NATALIA MARTÍNEZ-ROMERO

Hola, me llamo Natalia y soy maestra de español en una escuela pública en Londres, donde vivo y trabajo desde hace 4 años. Después de este tiempo puedo decir que ya soy una londinense más.
Tras toda la semana pasada de pánico a nivel internacional por el declarado “ataque terrorista islámico”, a mí me gustaría poner un poco los puntos sobre las íes sobre la comunidad musulmana en esta ciudad. Me preocupa, o más bien me hace hervir la sangre, que se estigmatice a un colectivo por el acto de una sola persona, cuando lo único que comparten ambos es la religión, lo cual es absurdo. Esto se deriva del desconocimiento y del miedo.

La realidad en Londres no es niños británicos rubios tomándose el té de las 5 al lado del Big Ben. Eso es la postal de los turistas. Esta es una ciudad multicultural. Hay muchos musulmanes en Londres, más del 12% de la población lo es. O sea, más de 1 de cada 10 personas cree en el Islam. Yo vivo en un barrio mayoritariamente musulmán, compro en la tienda donde la tendera es musulmana, mis vecinos son musulmanes, y trabajo con musulmanes. Son parte de la comunidad londinense y están integrados tanto como yo lo estoy. Además, de los 700 niños que hay en mi colegio podría decir que el 80% son musulmanes, y esto es algo muy habitual en las escuelas públicas. Estos niños vienen de muchos países del mundo, tienen diferentes culturas y hablan lenguas diversas. Son compañeros y amigos de cristianos, sikhs, hindúes, ateos, budistas… y nunca jamás en el tiempo que llevo aquí he visto un brote de racismo o de discriminación de origen religioso. Madres con hiyab vienen a recoger a los niños, y no se diferencian de ninguna otra madre. Algunas de mis compañeras, gran parte de mis vecinos, el de la tienda donde compro cada día…Todos son musulmanes y todos personas respetuosas y humildes. Ellos, que nada tienen que ver con el agresor de Westminster, son las personas que representan a la comunidad musulmana en Londres, no ese individuo. Con esto hago un llamamiento: paren de culpabilizar a un grupo (y bien grande) de personas por los actos de un asesino tan sólo por el hecho de que compartan las mismas creencias religiosas. No es moral, ni de sentido común y es incluso estúpido juzgar algo que no se conoce y de lo que se tiene información imparcial.