GLORIA LÓPEZ CORBALÁN
A veces me pregunto cómo los escritores pueden dar vida a personajes tan distantes del suyo propio. Tan distante o más fue el que creó Pamela Lyndon Travers para su niñera Mary Poppins. La escritora, que hoy está de moda por la película Al encuentro de Mr. Banks, debió de dejar por escrito todo aquello que no supo expresar en vida con nadie P. Lyndon Traversde los que la rodeaban.
Helen Lyndon (Pamela más tarde) nació el 9 de agosto de 1899 en Australia. Fue la mayor de los tres hijos de un matrimonio mal avenido entre ellos, pero apegados al alcohol. Cuando ella tiene siete años, muere el padre, que las deja en una situación un tanto incomoda económicamente, pero salen adelante con la ayuda de una tía rica. Pamela cuenta con ingenio esos años de penurias y su sueño de ser actriz, pero el total de dinero ahorrado solo le dio para establecerse en Londres, donde llegó con 24 años y el arte solo para escribir. Se instaló en Sussex, donde comenzó a escribir lo que sería su novela más conocida, que no la única ni la mejor, y tan diferente a ella, que bien podía haber volado montada en la escoba, que le pegaba más, como se vería después. Junto a ella vivía su amiga, amante o vete tú a saber qué, porque lo único sexual que se sabe de esta relación es que se las vio juntas haciendo topless en una playa italiana (cosa impensable entonces en el mundo y hoy en Calabardina). El caso es que Madge Burnand y la escritora vivieron 30 años juntas, algo que no pueden decir algunos matrimonios que no enseñan las tetas en ninguna playa.
Supongo que con tanto niño y niñera, en los años 40 Pamela pensó que debía sacar sus personajes de los libros e instalarlos en su cocina como se instala la termomix cuando llegas a la conclusión que no te entiendes con la vitro. Sin darse cuenta que no es el medio el problema, sino la falta de aptitud para cocinar, lo mismo que para ser madre. El elegido fue un pequeño huérfano, con tan mala suerte que, además de seis hermanos, tenía uno gemelo que no interesaba porque, según su astróloga, no tenía buena carta astral.
Y allí lo dejo, que donde comen seis, comen siete.
Atrás dejó también su historia, haciendo creer al pequeño que ella era su madre y su padre un empresario fallecido. Debía de haber sabido que las historias no deben dejarse a medias porque estas vuelven para cerrarse y no siempre tienen un final feliz ni se canta supercalifragilisticoespialidoso… El pasado de Camillus vino a buscarlo en forma de seis hermanos que había vivido sin paraguas y hasta sin comida en la más absoluta miseria. Por supuesto Pamela no los dejó entrar, faltaría más, que eso no lo había dicho la astróloga que le ayudo a elegir al mejor hijo, asi que el joven Camillus se fue tras su pasado y volvió triste, y de ahí al alcohol fue un paso. Como la niñera que nunca tuvo Camillus se llevó al cine se cuenta hoy en todos los feisbuck, no es necesario que relate yo los veinte años, (y pocos me parecen) de negociaciones entre un congelado y esa fans de los astros.
En 1964 se estrenaba el film en el que Julie Andrews dio vida a la niñera que aparecía volando por el cielo de Londres. Disney, pensó que ya llevaba muchos años aguantándola y no la invitó al estreno, pero ella, no sabemos si ayudada por su paraguas, se coló en la fiesta. Tampoco salió cantando chim chiminy, chim chiminy, sino gritando improperios indignada por la adaptación de su obra y no consintió volver a negociar con Walt Disney ni con ningún otro productor americano.
Ni siquiera quiso negociar con su conciencia y murió sola en Londres a los 96 años.
No sabemos si eso ya se lo había leído su astróloga.