Pedro Antonio Hurtado García

Imperiosa necesidad de crear un mundo más limpio, pero incidiendo sobre las facilidades que, para la mentalización colectiva, precisa el uso del automóvil eléctrico. Hoy, son más caros que los tradicionales, fundamentalmente por el coste de sus baterías de almacenamiento, determinantes en la autonomía de cada vehículo.

Se precisa activar valores concretos. De una parte, debe ser el Estado el que, en un inicio comercializador, favorezca las ventas mediante incentivos a los concesionarios, a los adquirentes o como se considere, logrando que el poder adquisitivo se incremente, porque, así, la raquítica venta actual se multiplicaría y el precio decaería automáticamente, merced al crecimiento de las ventas y su consiguiente aumento productivo.

Ayudaría, en esa formulación, la valoración del coche usado, que, siendo para desguace y, simultáneamente, para adquirir un turismo eléctrico, debe gozar de una tasación más favorable para el propietario, pues son medidas que, seguro, incrementarán las ventas del eléctrico y su mayor presencia en las carreteras.

También cabe estudiar la forma de apoyar la producción de baterías de mayor capacidad de almacenaje, tal como, ahora, se está apostando por la “batería seca”, de manera que los “fantasmas” que ve el usuario se vayan disipando. Cerrar al tráfico rodado los centros históricos de las grandes ciudades, para los vehículos de carburación, también ayudaría claramente.

Una vez que todo esto esté impulsado, porque vamos muy lentos, cabe esperar que los precios se reduzcan por el incremento consumidor. Entonces, habrá que seguir trabajando en la electrificación de los vehículos pesados para el transporte, el desplazamiento aeronáutico y demás elementos contaminantes que necesitamos eliminar, mejor hoy que mañana, para dejar nuestro ambiente más puro y limpio. Año nuevo, aire nuevo. Buenos días.