PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

FOTOGRAFÍAS: PEDRO SÁEZ

Antonio Lizana Sexteto e invitados.-Comenzó con “La semilla” para continuar con “Fronteras”, poniendo de manifiesto que sus canciones gozan de contenidos profundos y valiosos, además de interpretarlas con sentimiento flamenco y muy andaluz, al tiempo que arrancaba del saxo notas cadenciosas, agradables y concebidas con la maestría de un joven aventajado que ya camina en figura desde hace tiempo. Presenta a la formación con sus orígenes o procedencias y llegamos al bajista, Jesús Caparrós, joven bullense, de nuestro murciano Noroeste, que sabe muy bien lo que lleva entre manos y que maneja la guitarra de cuatro cuerdas con sensibilidad, dominio, destreza y, para la concurrencia, orgullo de murcianía. Su primer invitado, Miron Rafajlovic, trompetista, de Bosnia Herzegovina, demuestra ser un auténtico mago del instrumento, poniendo la guinda en el pastel de la sensibilidad musical. Luego, Adriano Lozano, guitarrista flamenco y todo un maestro como le calificó el propio Lizana para presentarle.

Con todos sobre el escenario, no cabía esperar más que lo que se produjo: fusión de jazz instrumental, canciones con duende, cuadro flamenco y espectáculo de altura. El inicio de los “bises” fue una magistral oportunidad para María la Mónica, cantante de poderío, que interpretó una particular y bien estructurado versión de “Volando voy”, composición de Kiko Veneno que popularizara el inolvidable Camarón de la Isla. La artista dedicó la canción “a los maestros gaditanos”. Lizana estuvo como un jabato en todos los sentidos, descalzo sobre el escenario, cantando de maravilla, sensacional instrumentista y cercano y entrañable cuando anunció que su madre estaba entre el público y que, seguro, estaría escondiendo la cabeza, pero la señora, muy alegre y orgullosa de su hijo, se puso de pie en la grada, saludó y recibió una complacida ovación. Espectáculo de alta dimensión. María la Mónica (cantante); Jesús Caparrós (bajo); Mawi de Cádiz (coros y baile); Daniel García Diego (piano) y Shayan Fathi (batería).

Kennedy Administration.-Para presentarle, aseguró Alberto Nieto que es una de las mejores bandas de soul del momento. El transcurso de la brillante actuación le concedió toda la razón. La vocalista, Kennedy, cantó sin micrófono, “despertando” al público para que coreara sus interpretaciones. Invitó a mantener los móviles en formato linterna, con movimiento pendular, y las gradas no tardaron más que segundos en poblarse del luminoso instrumento. El baterista fue el alma de la banda, sin desmerecer a nadie, por su contundente percutir de las pieles. Encandilaron con su versión jazzística del celebérrimo éxito de Roberta Flack titulado “Killing me softly with his song”. Actuación de autenticidad. Ondre J. Pivex (teclados); Dan Muniz (guitarra); Chelton Grey (bajo) y Nathaniel Townsley (batería).

 

Thierry Lang & David Linx Project.-Contaron con el invitado especial Sylvain Beuf, saxofonista, compositor y arreglista francés de jazz que ofreció una auténtica exhibición de lo que es dominar el metálico instrumento de viento en sus diferentes formatos. Un prodigioso maestro que nos deleitó a todos. Por añadidura, el belga David Linx, con su etiqueta como mejor cantante de jazz de Europa, algo de lo que no quedó ninguna duda en su poderosa voz, interpretando en español, entre otros idiomas, así como el suizo Thierry Lang, virtuoso del piano, compositor excelente y gran músico. Llenaron la escena con jazz de gran pureza, magnetismo, magia, precisión y conexión con el público. Brillante espectáculo. Daryl Hall (contrabajo) y Mario Gonzi (batería).

Cory Henry & The Funk Apostles.- El neoyorquino de color lo borda con el órgano “Hammond B3”, así como con cualquier teclado, como rey de esa disciplina, pero, además, canta de maravilla, con voz potente, se entrega, baila, se gana al público y dirige su banda con exquisito control. Así es Cory Henry, quien domina el jazz, se prodiga en el funk, proyecta rhythm and blues, glorifica el soul y bendice el góspel. Codeado con los más notables del mundo y con solamente 32 años, ha actuado junto a Bruce Springsteen, Kenny Garrett, The Roots, Michael McDonald y otros “grandes”. Llenó la pista desde la primera canción, generó “electricidad” en los esqueletos de los asistentes, convertidos en cuerpo de baile a trepidante ritmo, y propició el favorable contagio generalizado de toda la concurrencia. Espectáculo variado de géneros, dinamismo, fuerza e intensidad. Sencillamente diferente, divertido e irrepetible. Adam Agati (guitarra); Nicholas Senrad (teclados); Sharay Reed (bajo); Taron Lockett (batería); Cassondra James y Paula James (cantante y percusión de mano, ambas). 

Jazzmeia Horn.-Podemos hablar de prodigio de voz, perfecto control del micrófono y sus distancias, potencia de timbre, sensible administración del canto, maestría en la sincronización del acompañamiento musical, manejando las entradas con veteranía y soltura, artista con 28 años y sobrada experiencia, premios distinguidos, comparada con Betty Carter, Sarah Vaughan o Nancy Wilson. Su primer álbum, en 2017, titulado “A social call”, grabado en el respetado sello “Prestige”, mereció su primera nominación a los Grammy, en 2018. Conjuga simpatía y concentración escénica para entregarse en cuerpo (muy ligerito de peso por su extremada delgadez) y alma, ofreciendo un concierto de jazz muy depurado y acertadísimo. Atesora un envidiable presente y un ambicioso futuro, recordándonos, con su estilo y fuerza, a las más “grandes” del jazz. Magníficamente administrados sus altibajos de voz con muy controlados e intencionados gorgoritos “celestiales”, marcados cambios de ritmo y llenando el escenario con su presencia y gloria vocal. Realmente sensacional. Erwin Hall (saxo y flauta); Keith Brown (piano), Rashaan Carter (contrabajo) y Anwar Marshall (batería).

Bill Evans.-Sonido impactante, más rítmico, más animado y, en definitiva y como proclamaba nuestro vecino de la fila contigua, “un jazz más rockero”. Toda la banda magistral y precisa. Evans, anunciado como saxos y cantante, también se sentó al piano y, además, con manifiesta soltura y sensibilidad. Ya conoce San Javier, por lo que se sintió como en casa propia y fue magníficamente recibido y reiteradamente aplaudido, aunque demostró gustarle más su función de instrumentista que la de cantante, por lo menos a tenor de su dedicación temporal en cada terreno. Maestro, veterano, dominador y, por su gran sentido de la conexión con el público, capaz de darle cuantos giros resulten convenientes al espectáculo, como cuando derivó por un soul limpio, intenso, contundente y muy bien ejecutado. Un músico experimentado de mucha altura. Brilló, convenció y agradó, una vez. Simon Oslender (órgano Hammond B3 y piano); Gary Grainger (bajo eléctrico) y Wolfgang Haffner (batería). Buenos días.