JAIME PARRA

Esta Navidad no tendremos nueva novela de Luis Leante. Pero sí nueva obra. “’Se ofrece mezzosoprano para labores del hogar’ y otras dos piezas breves”, publicada por Murcia Libro, en la que el autor caravaqueño publica por primera vez teatro, género que para él no es novedoso como muestran las colaboraciones con Entrementes.

Moviéndose entre el humor, la desesperación, el fracaso y el absurdo, los personajes de estas obras nos invitan a viajar por zonas oscuras del ser humano que quedan aquí maravillosamente retratadas y que nos obligan a reflexionar sobre nosotros mismos. ¿Te animas a emprender ese viaje?

¿Cómo leemos teatro?

No hay que olvidar que el teatro es un género literario, aunque su fin es la representación. Sin el texto dramático, el teatro no podría existir. Incluso el teatro de imágenes necesita un guión. La improvisación pura no existe en el teatro, aunque a veces pueda parecerlo. La lectura del texto dramático exige leer con imaginación escénica. Es como asistir a una representación imaginaria en la que el lector se convierte en el director de la obra y en cada uno de los personajes. No es una lectura como en la novela o en la poesía. Interviene en mayor grado la imaginación y la creatividad del lector, que le aporta a la obra aquello que el texto en sí mismo no puede transmitir.

Cuando has asistido a alguna representación de tus obras, según la reacción del público o lo que te transmite la lectura de los actores, ¿modificas el texto?

No. Cuando se ha representado una obra mía, el texto ya estaba muy trabajado y fijado. Sin embargo, el director de una obra dramática tiene una relativa libertad para hacer cambios que hagan más comprensible lo que se trata de transmitir. Le aporta su propia visión con la dramaturgia. Nos sorprendería comprobar las transformaciones que sufren las obras en los escenarios respecto al texto original. El texto teatral es para mí inamovible, del mismo modo que uno no modifica las escenas de una novela en la segunda edición si recibe comentarios de los lectores sobre lo que les gusta más o menos. De ahí la importancia de fijar el texto dramático. Es una manera de trabajar sobre una base de la que cada propuesta de representación será única y diferente.

Personalmente, ¿qué te aporta el teatro que no lo haga la novela?

Son dos géneros complementarios. En el fondo está el deseo de contar historias, remover conciencias, hacer pensar, hacer pasar un buen rato, compartir, bucear en las miserias y grandezas del ser humano. Un pintor hace lo mismo con sus cuadros. Un músico persigue el mismo fin. La creación va más allá de los límites de los géneros literarios. En cualquier caso, la ventaja del texto dramático frente a la novela es la fuerza y la vida de las recreaciones. Si busco verosimilitud en lo que escribo, donde más la encuentro es en el teatro. Aristóteles hablaba en su “Poética” del teatro como un arte imitativo. Y eso es lo que más me interesa. No se trata de copiar la realidad, sino de imitarla para mostrarla diferente. En la novela es más fácil hacerlo, porque abundan los recursos e incluso las “trampas”. En el teatro no hay trampa ni cartón. Y si hay cartón, debe parecer piedra.

¿Hay algún nexo que una las obras que recoges en “Se ofrece…”?

Decía Juan Rulfo que en literatura solo existen tres temas: el amor, la vida y la muerte. En ese sentido, en cada una de las obras aparecen los tres temas, aunque en combinaciones diferentes. También la forma de abordarlos es distinta. En las tres subyace el tema de las relaciones humanas complejas. Unas veces se trata desde el punto de vista de las relaciones de desequilibrio, otras desde el deseo de inmortalidad y otras desde lo absurdo de algunos comportamientos.

Hay algunos paises que han recogido o se plantean que el teatro sea asignatura obligatoria en los colegios. ¿Qué te parece?

Hay muchas diferencias de unos países a otros. En países como Estados Unidos, Gran Bretaña o Australia, la enseñanza del teatro en las escuelas e institutos está contemplada como una asignatura más. Países como Alemania están haciendo progresos y metiéndolo en las aulas. En España estamos en un limbo extraño. Se habla mucho de la importancia de la música y el teatro en la enseñanza, pero se hace muy poco. Y eso a pesar de que en nuestro país las carreras musicales y de arte dramático son de las mejores de nuestro entorno. En mi opinión, estas dos asignaturas deberían aparecer en varios tramos de la enseñanza primaria y secundaria. Si bajamos al terreno práctico, que es lo que más parece interesar a los que “generan” los planes de enseñanza, el teatro ofrece herramientas a los alumnos que van a necesitar en su vida, además de despertar la sensibilidad y fomentar la cultura. El teatro podría ser un elemento transversal que en etapas tempranas podría ayudar a comprender materias como las Matemáticas o la Historia. Pero además de eso, fomenta las capacidades de expresión y comunicación, que son tan importantes y necesarias como las habilidades lingüísticas.

¿Por qué elegiste Murcia Libro para publicar estas tres piezas?

Por una serie de casualidades encadenadas. Conocía ya la Editorial MurciaLibro y a su editor, Fran Serrano, aunque sólo por correo electrónico. Hace unos meses se puso en contacto conmigo para invitarme a publicar en la editorial. No podía publicar novela, porque tengo compromisos con editoriales y contratos que cumplir. Pero después de decirle que no, le confesé el sueño de publicar teatro. Es algo que me ha acompañado desde que escribí las primeras obras a los veinte años. Y Francisco Serrano se “tiró a la piscina”, a pesar del riesgo que supone. Según las estadísticas, el teatro es el género que menos se lee. Incluso por debajo de la poesía, que está bajo mínimos alarmantes. Me emocionó su valentía y me embarqué en este proyecto que, ya de paso, servirá para abrir el camino a la colección Scenas de la editorial. Estos retos siempre me han fascinado.