullas, del 11 al 22 de septiembre: Inauguración: miércoles 11, 20:30 h.

– Santa Misa en la Parroquia de Ntra. Sra. del Rosario de Bullas, el día 21 de Septiembre a las 13 horas.

– Comida en el “Restaurante Castillico” de Bullas, el día 21 de Septiembre a las 15 horas. (Menú 25 €uros). Para la comida es preciso saber el número exacto de personas que participarán. Si desea asistir, ingrese su importe, antes del DIEZ de Septiembre, en la cta./cte. nº 0487 0025 91 2007002317 de CAJA-MURCIA (BMN), indicando su nombre y apellidos. Si Vd. no va a la misma, pero desea colaborar económicamente en la compra de los regalos que se le harán, haga el ingreso que estime conveniente en la cta/cte antes citada, indicando su nombre y la palabra “obsequio”.