VÍCTOR MARTÍNEZ-CARRASCO/DIPUTADO POPULAR EN LA ASAMBLEA REGIONAL

Esta época de crisis nos ha obligado a privarnos de cosas que hemos descubierto que no eran fundamentales. En ocasiones debemos ser conducidos al límite para que se nos abran los ojos y ordenar nuestro desorden de prioridades. Muchos han podido disfrutar y valorar, aunque de forma fortuita,  aquello que por motivos profesionales o de otra índole tenían en el rincón de la espera, sin caer en la cuenta, como también nos ha recordado la Covid-19, que el tiempo no tiene propiedad y por tanto, es él quien decide cuándo y cómo  parar sus manecillas.

En materia educativa sucede algo similar. He insistido en esto en otras ocasiones, hemos estado durante mucho tiempo discutiendo sobre lo superficial y no sobre lo verdaderamente importante, y llevados al límite también en esta materia, donde hemos sido arrastrados, deberíamos aprovechar y hacer virtud de la necesidad experimentada.

Empleando el plural quiero expresar la necesidad de hacerlo juntos y afrontar la valentía necesaria desde el acuerdo, pues como proclama el Papa Francisco, “para conseguir la paz, se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra”

Escuché decir hace unos meses, con motivo del vigésimo aniversario del Consejo Escolar de la Región de Murcia a Inger Enkvist, catedrática emérita de español  en la Universidad de Lund, en Suecia, que lo más dramático de nuestra políticas educativas es saber lo que tenemos que hacer y no tener el valor de llevarlas adelante. Lo que nos diferencia de quienes tienen mejores resultados que nosotros es precisamente eso, nuestra falta de valentía, y esta crisis puede mostrársenos como una oportunidad de superar nuestros miedos.

Seguramente esa valentía se fue diluyendo en nuestra propia formación, donde un sistema que tiende a la equidad frente a la igualdad de oportunidades convierte en un derecho del alumno obtener los mismos resultados que el resto sea cual sea su capacidad y su esfuerzo. Craso error, pues cada alumno es diferente al resto, afortunadamente, en capacidades y en su forma de ser. Lo que debiéramos valorar como una potente herramienta, es anulado por las políticas educativas de la izquierda.

Precisamente hoy necesitamos más que nunca, ante este nuevo reto de transformar nuestras escuelas, más imaginación e innovación que nunca antes, y son precisamente estas cualidades las que anula una educación normalizada como la que insiste imponer nuevamente la ministra Celaá.

Ahora se nos frustra una nueva oportunidad al ver cómo se quiere tramitar una nueva Ley Orgánica de Educación sin el más mínimo consenso. Iniciar su andadura en el Congreso en pleno estado de alarma y de espaldas a toda la comunidad educativa es síntoma de un déficit democrático inmenso. Y esto es una lástima, tenga el carné que tenga quien lo haga, que en este caso es del PSOE y PODEMOS.

Cuenta Ken Robinson en su libro “Escuelas Creativas” aquella anécdota de un jugador de Hockey sobre hielo al que le preguntan cómo ha logrado ser el máximo goleador de la temporada, a lo que este responde que sencillamente, mientras los otros jugadores tienden a correr hacia el lugar donde está el disco, él se dirige al lugar donde va a estar. Así nos va.

Excluir a la educación concertada de ayudas del Estado como anuncian desde la Comisión de Reconstrucción, poner en riesgo la continuidad de las Escuelas de Educación Especial, huir puerilmente del Pacto Educativo como hicieron PSOE y PODEMOS criticando lo que luego ellos están haciendo ahonda más aún la distancia que tendremos que salvar entre todos cuando decidan o descubran que de esta también tenemos que salir juntos.

Tenemos por tanto la necesidad urgente como sociedad y como país de mirar hacia adelante, no detenernos en el presente, pues cuando lleguemos ya será pasado nuevamente.