JOSÉ ANTONIO MELGARES/Cronista oficial de la Región de Murcia

La proclamación como Rey de España de D. Felipe de Borbón y Grecia, en la fecha en que este semanario sale a la calle con el número 566, es ufelipe-vi-calles-caravacan hecho trascendental en la historia contemporánea de nuestra Nación, ante el que EL NOROESTE no es impasible, ya que Caravaca ha tenido a lo largo de los últimos lustros importante vínculos que le acercan a la figura del joven monarca, el cual ha compartido con nosotros horas de presencia en la ciudad en dos ocasiones como a continuación veremos.
La primera vez en que se vinculó el nombre del entonces Príncipe de Asturias a la ciudad fue en 1986 cuando S. M. el rey Juan Carlos I, atendiendo a la petición formulada por la Real e Ilustre Cofradía de la Stma. y Vera Cruz, que presidía como Hermano Mayor efectivo el Cronista que esto escribe, para que S.A.R. el Príncipe de Asturias D. Felipe de Borbón aceptara el nombramiento como Hermano de Honor de la misma, contestó con fecha 26 de enero del año mencionado, aceptando que D. Felipe fuera en adelante Hermano de Honor de dicha Real e Ilustre Cofradía.
El escrito se firmó en La Zarzuela por el Jefe de la Casa de S. M. Nicolás de Cotoner y Cotoner, Marqués de Mondéjar, del orden del Rey. Reproducción facsímil de dicho escrito se reprodujo por primera vez en la Revista de Fiesta de la Stma. Cruz de 1987.
El miércoles 17 de enero de 2001 se produjo la primera de las visitas de D. Felipe, a media mañana de un frío y soleado día del invierno local. S.A.R. procedía de Lorca y fue recibido por las autoridades locales y regionales frente al antiguo Hotel Victoria, haciendo su entrada en la Plaza del Arco a pie, donde aguardaba la Corporación Municipal y un inmenso gentío que llenaba la superficie de la misma, que volvió a engalanarse con gualdrapas y mantos de caballos del vino en sus balcones y ventanas, como sucedió en 1980 durante la segunda visita de sus padres los Reyes
Saludó desde el balcón central y firmó en el Libro de Honor, recibiendo de manos del alcalde Domingo Aranda Muñoz el escudo de oro de la Ciudad. Luego se dirigió, a pie, hasta el Real Alcázar y entonces aún Santuario de la Stma. Cruz, siendo vitoreado y aplaudido por el público que acudió a su encuentro a lo largo de todo el recorrido por las cuestas que conducen a la fortaleza.
El la lonja del Castillo, el hermano mayor Pedro Guerrero Quadrado le presentó a los miembros de la Junta Representativa, siendo recibido a las puertas del templo, momentos después, por el obispo de la Diócesis Manuel Ureña Pastor, revestido de pontifical, el vicario Antonio Martínez Ruiz y el capellán Pedro Ballester Lorca. El prelado dio la bendición y le dio a dorar la Reliquia y, después, le impuso la Cruz-Insignia de hermano, una pieza de plata, fabricada por el orfebre local José Martínez «el Ché», en su propio taller de la C. Mayor (de lo que dio cuenta en el diario «La Verdad» de Murcia, el corresponsal Juan Fernández Robles el 16 de enero anterior), pieza que costó entonces a la Cofradía la cantidad de 4.800 pts.
Posteriormente, en la sacristía del templo, el Príncipe firmó en el Libro de Honor de la Cofradía, en el que dejó plasmado el siguiente texto:
«Como Hermano de Honor y como cristiano, tengo la enorme alegría y emoción de venir por primera vez al Santuario de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca. Agradezco a la Cofradía sus generosos presentes y espero poder volver a este lugar de peregrinaje con ocasión del Año Jubilar 2003, para volver a sentir la emoción y devoción ante la Cruz de Caravaca. Con todo afecto. Felipe. Príncipe de Asturias. 17 de enero de 2001».
En el claustro posó amablemente para los fotógrafos, con todos los miembros de la Junta Representativa de la Cofradía. Posteriormente visitó las salas del Museo actuando de cicerone la guía Ana Bella Rosa Peragón, y finalmente, acompañado por el Hermano Mayor, Alcalde, Presidente de la Comunidad Autónoma, Delegado del Gobierno y los clérigos mencionados, además de los concejales del Ayuntamiento y otras autoridades locales, regionales y de su séquito, D. Felipe se despidió de todos, y también del gentío acumulado en la lonja, al pie de la escalinata de acceso al templo, desde donde partió en vehículo privado con dirección a Murcia. Entre el séquito de S.A.R. figuraba el Jefe de la Casa del Rey Fernando Almansa.
Aquel día, el diario «La Opinión», publicó un texto original del Cronista que esto escribe, con el título: Alteza, bien venido a Caravaca de la Cruz».
El príncipe Felipe cumplió su promesa de volver a Caravaca a lo largo del Año Santo 2003. De recordarlo ante la Casa Real se encargó, tenaz y eficazmente el hermano mayor Pedro Guerrero. Lo hizo el día 18 de septiembre, durante los estertores del verano, dos meses antes de hacerse público su compromiso matrimonial con Letizia Ortiz Rocasolano. La visita fue de carácter privado y, como un peregrino más, subió a pie al Santuario, entró al mismo por la Puerta Santa y coincidió con grupos de peregrinos de Alcantarilla y Extremadura con los que se mezcló en la Misa del Peregrino que presidió el Obispo Diocesano Manuel Ureña Pastor junto al Obispo Emérito Javier Azagra Labiano y un numeroso grupo de sacerdotes.
La recepción oficial tuvo lugar, en aquella segunda ocasión, a las puertas de la antigua iglesia de La Compañía, donde fue recibido por las autoridades locales y regionales, así como por los directivos de Cajamurcia, quienes le acompañaron a lo largo del recorrido por la exposición La ciudad en lo alto, cuyo comisario Cristóbal Belda Navarro fue el encargado de hacer de cicerone. Luego, a pie, a través de la C. Mayor y cuestas que conducen al Castillo, hizo el recorrido de los peregrinos, recibiendo sin cesar muestras de cariño y respeto de los miles de personas congregadas a lo largo del mismo.
Tras la misa, en la que participó desde un sencillo sitial instalado en el crucero del templo y lado del Evangelio, recibió por parte del Hermano Mayor y del Alcalde, el certificado de la obtención de las gracias espirituales del jubileo y una placa conmemorativa de la visita.
No faltó el saludo posterior a los peregrinos anónimos que aquel día compartieron con él la visita a la Stma. Cruz, despidiéndose a continuación de las autoridades, Junta Representativa y público congregado en la lonja el Castillo.
Sus asesores, o quien sabe si él mismo, le colocaron sobre el pecho la Cruz-Insignia de hermano cofrade (de honor), con que dos años antes se le había obsequiado en su anterior visita. Y en la solapa de su chaqueta el escudo de oro de la ciudad que en la misma ocasión le ofreció el Alcalde en nombre del pueblo de Caravaca.
Por su parte, el hermano mayor Pedro Guerrero no perdió ni un instante, a su llegada a la ciudad, para prender en la solapa de S. Alteza la Cruz-pin que ostentan los peregrinos a Caravaca.
Desde entonces, el hasta ahora Príncipe de Asturias no ha vuelto por la ciudad, pero estoy seguro que en su periplo por las tierras de España que ha de iniciar en su momento, para salir al encuentro con las gentes que le tenemos por nuestro nuevo Rey, volverá para encontrarse con quienes un día coincidimos, juntos, al pie de la Cruz.