Luc Demeuleneire/Dibujo: Francisco Meroño

Mula. Una tarde de diciembre. En el salón de la coqueta Villa Azafrán. Las llamas crepitan en la chimenea. El mayordomo, en librea blanca y negra, al más puro estilo francés, entra y sale de la habitación. Un perro pequeño, de raza Fox Terrier, juega en un rincón con un zapato viejo…

—Capitán, esta mañana me he encontrado con los detectives García y Gracia. Me han dicho que a la salida del pueblo, en una casa aislada, hay un pintor que no intenta exponer sus lienzos… Me ha sorprendido. Los artistas suelen tener más prisa por exponer que por crear. ¿Qué le parece? Extraño, ¿no?

—En los pueblos, grumetillo, la gente habla mucho. Quizás se trate sólo de un pintor

aficionado que no expone sus obras porque no produce nada, o casi nada.

—Es lo que pensé inmediatamente, pero los García y Gracia me han asegurado que no,

que, al contrario, no para de pintar.

—¡Mil rayos! Reconozco que es sospechoso. Puede que se trate de un falsificador.

Recuerde a Ramón Nash, el rey del Arte Alfa…

—En efecto. ¿Quien sabe ? A lo mejor estamos de nuevo tras la pista de un tráfico internacional de cuadros falsos. Creo que voy a ir a hacerle unas preguntas a ese pintor.

Quiero resolver el misterio.

—Le acompañaría con mucho gusto, pero he prometido a nuestro viejo amigo el profesor Girasol que iba a esperarlo aquí tranquilamente.

El viejo lobo de mar echa una discreta mirada en dirección de la botella de JB que preside en la mesa.

—No hay problema, Capitán, dudo de que nuestro hombre sea peligroso. Ahora bien, si no vuelvo a la hora de la cena, no tarde en dar la alarma.

Una hora más tarde en la Casa del Toro. Delante de la puerta del pintor. Es una noche oscura. Se oyen ladridos siniestros. El pequeño Fox Terrier permanece impasible. (En realidad, sólo pelea con los gatos.)

—¿Don Juan José Ayllon?

—El mismo.

—Me llamo Luc. Soy reportero en el NO. Me gustaría hacerle unas preguntas. ¿Podría dedicarme unos minutos?

—Sí. Entre por favor. Será un placer contestarle.

El taller, instalado en un ala lateral de la casa, respira tranquilidad. Muchos cuadros que sin lugar a dudas no son copias de obras famosas, yacen en el suelo en espera de una suerte incierta.

Sentados frentea unas bebidas —güisqui JB para nuestro pintor, que parece compartir los gustos alcohólicos del Capitán—, empieza la entrevista:

—Don Juan José, se rumorea en el pueblo que es usted un pintor muy productivo… ¿Es cierto?

—Sí,bueno, digamos que produzco lo suficiente. Podría producir más, pero soy muy reflexivo a la hora de plantear un cuadro. Estoy tiempo abofeteándolo antes de “llevarlo a la dimensión.”

—Concretamente ¿cuántos cuadros ha pintado en total?

—No los he contado, pero seguramente más de 500.

—¿Por qué pinta usted?

—Porque necesito sacar a flote lo que llevo dentro, expresar mi interior en el exterior, como si fuera un espejo. Me comparo a menudo con los escritores. De hecho, cada cuadro viene a formar parte de un libro, el libro de mi vida.

—¿Qué tipo de pintura le atrae? Aquí, en su taller, no veo muchos cuadros figurativistas…

—No me gusta la pintura decorativa, la pintura representativa, la pintura sin concepto. Pintar un bote de manera realista, con todos sus detalles, no me interesa nada. Puedo admirar la mano de un pintor que lo hace, pero a mí, desde luego, el resultado no me llega. Soy demasiado expresionista. Dejo a los fotógrafos representar la realidad tal como es.

—¿Por qué no expone sus obras?

—Mi tiempo es limitado. No puedo hacerlo todo, pintar y a la vez exponer. Tengo que elegir y prefiero pintar. Además, no solo tengo la pintura, también tengo mi vida: mi mujer, mis hijos, los amigos, mi bicicleta, la agricultura, la música,… ¡la fuente de mi inspiración!

—¿Siempre fue así?

—No. Antes de ser profesor de dibujo, durante una década fui pintor profesional. En los años 60. No me dedicaba a nada más que a esto. Estuve en Pamplona, en Granada e incluso en Paris. La verdad es que he conocido muy bien el mundillo de la pintura profesional.

—¿Por qué lo dejó?

—Porque me cansé de hacer bodegones de botellas para entrar en lo que podríamos llamar «el tinglao del meollo»del mercado del arte. Los directores de galería insistieron para que siguiera, pero yo quería hacer mi obra, aunque fuera una obra que no iba a llegar a la mayoría de la gente. Quería hacer cuadros que nunca aburrieran a nadie.

—¿Qué diría si le propusieran exponer? ¿Rechazaría la oferta?

—No, pero, mire… el Ayuntamiento me ha hecho una propuesta y he respondido: «Primero os informáis, porque no quiero que se malgaste en mí el erario».Creo que los políticos tienen que tener cuidado, ser muy escrupulosos con el dinero público. Tengo 66 años, ya soy mayor. Dudo de que podría llegar a un «estatus de proyección» interesante para Mula, es decir, no creo que mi nombre podría llegar a ser suficientemente conocido como para promocionar el pueblo.

—¿Hay algo espiritual en su actitud? Ser aquí y ahora…

—Sí, habrá algo espiritual en mi actitud, evidentemente. Yo hablo muy mal de los curas pero no puedo negar que hay algo cristiano en mí. En cuanto al “ser aquí y ahora”, está claro que nunca he pensado mucho en el futuro. Siempre he pensado más en el presente, en la realización del presente. Actúo mucho con el flash del presente…

—¿Podemos decir que su actitud se inscribe en la filosofía de los años 70?

—Sí, en el movimiento hippie, en el que la creatividad era fundamental.

—¿Se considera más un artesano que un artista?

—Ni artista ni artesano. Soy una persona creativa, punto.

—No firma todos sus cuadros. ¿Por qué? 

—Si no tengo que exponerlos, venderlos… ¿para qué firmarlos?… Sé que los he pintado yo. No tengo el culto a la personalidad. De hecho, en este caso sería más artesano que artista.

—Por cierto, ¿no tiene la impresión de que muchos pintores tienen más ganas de firmar que de trabajar?

—¡Hay de todo en la casa del Señor! Puede que sí, pero pienso que él que se dedica a la pintura lo hace por vocación, no para ser reconocido. La pintura es más dura de lo que puede parecer. Son muchos sinsabores… Nunca se termina de aprender. ¡Seguro que hay otros caminos más cortos para llegar a la fama que la pintura!

—¿Mira a veces sus antiguos cuadros?

—Cuando vienen a visitarme y se interesan por mi obra… (Risas) En realidad, mis cuadros están muy bien durmiendo y evito despertarlos. (Más risas)

—¿Donde conserva sus lienzos?

—En cualquier sitio… en el desván, en el garaje… ¡Donde quepan! Mi hermano también tiene muchos cuadros míos en su casa.

—¿También los almacena en su garaje?

—No, él los expone. Le gustan…

¿Las condiciones de conservación son buenas en un desván, en un garaje…?

—Sí. He dicho que no miro mis cuadros y es verdad, pero de vez en cuando los repaso. Ahora bien, no les quito el polvo ni las telas de araña, porque constituyen una buena protección… (Risas)

—García Márquez dice que uno crea para ser querido. ¿Usted pinta para ser querido?

—Sí, claro. En una creación, sea literaria o plástica, reflejas una parte de tu sensibilidad y esperas siempre que los otros la reconozcan.

—En estas condiciones, mejor exponer, ¿no?

—La mirada del otro importa, no lo niego, pero no necesito llegar al gran público.

Personalmente me conformo con la gente que viene a visitarme… Por cierto, si no tiene prisa, luego, después de la entrevista, vamos a mi desván y le enseño mi producción.

—¡Con mucho gusto! Justamente tengo un poco de tiempo. Sólo he quedado con unos amigos para cenar…Volviendo a nuestro tema, ¿piensa que hay demasiada competición en el mundo de la pintura? ¿Que los artistas hoy en día se preocupan demasiado por exponer, vender, etc.?

—Sí, eso lo demanda nuestra sociedad moderna, así como nuestra manera de vivir. Es una dinámica en la que hemos entrado.

—Leí hace poco que cuando uno entra en la competición, entra en un formato poco compatible con la búsqueda artística auténtica. ¿Qué opina? ¿Está de acuerdo?

—Totalmente de acuerdo. Un autor tiene que encontrar su propio yo. Si se enfrenta con los demás, no se encontrará nunca a si mismo.

—¿Piensa usted que los artistas de hoy se comprometen demasiado con el sistema, con el orden establecido para triunfar y destacar? 

—Creo que sí, que desafortunadamente la inmensa mayoría se compromete demasiado. Es una lástima, porque entre ellos hay personas muy válidas que podrían hacer otra cosa, podrían aportar algo mejor al mundo.

—¿Qué contestaría a los que dicen que no enseña sus creaciones porque tiene miedo a las críticas?

—Que es mentira. No tengo miedo a las críticas. Siempre se puede buscar un motivo oculto y feo para explicar lo que sale de la norma. Si alguien me dice que un cuadro mío es una mierda, pues nada, me jode, pero no puedo hacer nada. Es su opinión. En todo caso, yo no pinto para gustar a todo el mundo. Supongo que si tuviera miedo a las críticas, haría algo más conformista, más normal.

—¿Piensa que será famoso después de su muerte? ¿Es posible?

—No sé si mis hijos podrán llevar adelante mi obra, si los muleños juzgarán necesario hacerme una retrospectiva, dedicarme un espacio en el pueblo… No lo sé. La verdad es que tampoco me preocupa mucho. Nunca me ha llamado la atención la fama, lo que realmente me atrae es vivir, disfrutar de cada día.

De repente se oyen unos ladridos rabiosos y unos gritos desesperados. Se reconocen perfectamente las voces de García y Gracia.

—¿Qué pasa por allí?

—No se preocupe, don Juan José. Unos amigos míos que habrán tenido el detalle de venir a recogerme…