CARLOS MARTÍNEZ SOLER

Tal vez soy un osado al escribir lo siguiente, pero estoy casi seguro que todos en algún momento hemos padecido esta enfermad: el amor. Ese malestar que en ocasiones nos hace enormemente felices, que pinta todo de color de rosas, pero que en otras nos convierte en despojos humanos, en la peor versión de nosotros mismos, esa en la que parece que el mundo se desmorona a tu alrededor, siendo tú un turista accidental esperando su funesto final. Es lo que tiene el amor, saca lo mejor y lo peor de nosotros.


Lovesick serie original de Netflix trata del amor, pero para ello parte de una premisa original a la par que divertida, ¿qué harías tú si te detectasen clamidia? Esta enfermedad, la real, es la que utilizarán de excusa sus creadores para contarnos las andanzas amorosas de su protagonista, el cual se debate entre si confesar o no a sus conquistas su nuevo estado. Por medio de flashback contemplaremos a Dylan, un joven inocente, que cree como nadie en el amor, pero al que éste le ha dado la espalda, pese a su mala suerte, es un conquistador nato y más de una mujer ha caído en sus redes. Mientras él busca desesperadamente el amor, ellas ven en su figura a la representación del novio perfecto: romántico, educado, detallista….; pero al que le falta mala baba, esa chispa que haga derribar los muros de la pasión, por lo que cada conquista va seguida de la segunda enfermedad, esta vez la emocional, el desamor, patología de la que Dylan jamás se ha curado, pues lleva en secreto el amor que profesa hacia su mejor amiga: Evie.
Lovesick es una sitcom atípica, se mueve dentro de sus estándares, 23-25 min, pocos personajes, etc., pero renuncia a muchas de sus claves, risas enlatadas, espacios limitados, etc., es decir, tiene lo mejor de los dos mundos. Su humor inglés, inocente por momentos, pero negrísimo en muchos otros, junto con sus atractivos secundarios, en especial Luke, un mejor amigo del prota de manual (mujeriego, chulo, inmaduro, bebedor….), hacen de esta serie un producto disfrutable, de esos que te sacan una sonrisa en todo momento, en definitiva, una obra por la que merece la pena enfermar.