MANUELA SEVILLA
Calasparra está surcada por cuatro ríos, el río Segura y sus afluentes Moratalla, Argos y Quípar. Como la antigua Mesopotamia (tierra entreLavanderas. Archivo Municipal de Murcia, Colección de Fotografías de Juan López. ríos) nace mecida por el susurro de la corriente de sus aguas que han posibilitado los diferentes asentamientos de población a lo largo de la historia, siendo el motor de supervivencia económica para sus vecinos.
Entre el Segura y nosotros se ha desarrollado un sentimiento de amor-odio. Él nos ha dado vida y nosotros le hemos arrebatado sus formas naturales, lo hemos embalsado quitándole su fuerza; él nos ha dado vida pero también nos la ha arrebatado durante siglos, con sus numerosas crecidas, siendo el peor enemigo de los agricultores y de las tierras por donde transcurre su cauce, sin olvidar la dicotomía sequías-riadas.
Vamos a desgranar los 39 km que recorre en nuestro municipio.
Es el primer pueblo de la Región de Murcia por el que entra el Segura, en términos municipales el primero Moratalla, y siempre cerca de él, para utilizar su agua, vivieron sus pobladores. En época prehistórica en la Cueva de los Monigotes; los iberos con su necrópolis en el Cerro del Santuario; los romanos que construyeron una pequeño acueducto en los Arcos de la Rambla, que llamaron al Río Segura Thader: Palmera; y los árabes, que lo llamaron Nahr-el-Abiad (Rio Blanco) y Sakura (Agradecido). Los árabes tuvieron su asentamiento cerca de su orilla, en Villa Vieja, aunque alzaron su fortaleza en la serreta más elevada para dar protección a los habitantes de estas alquerías. Fueron los grandes trabajadores de sus aguas con sus norias y sistemas de regadío. Parece mentira que ahora nos digan que este río era navegable hasta que se construyó la Contraparada (Murcia) por los árabes. En la época de la Donación del Castellar de Calasparra a la Orden de San Juan de Jerusalén era el Comendador el que tenía licencia para hacer puentes y barcos, así en nuestro pueblo hubo un barco, ya en el siglo XVI, que cruzaba el río en la zona del Cañar, previo pago al barquero de Calasparra, al igual que en otras localidades segureñas. También hubo otro posterior en la zona de La Dehesa.
Han sido muchas las riadas con inundaciones pero también las avenidas, las primeras se llaman como el nombre del santo del día en el que ocurren, aunque no tienen nada de santas algunas de las riadas más importantes, la de San Calixto en 1651 o la de Santa Teresa de 1879. Es después de esta riada cuando se celebra el «Congreso contra la Inundaciones de la Región de Levante» en 1885 y del cual salió el «Proyecto de Obras de Defensa contra las Inundaciones en el Valle del Segura» de los ingenieros D. Ramón García y D Luis Gaztelu y Maritorena, que diseñaron la red de los diferentes embalses (Quipar y Cenajo) para evitar los daños de las riadas, como así ha sido. En 1926 tuvo lugar la riada de Santa Victoria, llamada en Calasparra «Riada de los madereros» (M. Moya Haro) pues en estos años todavía se utilizaba el río como medio de transporte: la madera cortada en las sierras aguas arriba se transportaba por el río en «almadias», montones de troncos que eran conducidos por los madereros que iban encima con sus pértigas o «bicheros» para conducirlas. Esta riada sorprendió a los madereros trabajando antes de llegar al «1º saque» en la zona de Las Minas, aunque había otro en Calasparra yéndose río abajo fueron rescatados varios en Calasparra, algunos por el grupo de exploradores que dirigían D. Antonio Maya y D Luis Armand, salvando a uno que posteriormente se quedó a vivir en nuestro pueblo. Otras riadas importantes, que superaron los 1.000 m3/seg., se sucedieron a lo largo de los años 1946, 1948, 1973, 1987 y 1989 provocando numerosas pérdidas humanas y materiales. Los huertanos tocaban sus caracolas para avisar de las riadas y en el pueblo se tocaban las campanas de la Torre del Reloj. Y es que, ya se sabe, «cuando el río saca sus escrituras…»
Durante mucho tiempo estuvo el barco y diferentes puentes de madera pero eran barridos por las avenidas. Por eso el Concejo pensó en hacer un puente mas resistente para poder cruzarlo. Se empezaron las diligencias en 1626, pero no se tienen noticias posteriores, hasta el desarrollo definitivo en el s. XIX construido por la familia del que fuera alcalde de Calasparra, D. Gabino Ruiz y Pastor, llamado de «la Esperanza» en 1853 y que fue destruido por la riada de Santa Teresa pero gracias a dios no hubieron víctimas, hasta que cedió su lugar a otro de hierro en 1883 realizado por la Sociedad Belga Cockerill Seraing conocido como puente Viejo, en oposición al puente de hierro sobre el río Quipar de 1918 (Francisco Soler). Todos estos pasos han generado ingresos, pues se cobraba un canon por utilizarlos tanto las personas como la cabaña de ganados que hacían el recorrido de la trashumancia por los caminos de la Mesta. El otro puente es el que había en la vereda al cruzar la acequia de Rotas, conocido como puente del Zaraicejo, más adelante como puente de Llobregate.
También podemos presumir de ser el único río donde ha comido un monarca español y no una vez sino dos: Alfonso XIII. Lo hizo cuando vino a inaugurar el Pantano del Quipar (como lo conocemos los calasparreños, era su primitivo nombre) el 4 de Abril de 1925. El rey no pasó por el pueblo, pero antes de los actos recibió un «lunch» en el islote que hay al final de embalse, al que asistieron diversas personalidades y el alcalde de Calasparra en ese momento, D. José Mª Pérez Ruiz. Después dieron un paseo por el pantano en una lancha gasolinera. No satisfecho con comer cerca de las aguas del Quipar posteriormente se desplazó a la Central Hidroeléctrica de los Almadenes, donde fue homenajeado con un banquete en la Sala de Máquinas del salto, encima mismo del Río Segura.
El tesoro más preciado que nos ha dado este agua ha sido hacer posible el cultivo de un arroz de indiscutible calidad y de renombre mundial. Los primeros documentos referidos al arroz en Calasparra datan del siglo XVII y son sus aguas, al entrar y salir de los arrozales, lo que le confieren su reconocida calidad.
Sus aguas no solo nos han dado trabajo y penurias sino también diversión, la ribera debajo del Puente de hierro ha sido lugar de encuentro y remojón de los calasparreños en época estival, lugar al que nos acercábamos andando para disfrutar de su placentero baño, algunos solo en la playa y los más atrevidos subiendo al remolino del Tambor, con los neumáticos grandes y negros de los camiones, donde se iniciaba el baño llevados por la fuerte corriente sin olvidar subir las piernas para no darte con las piedras y salir enfrente del Molino del Barco. Eran tardes sin prisa en las que se cogían los desaparecidos cangrejos rojos (todavía recuerdo su maravilloso sabor) que nos cocían, con un poco de pimienta, en las casicas de la vega.
En la parte reservada a las leyendas locales debemos recordar la historia de Juanico «El resistior». Cuentan que un grupo de muchachos, dándose un baño en el río, se apostaron ver quién resistía más debajo del agua, siendo el joven Juan el que se ufanaba de aguantar más tiempo con la cabeza dentro del agua. Comenzaron la apuesta y todos salían a la superficie en un momento u otro, menos Juan que no aparecía. Se hizo de noche y toda la chiquillería que esperaba a Juan se marchó a sus casas. Dice la leyenda que su cuerpo apareció sin vida en Cieza.
Su fuerza nos da luz en la Central Hidroeléctrica de Cañaverosa, construida por Joaquin Payá, en la Central de los Almadenes, la Central El Salto de la Luz y en la Central de Berbería, última en ser construida.
Como buen actor de carácter, nuestro río también ha sido protagonista de películas: «El agua de la vida» del director murciano Chumilla Carbajosa , producida por Elías Querejeta y «El infierno prometido» también del director murciano y protagonizada por Ginés García Millán, rodada una parte en los parajes del Santuario de la Esperanza.
Nuestro río también tiene una escultura en la Avenida Don Juan de Borbón de Murcia, realizada por el artista muleño Cristóbal Gabarrón, de nombre «Frouida», una alegoría a la ninfa ibérica de torrentes y fuentes,
Hoy en día se han desarrollado deportes acuáticos como el piragüismo y el descenso del Cañón de los Almadenes que están dando a conocer sus aguas y a sus deportistas como un referente de los deportes de aventura. Os invito a recorrer este río de vida con los ojos que nos ha dado este relato este 16 de Marzo Día Internacional de los Ríos… o cualquier otro día, pues a buen seguro que lo disfrutareis.