El síndrome del cuidador

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Laura Caballero Escámez/Psicóloga

El Síndrome del Cuidador es un trastorno que puede afectar a aquellos que asumen el rol de cuidador principal de personas con dependencia. Se traduce en un agotamiento intenso que afecta a las capacidades físicas, psicológicas y a las relaciones sociales.


El cuidador, con el paso del tiempo, va asumiendo una gran carga física y psíquica, llegando a dedicar la mayor parte de su tiempo al cuidado y responsabilizándose por completo de la vida de su familiar con dependencia (cuidados asistenciales, medicación, alimentación, higiene, etc). Esta dedicación exclusiva hace que el cuidador se olvide de sí mismo, dejando a un lado el ocio, sus aficiones, amistades, y dejando en pausa su proyecto vital.
Ante este hecho, es importante atender a ciertas señales de alerta que pueden indicar que es el momento de empezar a poner límites al cuidado, como pueden ser cambios en los hábitos del sueño o alimentación, sensación continua de cansancio y agotamiento o consumo excesivo de excitantes como el café, tabaco o bebidas alcohólicas.

Otras señales pueden manifestarse físicamente por medio de palpitaciones, temblores, molestias en el aparato digestivo o dolores de cabeza.

A nivel emocional pueden darse continuos cambios del estado de ánimo y enfados frecuentes que pueden deteriorar las relaciones familiares y de pareja.

En el plano social, muchos cuidadores se aíslan y pierden el interés por actividades y personas que antes sí eran objeto de interés, llegando incluso a manifestar síntomas depresivos y/o de ansiedad.

Para evitar estas situaciones, es importante que se comiencen a establecer límites en el cuidado y que el cuidador tome conciencia de qué cosas puede hacer de forma autónoma el familiar al que cuida. Fomentando la autonomía del afectado, se reducirá la carga total del cuidado y además se retardará el avance de la dependencia. Igualmente, el cuidador debe tener presente que él mismo/a tienes límites como ser humano, y que quizá haya llegado el momento de pedir ayuda a otras personas de tu entorno, ya sean familiares o profesionales.

También es importante atender a las ideas y creencias relacionadas con el cuidado, ya que pueden suponer un obstáculo en muchas ocasiones, por ejemplo, a la hora de pedir ayuda a los demás, haciendo creer al cuidador que no merece un descanso, un café con un amigo e incluso sintiéndose culpables por ello.

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