María Marín/Portavoz de Podemos en la Asamblea Regional

El próximo sábado 12 de noviembre un gran número de colectivos vecinales y ambientalistas del Mar Menor y de las comarcas del Noroeste y el Altiplano celebran una jornada de hermanamiento en Cehegín. Allí estaremos acompañándolos, como no puede ser de otra forma. Porque es mi obligación y debería ser la de cualquier cargo público defender esta comarca de las graves amenazas a las que se enfrenta, convertida en el nuevo frente de batalla para las multinacionales del agronegocio, las macrogranjas y la minería intensiva.

El Noroeste se está rebelando, porque la situación no es para menos. Si el ecocidio del Mar Menor ya ha sido noticia en los telediarios de todo el mundo, en el interior de la Región de Murcia los peligros para los ecosistemas, el entorno y la forma de vida de decenas de miles de personas avanzan de forma todavía silenciosa. La histórica movilización del pueblo de Yecla en 2017 frente a la macrogranja que El Pozo quería instalar junto al Monte Arabí, sacó a la luz este terrible problema. Aunque de momento el movimiento vecinal ha ganado el pulso, sabemos que gente como Tomás Fuertes tienen tiempo, dinero, abogados y contactos políticos de sobra para volver a la carga en cuanto nos descuidemos. Pero no es solo Yecla. Desde Lorca y Fuente Álamo, que albergan explotaciones que juntas suman más de un millón de cerdos, las macrogranjas se están desplazando hacia Caravaca, Cieza o Bullas.

Aunque en el PP han llegado a decir que las macrogranjas no existen, los datos del nuevo Censo Agrario publicados en mayo por el INE no mienten. En 1999 había en la Región de Murcia 1.641 explotaciones de porcino y 1.570.301 animales en ellas. En 2020 solo quedan 419 explotaciones, una cuarta parte, pero suman 2.366.928 cerdos. El tamaño medio ha pasado en 20 años de 957 a 5.649 cabezas. ¡Se ha multiplicado por 6!

Cada vez vive menos gente de este sector, monopolizado por El Pozo, que ha convertido a los criadores en proveedores precarios, cargando además con todos los riesgos económicos y los costes medioambientales.  Las consecuencias para el entorno son cada vez mayores. Si tenemos en cuenta que cada cerdo produce unos 8 litros de purines al día, en la Región se generan casi 20 mil toneladas de purines diarios. Son 500 tráilers ¿Es esto sostenible? ¿Puede nuestra tierra soportarlo? ¿Queremos eso para la Región y para el Noroeste? ¿Ser la pocilga de Europa y Asia?

Pero la cosa no acaba aquí. A las ingentes cantidades de residuos generados por las macrogranjas hay que sumarle las toneladas de nitratos del agronegocio. Todos lo hemos visto. Donde antes había almendros, vides y olivos, ahora se extienden campos de lechugas, coliflores y alcachofas. Las multinacionales del agro se mudan al Noroeste porque el campo de Cartagena está bajo vigilancia y aquí los controles medioambientales son inexistentes.

El resultado es la contaminación por nitratos de prácticamente todos nuestros acuíferos y fuentes. Ya no solo es el Mar Menor y el campo de Cartagena. En 2019 Caravaca, el Bajo Quípar, Bullas, el Guadalentín, Mula, Águilas, Mazarrón, Fortuna y la Vega Alta y Media del Segura fueron declarados zonas vulnerables a la contaminación por nitratos al detectarse valores muy altos de estas sustancias, que tienen graves efectos para la salud, especialmente en los niños.

La Comisión Europea ya ha abierto un proceso contra España por incumplir la directiva de nitratos y le reprocha a la Región de Murcia que no haya tomado ninguna medida complementaria. La Orden para poner en marcha un Programa de Actuación específico está lista, pero el consejero Antonio Luengo la tiene en un cajón desde principios de 2020. Si han permitido lo que han permitido en el Mar Menor, la joya del turismo regional, ¿qué podemos esperar en el Noroeste?

Pero aquí no acaba todo. Una vez que se ha abierto la veda contra el Noroeste, todo vale. En Cieza se pretende instalar una macroplanta de tratamiento de lodos de depuración de purines y restos animales, con capacidad para tratar hasta 27.000 toneladas anuales de residuos. Y por si esto fuera poco, la amenaza de la minería y los metales pesados vuelve a asomarse a Cehegín, donde una multinacional canadiense quiere reabrir las viejas minas, algo que hace temblar a todos los vecinos del municipio, pero también de Calasparra y La Copa de Bullas, por el efecto seguro de esta actividad en el río Quípar.

Así están las cosas y no hay más opción. O el Noroeste se rebela o acabará convertido en el vertedero de la Región. Enfrente están los mismos que han convertido el Mar Menor en su sumidero, por eso sus víctimas de ayer y de hoy están obligadas a entenderse, cogerse de la mano, coordinarse y defenderse.  Como escribió el gran Galeano mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo.