ANA MARÍA VACAS

Antes de saber lo que era un instrumento, Elvira ya estaba enamorada del dulce sonido que escuchaba, cuando su padre gran amante de la música clásica inundaba de ésta las estancias de su casa. Era una costumbre que desde niña formaba parte de su entorno familiar. Hacía poco que su hermano Manuel se había iniciado con el estudio del violín; ella lo escuchaba en casa asombrándose de que pudiera descifrar ese lenguaje desconocido y a su vez magnético, ya que   no podía dejar de mirar esas figuras en el papel. Cuando pudo definir el sonido que le fascinaba con nombre propio, supo que formaba parte del instrumento con el que soñaba con frecuencia, y que quería tocar, la flauta travesera. Desde ese instante sus padres pusieron todo su empeño en que recibiera clases en la Escuela de Música, sólo de la parte teórica ya que no había entonces profesora de esta especialidad. Su primer contacto con el instrumento lo realizo con Virginia Gironés Martínez, una profesora particular, que hoy día forma parte del Conservatorio de Murcia en esa especialidad. Deseosa de recibir dichas clases y acompañada en numerosas ocasiones por su abuelo, reconoce que era el momento esperado del día. Desde ese primer instante quedó atrapada irremediablemente en las redes de este maravilloso oficio, ser músico. En segundo de elemental su madre la inscribió en la Banda municipal para que se relacionará con otros músicos de su entorno, consiguiendo que su formación fuera de alguna manera avanzando con exigencia y compromiso, como todo lo que se propone. Estudio Grado Medio en esta especialidad en el Conservatorio de Murcia, al que tenía que asistir varios días a la semana, junto con su hermano y otros compañeros; recuerda con cariño esos viajes llenos de anécdotas y risas. Entiende que estudiar música aporta a la persona que la estudia una ventaja tangible en la vida, aplicada a distintos niveles y que afecta a todo en general, el trato, la creatividad, etc. Te dota de recursos para reconducir situaciones con una seguridad adquirida por esa reeducación musical como compartir con los demás, disciplina, orden, esfuerzo.

Elvira Montiel Guirado

Elvira Montiel Guirado

Tuvo la suerte de poder dar clases para prepararse las pruebas de acceso al superior, con la flautista de radiotelevisión española, Mónica Raga, persona muy cercana que le ayudó física y mentalmente para que su evolución fuera rápida y certera, consiguiendo con su instrumento un sonido limpio, puro y perfecto, que facilitó sin ningún problema su entrada en el Conservatorio Superior de Aragón (CSMA) en Zaragoza. El profesorado de dicho centro era internacional, muy dinámico, y disponía tanto de formación clásica como contemporánea, lo que supuso un aprendizaje continuo; terminando sus estudios con el trabajo Fin de Carrera sobre” Las Patologías típicas de los flautistas a nivel físico y mental “.

Los músicos generalmente tienen problemas musculares con frecuencia (doy fe de ello), debido a las numerosas tensiones que se van acumulado, precedidas de horas y horas de estudio. En el caso de Elvira no fue diferente, comenzó a plantearse una serie de ejercicios para intentar paliar las molestias. Esta preocupación la llevo a matricularse en Yoga, y después de unas pocas clases sintió que su cuerpo se aliviaba desapareciendo las tensiones, quedando impresionada por los resultados. El Yoga fue un descubrimiento que cambio absolutamente su vida; desde este momento se sumergió en este ámbito a nivel profesional. Comienza con un proyecto de investigación, que le hace darse cuenta de la escasa especialización sobre el Yoga aplicado a los profesionales de la música y decide implicarse, matriculándose en la Escuela Internacional de Yoga de Elche, consiguiendo la titulación de profesora de Hatha Yoga, y en el Centro Escuela de Yoga y Salud integral (CEYSI), monitora de relajación, desarrollo personal y gimnasia antiestrés. Comienza a aplicarlo de manera innovadora en Escuelas de Música y Conservatorios, obteniendo muy buenos resultados; su demanda creciente hizo que se planteara dedicarse parcialmente a su aplicación y enseñanza, sin dejar de lado la Flauta.

Elvira emana sensibilidad y paz, la conversión de la música como profesional y el yoga, que nos permite escuchar y aprender a canalizar las emociones, le hacen conseguir un equilibrio metal evidente en su rostro. Generosa en compartir con los demás la resolución de problemas derivados de bloqueos establecidos por tensiones físicas o emocionales, que merman sin ninguna duda la capacidad y fluidez de la energía positiva de la persona, se esfuerza por ayudar a los demás de la manera que mejor sabe, investigando sobre los beneficios de la práctica de Yoga en la salud de los músicos y por lo tanto la mejora en su calidad interpretativa, que está sobradamente probada.

Cree en la necesidad de la continua formación, aunque se salga de los estereotipos establecidos; no cree que tengamos que renunciar a nada, por cuestiones, de edad. Hay que intentar cumplir los sueños y seguir donde el corazón nos lleve, porque la vida ya se encarga de reconducirnos.

Estuvo trabajando en el Conservatorio de Caravaca “Leandro Martínez Romero” y varias Escuelas de música durante cuatro años, hasta que decide marchar a Heidelberg (Alemania), donde se presenta a un proyecto constituido por una Orquesta Collegium Musicum, en la que entra a formar parte como primera flauta y jefe de atril; allí continua dedicándose a la docencia, dando clase a numerosos alumnos en alemán, despertando así el interés por la enseñanza musical y aprendiendo mucho de esta experiencia.

Su formación en el ámbito musical no tiene límites, estudia con Tatjana Ruhland, Orquesta Sinfónica de la SWR ( Stuttgart-Alemania); Jaime Martín, Royal College of Music de Londres, Emily Beinon, Royal Concertgebouw Orchestra (Amsterdam); Álvaro Octavio Díaz, Orquesta de la Comunitat Valenciana, Conservatorio superior Musikene (San Sebastián); Javier Castiblanque Saelices, Conservatorio Profesional de Música de Granada; Robert Winn, Conservatorio Superior de Colonia (Alemania); Magdalena Martínez( Alicante); Vicents Prats, Orquesta de la Opera de París; Barbara Rosnitschek, profesora de Pedagogía musical Heidelberg (Alemania); Julia Gallego, Conservatorio del Liceo de Barcelona. Su impresionante curriculum tanto en formación como en interpretación como solista en distintos países, en la Orquesta Collegium Musicum o la Orquesta Sinfónica de Zaragoza actuando como primera Flauta, nos presenta el talento de esta flautista que cuando toca siente que desaparece, que su cuerpo se disuelve, se expande en el ambiente y sólo existe el sonido; es un ejemplo de interés y dominio de su profesión, pero a la vez su persona equilibrada y serena nos impregna de una sutil pero visible luz, que hace que a su lado, y después de intimar durante unas horas te sientas como en casa.