JUAN DAVID SÁNCHEZ

Decía Ausubel, pedagogo estadunidense, en 1983: “si tuviese que reducir toda la psicología educativa a un solo principio, enunciaría este: El factor más importante que influye en el aprendizaje es lo que el alumno ya sabe. Averígüese esto y enséñese consecuentemente”. Con esta afirmación se reiteró que el proceso de aprendizaje no solo es cosa del alumno/a, sino que debe implicarse otro factor importante: el profesor  y el método de enseñanza. Aquí es donde el aprendizaje significativo parte del conocimiento previo del alumno/a, lo potencia y donde inserta la nueva información. Estas nuevas ideas tienen que funcionar de “anclaje” con las ideas previas, de manera sustancial. Solo de esta manera, el aprendizaje será verdaderamente significativo.

La educación de hoy en día, y sobre todo en las Ciencias Sociales, exige la introducción de nuevos métodos de enseñanza, en donde el alumnado en general sea más participativo, receptivo y práctico. Estos nuevos modelos de enseñanza llevan consigo la utilización de materiales y recursos educativos que sean eficaces tanto para el docente como para el alumnado, pero sobre todo para éste último, donde el conocimiento debe perecer de manera continua.

Las Ciencias Sociales han sido objeto de debate en los últimos años. Para muchos, existe una dualidad entre “disciplina” y “ciencia”. Para autores como Prats, se establece el término de ciencia desde el momento en que son investigadas y se aplica un método científico. Según este mismo autor, el carácter científico lo otorga el método, no el resultado. En este mismo orden de ideas, la didáctica de las Ciencias Sociales puede ser considerada como un saber científico (ya que recibe aportaciones de otras ciencias sociales) de carácter tecnológico (apoyada en modelos y diseños rigurosos), al que se une un hacer técnico (que se nutre de normas y reglas). Dentro de las Ciencias Sociales, se halla la enseñanza de la Historia. Enseñar Historia puede resultar un tanto costoso si hablamos desde el punto de vista didáctico, es decir, enseñar a pensar históricamente, y eso es un problema que ya a finales de los años setenta se planteó en España. La dificultad de compresión y de asimilación de conceptos por parte de los alumnos en edades tempranas es un hecho que todavía sigue vigente. Por este motivo, es necesario que el alumno adquiera esta capacidad de pensamiento histórico, para que la Historia no sea una verdad acabada, o unas fechas y conceptos que deben perecer en la memoria.

Para Joan Santacana, profesor en la Universidad de Barcelona, lo que realmente importa es que los alumnos comprendan como podemos conseguir saber lo que pasó y que lo expliquemos con la propia explicación de un hecho del pasado, en donde el contenido está en constante búsqueda, selección, interpretación, comprobación, etc. Hablamos pues, de fomentar los contenidos procedimentales en favor de los conceptuales.

En la actualidad, el modelo que se propone es el modelo constructivista que propugna este aprendizaje significativo a través de una actividad de reciprocidad  entre alumno/profesor, es decir, mediante el diálogo en clase, el debate y la oportunidad de que sean los propios alumnos los que razonen y formulen las ideas certeras. Ahora el profesor aparece como guía para el alumno/a, una ayuda que da estrategias, técnicas y facilita el camino hacia el aprendizaje de sus alumnos/as, pretendiendo que interaccionen sus conocimientos uniendo la información que ya sabían, dando pues y en definitiva, importancia a otros aspectos que no son solos los conceptuales a la hora de evaluar .