LAURA CABALLERO/PSICÓLOGA

A veces te preguntarás cómo pudo Hitler convencer a tanta gente y que sus ideas dieran lugar a una de las mayores atrocidades de la historia de la humanidad. Sin embargo, no hace falta irse a referencias de tales dimensiones, ni de años atrás. Actualmente existen líderes que arrastran a miles, millones de seguidores con ideas radicales en todos los ámbitos: político, religioso, medicina…

En realidad, el Síndrome de abdicación no existe como entidad clínica en ningún manual. Ha sido descrito por Steve Taylor, un escritor y profesor titular de psicología en la Universidad de Leeds Beckett (Reino Unido). Según este autor, cuando somos niños, nuestro “sostén” psicológico son nuestros progenitores. Ellos son quienes garantizan nuestro bienestar y solucionan nuestros problemas. Esto cambia en la adultez cuando desarrollamos nuestra autonomía personal, sin embargo, hay personas que “abdican” de su propia responsabilidad a la hora de pensar, de contrastar y ser críticos, así que delegan todo esto en otras personas. Son entonces los “gurús” carismáticos los que piensan por nosotros cuando nos dejamos llevar por ellos. Hay personas que su búsqueda en un gurú, tiene que ver con el desarrollo espiritual, pero en otras tiene que ver con una devoción incondicional que nos hace hasta perder nuestro propio criterio. Siempre estaría bien recordar que no es lo mismo poseer ideas que las ideas te posean a ti.

Normalmente este tipo de procesos tienen más trascendencia en épocas de incertidumbre en las que necesitamos agarrarnos a algo para no sentirnos a la deriva. Los grandes dictadores han calado en la conciencia colectiva en mitad de una crisis política o económica. Algunos gurús son personas altruistas que quieren compartir su sabiduría, aunque normalmente son personas que explotan su posición y llegan incluso a tener comportamientos inmorales y abusan de la lealtad y de las buenas intenciones de sus seguidores.

Existe también un proceso psicológico que explica por qué nos sometemos a las creencias sin someterlas a juicio. Se trata del “sesgo de confirmación”, que es la tendencia de nuestra mente a buscar información que respalde nuestras creencias y también nos lleva a interpretar la realidad de manera que se confirmen nuestras expectativas o hipótesis. Existe incluso el denominado “sesgo del gurú”, según el cual se sigue a los líderes de forma ciega sin plantear otras alternativas, ni cuestionar otras versiones para no contradecir nuestras creencias. Esto explicaría por qué incluso líderes de cualquier ideología política han seguido siendo elegidos en procesos electorales después de estar acusados por corrupción.

Los sesgos cognitivos son errores de pensamiento que nos hacen ver el mundo según nuestros intereses e incluso hacen que distorsionemos la realidad y obviemos información relevante. El concepto de sesgo cognitivo fue introducido por los psicólogos israelíes Kahneman y Tversky en 1972 y se estudia ampliamente en el ámbito de la psicología social, por ejemplo en la manera que podemos filtrar la información de forma sesgada en un juicio en función de las características tanto de la persona acusada como de la  víctima. Tienen una gran relación con conceptos como los estereotipos y los prejuicios. Al fin y al cabo, son formas de ahorrarle energía a nuestro cerebro dando por hecho informaciones solo porque concuerdan o no con nuestra forma de pensar.