M. Marta Sánchez-Mora Bey/Fiscalía de la comunidad autónoma de Murcia
Es época de premios y galas de cine, y nada mejor que el cine para recrear lo que acontece. El cine, a parte de otras cosas, es reflexión. Se me viene a la cabeza la película «La Caza» dirigida por el danés Thomas Vinterberg, que invita a reflexionar ,principalmente, sobre el comportamiento del ser humano en masa. Sin destripar la película trataLa caza sobre cómo un rumor contado en un momento determinado por una persona se extiende como la pólvora dentro de una comunidad y con ello se puede hacer tambalear la vida de una persona.
La comunidad entendida como masa (grupo de personas en el que el «yo» queda diluido) entraña varios peligros; el respeto al principio de presunción de inocencia y los juicios paralelos son algunos de ellos.
El término masa tiene cierta connotación negativa, no obstante, si entendemos a ésta grupo de personas con un sentimiento común y cierta cohesión, también puede tener aspectos muy positivos. Analizando su aspecto positivo (como puede ser la reivindicación de causas) ciertamente su poder no tiene tanto alcance.
En la actual sociedad de la información proliferan más juicios paralelos que nunca y además se abordan cada vez con mayor intensidad. Crecientemente, los medios de comunicación informan sobre noticias surgidas en torno a un proceso judicial, normalmente de carácter penal. Basta con atender cualquier telediario e incluso programas de prensa rosa o entretenimiento para constatar ese hecho.
De aquí que cualquier noticia se propaga más rápido que nunca y llega inmediatamente a todos los rincones de la sociedad. Esto supone que los medios de comunicación amplifican, sobredimensionan, reiteran los hechos y el procedimiento. Y eso, naturalmente, acaba influyendo en el entramado social, también en el proceso judicial y, singularmente, en las partes afectadas por el mismo. Se ocasiona un daño al personaje, o persona, a su credibilidad, familia, honor, intimidad, etc, que no es reversible.
Dando lugar a que no sólo se lleve a cabo la labor de informar, importantísima, si no a que se hagan veredictos de culpabilidad o inocencia al margen de los operadores jurídicos que cuentan con la información total y sin sesgos y con herramientas adecuadas y sin sentimientos particulares o exacerbados en la labor de administrar justicia. Estos veredictos de inocencia o culpabilidad generan, además, en la sociedad un sentimiento fuerte y común en los que la presunción de inocencia se ve conculcado por su antónimo, «culpable mientras no se demuestre lo contrario». Los Tribunales, por su parte, tienen que hacer un gran esfuerzo de abstracción para no dejarse llevar por la presión y puede dar lugar a que muchas veces se tomen decisiones que no se logren entender por la sociedad.