GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

Floge, KlimtMe hace mucha gracia, supongo que a ellas ninguna, que todas las mujeres que deciden ser libres de cualquier atadura hacia los hombres, terminan siendo recordadas como “musas de” aquellos a los que no quisieron atarse. Eso le paso a Emilie, que ella solita hizo meritos para ser recordada pero termino siendo la musa de un pintor al que nunca quiso unirse.

Emilie Louise Flöge nació el 30 de agosto de 1874 en Viena. Hija de un fabricante de pipas de mar, Hermann Flöge, tenía un hermano y dos hermanas. El pintor entraría en la vida de Emilie a través de su hermana Helene, que se casaría con un hermano de este y tendrían una hija. Pero Helene queda viuda cuatro años después de su boda y Gustav se convierten el tutor y protector de su joven sobrina. Gustav ya no saldría de la vida de estas hermanas. Emilie empezó a trabajar como costurera, pero su imaginación desborda los arcaicos vestidos vieneses y diseña hermosas túnicas aún no aptas para todos los públicos.

Siempre con la ayuda de Gustav, que les diseña algún que otro vestido así como el logotipo de la nueva empresa, en 1904, las hermanas abren un salón de moda que resulta ser todo un éxito y se convierte en el centro de la moda vienesa: la Schwestern Flöge (Hermanas Flöge) Situada en la Mariahilfer Strasse, la tienda de las hermanas había sido diseñada por el arquitecto Josef Hoffmann. Se convierte así en una mujer de negocios muy relacionada con el mundo del arte y de la sociedad bohemia de la última Viena Imperial. Viaja a otros países y visita asiduamente a artistas, no solo de la moda, como Coco Chanel, Christian Dior o Rodier.

Pero para 1938 la llegada del Tercer Reich a Austria hace que las ricas clientas vienesas huyan por donde los alemanes entraron y las hermanas se ven obligadas a cerrar el taller que tanto trabajo les había costado mantener. Durante los bombardeos aliados en la Viena nazi, su apartamento en la Ungargasse fue destruido. En él guardaba Emilie parte de sus famosas túnicas modernistas y muchos de los cuadros y objetos que había heredado de Klimt, que para entonces ya había muerto y la había dejado a ella, y solo a ella, como heredera de todas sus cosas. Y fue solo a ella a la que llamo el artista en su lecho de muerte en enero de 1918.

Y es que la relación de ambos sigue siendo hasta hoy un misterio.

Quién sabe, amor eterno, amistad, pasión o solo cariño. La negativa de él a casarse o fue la de ella a perder su libertad. No sabemos. El caso es que fue la única mujer constante en la vida del pintor, con la que volvía cada verano a Attersee. Emilie era humana, libre, cariñosa y entendía perfectamente arte del pintor, dentro y fuera del estudio. Porque el artista repasaba a sus modelos no solo en el lienzo. Tras la muerte de Klimt hubo 14 demandas de pensiones alimenticias. Uno era hijo de Maria Ucicka, una lavandera de Praga que posó para él. Mizzi Zimmermann era madre de los otros dos. Oficialmente Emilie Flöge aparece únicamente en cuatro escasos cuadros del pintor. Uno de ellos es un retrato pintado en 1902 y presentado en la Exposición del movimiento creado por el propio Gustav y conocido como Secesión. En el lienzo, Emilie aparece con un vestido azul, adornado con elementos modernistas.
Otro es el cuadro más famoso de Klimt, El beso. 

Emilie volvería a Viena después de la guerra donde pasaría los últimos años de su vida. Moría el 26 de mayo de 1952 a los 77 años de edad. Soltera.