JUAN DAVID SÁNCHEZ

Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos. Así definía Maquiavelo el concepto de “apariencia”. El saber que no solo somos una persona sino muchas. Este concepto lo tenemos presente desde Platón y su mundo sensible, pasando por el existencialismo y terminando a día de hoy en el mundo de las redes sociales. Nuestro Facebook, por ejemplo, es mera apariencia. Publicar una foto es tener el empeño de mostrar la voluntad de querer ser alguien. Nos etiquetamos, nos comentamos, nos escribimos, pero no nos hablamos. Porque montamos nuestro propio teatro buscando crear en la gente una imagen positiva de nosotros. Puede parecer sombrío, pero es así. Una clara máscara con antifaz que nos colocamos en la cara y, mediante una desconcertante metamorfosis, nos convertimos en mentira.

JUAN DAVID SÁNCHEZ

Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos. Así definía Maquiavelo el concepto de “apariencia”. El saber que no solo somos una persona sino muchas. Este concepto lo tenemos presente desde Platón y su mundo sensible, pasando por el existencialismo y terminando a día de hoy en el mundo de las redes sociales. Nuestro Facebook, por ejemplo, es mera apariencia. Publicar una foto es tener el empeño de mostrar la voluntad de querer ser alguien. Nos etiquetamos, nos comentamos, nos escribimos, pero no nos hablamos. Porque montamos nuestro propio teatro buscando crear en la gente una imagen positiva de nosotros. Puede parecer sombrío, pero es así. Una clara máscara con antifaz que nos colocamos en la cara y, mediante una desconcertante metamorfosis, nos convertimos en mentira.
Esto recuerda un poco a la máscara griega, usada en el teatro y que le daba al personaje esa traza de querer ser alguien que no era, además de poder ser varios personajes en uno. Ese pretexto es el que usamos día a día. El juego de las apariencias, su poder de seducción, su atracción fatal, está en el centro más profundo de los problemas relativos a los medios. Lo fascinante de las apariencias, justamente, es que engañan, puesto que los sentidos también lo hacen. Veo que sol entra en el arco que dibujo entre los dedos índice y pulgar de mi mano, y sin embargo es falso.
Un pintor, pinta una apariencia, tenemos como ejemplo a las Meninas de Velázquez; y un escritor escribe apariencias. ¿Entonces la apariencia es buena? En el amor, por ejemplo, considero que sí. Para una mujer que es bella, la apariencia es muy importante, ya que significa saber representar un papel de manera perfecta en la sociedad. Así como lo que engloba el pensamiento y el arte es mera apariencia, nosotros en realidad somos personajes diferentes y somos nosotros mismos los que elegimos al personaje que queremos representar.