FRANCISCO SANDOVAL

Suele decirse que una imagen vale más que mil palabras. Esta afirmación, empleada a menudo por el moderno marketing digital, se aplica también al mural que hace 9000 años dibujó la ciudad neolítica de Çatalhöyük.

Fachada del castillo 1889

Fachada del castillo 1889

El ser humano, mediante trazos, ha representado a lo largo del tiempo la realidad que percibía. Vamos a obviar en este artículo la propiedad del dibujo de crear, ya sea de manera técnica o artística, y nos vamos a centrar en su capacidad de reproducción de una realidad ya existente.

Podríamos decir que hoy en día un modelo digital vale más que mil imágenes. Esto bien lo saben quiénes se han tenido que enfrentar a la intervención de un objeto, ya sea arquitectónico, mobiliario, o de otra índole. Reproducir en dos dimensiones un mundo que percibimos en tres requiere una técnica que se ha ido puliendo durante tiempo. La llegada de las nuevas tecnologías ha supuesto un salto en la manera de trabajar y presentar proyectos de todo tipo, pero resulta especialmente interesante para el entorno construido y los edificios con valor histórico o artístico.

Una de las dificultades para representar de forma fidedigna un bien patrimonial es que muchas veces no se tiene acceso a algunas partes para realizar una medición y evaluación con ciertas garantías. Esto cambia con las nuevas posibilidades que tenemos los técnicos, en particular si manejamos software que nos permite conocer las dimensiones reales del objeto con una precisión y eficiencia que supera con creces al levantamiento gráfico tradicional.

Por una parte, podemos recrear un entorno, un objeto o edificio a partir de numerosas fotografías y transformarlo en un modelo con el que podemos interactuar en todo momento, dándole el tamaño y características que nos interesen para nuestro trabajo. Es lo que se conoce como fotogrametría. Sin embargo, muchas veces, tanto los objetos como los edificios cambian, por lo que esta técnica solo podría servirnos para su estado actual, aquel que hoy podemos fotografiar. En el patrimonio histórico-artístico resulta crucial recrear momentos pasados siempre que dispongamos de datos para ello, pues es una forma de poder valorar las transformaciones que ha sufrido a lo largo del tiempo. Ahí cobra protagonismo otro tipo de modelado.

El caso de la fachada de la Basílica de la Vera Cruz de Caravaca

La portada de mármol negro y jaspe finalizada hacia 1730 es un buen ejemplo de lo que digo. Intervenciones en ella se han realizado numerosas, quizá la más polémica aquella de la década de 1990. En ella se aplicaron ceras que pretendieron devolver los vivos colores al mármol, pero que obtuvieron el efecto contrario por no tener en cuenta los fenómenos de sulfatación de la piedra. Este año, 2020, se quiere solucionar esta situación con una nueva restauración que se vislumbra bastante más acertada que cualquiera llevada a cabo anteriormente. Eso en cuanto a la portada de mármol, que es lo más llamativo y el elemento central, pero no es toda la fachada en sí.

Hace ya unos cien años que el segundo cuerpo de sillería de piedra caliza se muestra enlucido y su fábrica, por tanto, oculta. Basta echar un vistazo a la imagen de Amador Ríos, tomada en 1889, para ver que tenía a la vista unas espirales talladas. Y si fijamos mucho la atención en la foto, comprobaremos que el modelo 3D que encabeza este artículo representa aquel momento, y no el actual.

En dicho modelo he incorporado las dos volutas que aparecen en el remate de la fachada, junto a los pináculos, en la imagen de 1889. De esta forma, el 3D nos permite observar y estudiar una “versión pasada” del edificio. Es evidente que la reconstrucción virtual de estos elementos desaparecidos está sujeta fundamentalmente a fotografías antiguas, las cuales muchas veces son limitadas, o su resolución muy baja, por lo que nunca alcanzaremos la precisión de los elementos hoy existentes. No obstante, se logra un nivel adecuado como para permitir, previa evaluación competente, su reconstrucción o reintegración física en el monumento.

Estas dos volutas desaparecieron probablemente hacia 1920, y tras la restauración de 1921 la sillería de caliza se ocultó con el revestimiento de la forma en que hoy se encuentra. Observando el estado de la fachada en el siglo XIX comprobamos que dichas volutas formaban parte de la espiral tallada que compone el segundo cuerpo de sillería.

Esto nos lleva a una reflexión: cuando en la restauración que se va a llevar a cabo en breve se elimine el enlucido, quedará al descubierto la talla original, pero a la que le faltan las volutas de remate. Esto, aunque no tiene por qué suponer perjuicio alguno a la obra, sí que nos otorgará una imagen inédita de la fachada. Es decir, será como devolver la fachada “casi” a su estado original, a menos que se decidiese recomponer de nuevo las desaparecidas volutas.

En definitiva, un modelo 3D puede constituir tanto un producto en sí mismo como una herramienta útil para poder tomar decisiones a la hora de intervenir en los monumentos.