JAIME PARRA

La crisis social y sanitaria provocada por la COVID-19 nos obliga a repensar el mundo. En esta entrevista el Catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Murcia, Emilio Martínez, responde a nuestras preguntas sobre qué mundo nos encontraremos y sobre qué ciudadanos son necesarios en el momento actual.

El Director del Departamento de Filosofía, Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia también nos advierte de otra amenaza para nuestra especie, orillada estos días por la pandemia: el cambio climático.

En estos momentos, ¿cuál es su principal inquietud como ciudadano?

La situación de las personas que están en apuros (personas maltratadas durante el confinamiento, familias sin ingresos, personas que viven en la calle, inmigrantes con miedo a ser detenidos o trabajando en condiciones infrahumanas y encima son vejados y odiados, etc.). Me preocupa que muchas empresas no sobrevivan y dejen a miles de personas sin empleo. España es un país turístico, y este año los turistas no van a venir. Me inquieta que vuelvan los recortes en sanidad y educación. Me inquieta que nuestros jóvenes sigan con empleos precarios o sin empleo. Estos son, en mi opinión, los problemas reales a los que deben responder nuestros políticos de todos los partidos, pero ellos parecen estar más pendientes de denigrar a los partidos rivales que de unirse para dar respuesta a esos problemas reales.

¿Qué ha ocurrido para que no fuéramos capaces de anticiparnos a este escenario? ¿nos habíamos creído invulnerables como sociedad? Ni nosotros ni ningún otro país se había preparado para un escenario como este. Hubo algunas alarmas con el sida y con el ébola, pero creíamos que todo estaba bajo control. Pero esta pandemia nos ha mostrado que nuestro sistema de vida, basado en la movilidad acelerada del dinero, las mercancías y las personas (por ese orden) es un sistema tan vulnerable como cualquier otro, porque si las personas enferman en masa, todo eso se desmorona y corremos el riesgo de la extinción como especie.

¿Qué efecto cree que tendrá, si se prolonga, el distanciamiento social en las personas?

El distanciamiento es físico, no social. Sería social si no pudiéramos comunicarnos. Pero la comunicación no ha cesado. El distanciamiento físico puede dar lugar a que cambiemos las costumbres del saludo y de evitar grandes concentraciones en la calle, estadios y demás. Tal vez adoptemos otras costumbres para saludarnos sin contacto físico y tendremos que mantener distancias en los eventos de gran concentración de personas.

¿Teme que nuestra libertad, nuestros derechos civiles, disminuyan por las medidas que se están tomando para combatir el virus?

En principio no temo tal cosa. Creo que todos estamos muy pendientes de que eso no ocurra. De hecho, entre los partidos políticos de la oposición hay una especie de competición para ver quién es el que más defiende la más pronta recuperación de la libertad de movimientos, de manifestación y demás libertades que han sido recortadas con motivo de la crisis sanitaria. No creo que a nuestros gobiernos (central, autonómicos, municipales) se les ocurra la idea de aprovechar esta crisis para recortar indefinidamente las libertades y derechos civiles. Sería un suicidio político. En todos los países se va regresando poco a poco a la normalidad con las nuevas reglas de distanciamiento físico y de llevar mascarillas.

¿Marcará el coronavirus un antes y un después en la historia del hombre?

No tanto como el cambio climático al que ya le estamos viendo las primeras manifestaciones alarmantes (inundaciones, sequías, calores abrasadores, etc.). Ahí sí que hay un antes y un después catastrófico. Lo del virus va a ser una broma comparado con los efectos más drásticos del cambio climático. Pero, de todos modos, en el corto plazo el coronavirus sí va a suponer un giro en la historia porque es la primera gran pandemia en muchos años (la más grave fue hace un siglo, con la mal llamada gripe española, que en realidad tuvo su origen en Francia). Va a haber un cambio en la economía, porque se están poniendo en tela de juicio algunos elementos de la forma de producir y consumir de antes de la pandemia. Por ejemplo, tal vez dejen de trasladarse a China muchas industrias que pueden ser estratégicas, como pueden ser las fábricas de productos farmacéuticos, sanitarios, etc., para asegurarnos en Europa una cierta autosuficiencia en el abastecimiento de este tipo de productos. Tal vez importen menos productos agrícolas de países lejanos para potenciar más la agricultura local. Tal vez se fomente un turismo más sostenible. Seguramente se consolidará la tendencia al teletrabajo. Probablemente se inicie un cierto abandono de la ciudad porque muchas personas que van a preferir vivir en el campo o en pueblos pequeños, siempre que haya buenas comunicaciones de internet y carretera. Está creciendo el sector del entretenimiento en línea, puesto que la gente va a pasar más tiempo en casa y habrá menos posibilidades de acudir a espectáculos en estadios, cines, teatros y demás. Puede ser que desaparezcan los grandes centros comerciales y crecerán las ventas por internet.

¿Qué conclusión debería sacar la Humanidad de esta pandemia?

La primera conclusión es que hay que prepararse bien para la próxima pandemia, porque seguro que habrá otras. La segunda es que debe haber ayudas para que familias en apuros y personas solas (especialmente mayores) puedan salir adelante. Tenemos que dejar de agredir a la naturaleza agotando los recursos, arrojando basuras, calentando el planeta y destruyendo el hábitat de los animales salvajes (la causa última de esta pandemia actual se explica porque estamos dejando a los animales salvajes sin espacios para ellos, y ese estrés les hace aumentar el número de virus de los que son portadores y que pueden pasar al ser humano. Véase https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2020-04-28/entrevista-fernando-valladares-coronavirus-vacuna_2569143/).

¿Qué tipo de ciudadanos necesita el momento actual?

Personas con mayor responsabilidad y compasión, más atentas a sus obligaciones que a sus derechos, más atentas a las consecuencias que tienen sus actos en el trato con los demás y también con el medio ambiente. Esta responsabilidad ha de ir acompañada por una mayor simpatía con respecto a las personas que lo están pasando peor. De esta manera, utilizando nuestras libertades responsablemente (inteligentemente) y con afecto a las personas, podemos hacer frente a las dificultades de hoy y de mañana.