FRANCISCO MARTÍNEZ LÓPEZ
El telón, un pesado bastidor decorado con pasamanería y bordados comienza a levantarse lentamente sobre las tablas mientras el escenario permanece a oscuras y todos los focos se dirigen hacia el patio de butacas. Los espectadores se obEl públicoservan sorprendidos y curiosos esperando que ocurra algo, pero el escenario permanece desierto. El público comienza a cruzar miradas inquietas y conforme transcurren los minutos la expectación va en aumento. Pasa el tiempo, crece la impaciencia y arrancan las primeras protestas desde la platea, poco después se oyen silbidos en los palcos seguidos de pataleos, gritos, insultos… El público comienza a marcharse indignado, los abucheos se convierten en bronca, las protestas en escándalo y alguien incluso llama a la policía. Un gentío furioso se agolpa en las taquillas exigiendo la devolución de su dinero pero no hay empleados en los despachos ni operarios entre bambalinas, los camerinos están vacíos. La muchedumbre monta en cólera y finalmente alguien prende las cortinas del vestíbulo. El fuego corre como un reguero de pólvora por las alfombras de los pasillos y se encarama voraz por las aterciopeladas pareces, el teatro comienza a arder como una tea, todo el edificio es una inmensa antorcha y el fuego amenaza con extenderse a los inmuebles colindantes. Los camiones de bomberos y los coches de policía se amontonan, las sirenas compiten en su estruendo con el crepitar de las llamas, la techumbre se desmorona y el aire de la noche se inundada de pavesas que se elevan ligeras por encima de las azoteas. En ese momento una ovación cerrada irrumpe en la escena, desde la otra acera la compañía de actores puesta en pie aplaude el espectáculo.