Paco Brotóns Yagüe
(Arqueólogo municipal de Caravaca de la Cruz)

Ante el artículo de opinión publicado por el Sr. Lucas Salcedo en el periódico de El Noroeste el pasado día 23 de octubre, tan falto de mesura como de veracidad, me veo en la obligación de dar cumplida respuesta al cúmulo de delitos de los que me acusa en este libelo. Me propongo hacerles notar las inexactitudes de este panfleto, nacido fuYacimiento de la Encarnaciónndamentalmente de una actitud tan soberbia, como desmedida e interesada, que le ha llevado a creerse el gran defensor del patrimonio cultural de nuestro municipio. Es evidente su absoluto menosprecio a las actuaciones y al trabajo que desde los años ochenta han desarrollado, y continúan desarrollando, las diferentes administraciones públicas y numerosos profesionales con una dedicación sincera a la investigación, protección y difusión de nuestro patrimonio cultural. Este Sr. olvida a propósito que aquellos a los que denigra cuentan con una cualificación, formación y experiencia de las que él carece por completo, y que trabajan incansablemente, sin ruido y sin pausa, sin manifestaciones altisonantes y egocéntricas. Da la sensación que el Sr. Lucas Salcedo se mueve por intereses espurios, pretendiendo hacer de su fingido interés por el patrimonio cultural un negocio para el que carece de competencia. Por lo demás, se muestra ante la sociedad local como un «Quijote», sin percatarse apenas de que no hay molinos contra los que luchar ni yo soy ningún gigante con el que acabar y así engrandecer sus hazañas.
Claro que, para ser tan «caballero», no duda en vilipendiarme con rotundas acusaciones de amiguismo, tráfico de influencias y hasta de cohecho. Con esto pretende, si no manipular a la opinión pública de Caravaca, si al menos introducir un factor de confusión, de irritabilidad, al faltar terminantemente a la verdad. La campaña de descredito contra determinados arqueólogos locales, contra algunas trabajadoras de la Agencia de Colocación y contra mí, se iniciaron este verano incluso antes de que las bases del proceso selectivo de personal para sendos proyectos Leader, destinados a la consercación y mejora del patrimonio rural, comenzasen a redactarse. Y han continuado sin cesar en las redes sociales y en la prensa local, donde no sólo ha cuestionado mi honestidad personal sino que ha ampliado sus insidias a todos aquellos con quienes me relaciono profesionalmente en el reducido ámbito de la arqueología y del patrimonio cultural en Caravaca de la Cruz, y contra todo lo que me ocupa.
Estas gravísimas acusaciones no pueden realizarse a la ligera y esperar que no tengan consecuencias. Porque no es cierto que yo haya hecho un traje a la medida de nadie, tampoco que haya influido a favor de personas concretas y mucho menos que, como funcionario público, en el ejercicio de mi profesión, haya aceptado «presuntamente» sobornos de nadie; ni ahora ni nunca. No cabe mayor sinrazón.
Como arqueólogo municipal he sido coautor de los proyectos del enfoque Leader que van a ejecutarse estos próximos nueve meses gracias a la financiación de los fondos FEDER –nada que ver con campos de trabajo-, y en los se ha exigido un rigor presupuestario máximo. De modo que a nadie le quepa duda que las obras previstas se ejecutarán de principio a fin, que cualquier gasto se ajustará a lo presupuestado y que quedará debidamente justificado. Así he obrado antes y así lo seguiré haciendo en todo proyecto municipal en el que yo deba intervenir por razones inherentes al puesto de trabajo que desempeño. Por lo demás, sus redacciones han sido mi única responsabilidad hasta el comienzo de los trabajos, sin que haya intervenido directamente en la fase de elaboración de las bases ni en la de selección de personal; fases de las que, por supuesto, he tenido conocimiento de sus desarrollos en todo momento.
El error legal en que se incurrió a la hora de puntuar la residencia en el municipio, y que fue inmediatamente subsanado, no puede ni debe empañar la totalidad del proceso ni la honestidad de quienes elaboraron unas bases sin el necesario asesoramiento. Por ello, no me cabe ninguna duda de que mis compañeras de la Agencia de Colocación, que no tenían interés personal alguno en la convocatoria -al contrario que el Sr. Lucas Salcedo dado que concurría su novia-, también establecieron los criterios más objetivos e imparciales en la fase de selección de los dos arqueólogos. Como criterios generales se establecieron los mismos que en toda administración pública, y que son aquellos de titulación, formación y experiencia; respecto a este último se valoró la experiencia laboral en la dirección de proyectos de excavación arqueológica en Caravaca de la Cruz, que debía quedar justificada con la concesión del pertinente permiso de excavaciones por parte de la Dirección General de Bienes Culturales y con el documento de la vida laboral. Como para cualquier puesto directivo de las empresas o de las administraciones públicas, la experiencia y la formación resultan determinantes. Y esa fue la razón por la que, para cubrir estos puestos de trabajo, no se tuvo en cuenta la situación laboral de desempleo como un «mérito añadido». Es más, hasta tal punto llega el desconocimiento del sistema de baremación por parte del Sr. Lucas Salcedo que considera, erróneamente, que valorar con treinta puntos la experiencia es un síntoma de manipulación cuando, en realidad, tratándose de unas carreras profesionales tan dilatadas como suelen tener los arqueólogos, baremar la formación y la experiencia con un número de puntos elevado permite discriminar las mejores carreras profesionales y académicas en procesos de selección de pública concurrencia, igualdad, mérito y publicidad; respecto a esto último, cabe también señalar que en las administraciones públicas el mes de agosto es un mes hábil a todos los efectos, circunstancia que parece desconocer el Sr. Lucas Salcedo cuando cuestiona la oportunidad de la convocatoria en estas fechas.
El resultado es que contamos con los dos arqueólogos con más experiencia laboral en trabajos de dirección de excavaciones arqueológicas en Caravaca de la Cruz, habiendo quedado lamentablemente sin opciones excelentes profesionales que han desarrollado sus carreras en otros lugares. Y tenemos también a los peones, auxiliares y maestros de obras más cualificados. Que nadie dude que los que están son los que merecen estar.
El Sr. Lucas Salcedo parece disponer de la varita mágica que va solucionar cualquier problema del patrimonio cultural en Caravaca de la Cruz. No sabe cuánto lo envidio. Ya quisiera yo resolver, con tanta seguridad, tan solo aquellas cuestiones que me competen como técnico municipal, pero no sé porqué tengo la sensación que un día concluiré mi carrera profesional y muchos problemas quedarán sin solución, y habrán surgido otros tantos que dejaré como triste legado. Quizá, solo quizá, es que sé de lo que hablo, a lo que me enfrento, y ni yo me engaño ni engaño a nadie. Quizá es que tengo la formación y la experiencia en el campo que me compete, años de brega con gestores políticos municipales y regionales de diversos colores y variados intereses, con investigadores de toda procedencia, con compañeros que entregan a menudo mucho más que su tiempo, con ciudadanos que sí tienen un sincero interés por su pasado. Pero sobre todo tengo una paciencia enorme para tratar de no desaprovechar el interés de unos y otros -también el mío propio- cuando se presentan oportunidades para el estudio y difusión del patrimonio cultural de Caravaca de la Cruz.
Y reconozco a todas luces que no soy un gigante, de manera que tampoco tengo razones para ahuyentarme por un quijote de humo. Mas el Sr. Lucas Salcedo, sin título ni formación ni experiencia con las que revestirse, persiste en su afán de enmendarnos la plana a todos y no ceja en sus vanaglorias. Pero, oiga, sea prevenido, porque como falso quijote desconoce que «la verdad adelgaza y no quiebra, y siempre nada sobre la mentira como el aceite sobre el agua».