Ana Maria Vacas Martinez-Blasco

La Iglesia estaba a oscuras, tIglesia de La Compañíaodavía no había encendido las luces, disfruto estando un rato en penumbra, con la tenue luz que se filtra a través de sus altas ventanas, se puede sentir esa sensación de frescor que sólo las antiguas edificaciones desprenden y ese silencio impenetrable, que sin duda me transporta a otro tiempo, a otra época. Sin querer empiezo a imaginar personajes, moviéndose por este espacio, por sus capillas, escucho sus rezos, sus conversaciones, como si de una novela se tratara y pienso qué hermoso testimonio  nos dejaron.

Estaba sola en la nave central de la Iglesia de la Compañía de Jesús, fundada por Santa Teresa, con la mirada podía abarcar todo lo que me rodeaba, absorta observaba las balconadas interiores, el coro, el presbiterio, cada una de sus capillas, su ornamentación y esa magnífica cúpula, majestuosa, impresionante…..ya no se hacen lugares así.

Realmente no me creo que haya tenido tanta suerte al poder disfrutar de esta Iglesia cuando era niña como espacio de risas y juegos; y ahora en la plenitud de mi vida me encuentre de nuevo disfrutando de ella de una manera diferente, entendiendo su sentido imperturbable a través de los años y en cierto modo compartiéndolo como centro de reunión de sus feligreses ahora culturales. Es para mi sola, puedo fotografiar cada uno de sus rincones, dejando que mi retina se pierda en cada uno de los mil detalles que la adornan, si algo sabían hacer nuestros ancestros, era idealizar el cielo en la tierra, espacio señorial, altivo, protector, acogedor, diáfano y sobre todo hermoso.

Que regalo más magnifico hicieron sus antiguos dueños al donar esta Iglesia al Ayuntamiento, que generosos fueron; en su lugar me hubiera costado la vida desprenderme de ella. Además de generosos, sabios, porque cada uno de los monumentos importantes de este pueblo, y este sin ninguna duda lo es, pertenecen a la gente que los ha querido siempre, por ello se ha convertido en el centro de admiración, no hay mejor sala para exponer nuestro bien cultural, nuestras raíces, nuestros caballos, nuestras imágenes.

Sólo me queda decir, que me siento orgullosa de poder vivir mi infancia cerca de esta Iglesia, y de exponer mi trabajo en ella.

Doy gracias a Diego por conseguir que haya sido posible, pidiendo al departamento de cultura, que defienda los inmuebles que nos dejaron, que tantos años han durado para que todos podamos disfrutarlos.