El miedo al dolor

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ESCRIBIR ES VIVIR

Mercedes Bautista Martínez (www.almadesuperheroe.blogspot.com)

Este espacio que tengo para expresarme y que otras personas me lean, es, para mí, un regalo. Un regalo que me apetece cuidar y mimar, así como aprovechar para dar voz a algunos temas o asuntos que considero merecen que les prestemos un poco de atención.

Por eso, hace unos días y cuando me planteaba sobre qué escribir mi próximo artículo, decidí preguntar a la gente que me sigue, qué les gustaría que tratase. Porque creo que a veces todos necesitamos que lo que nos preocupa, lo que nos ocurre, lo que tenemos dentro, se vea reflejado fuera. En una conversación, en un libro, en una canción…

Leer algo con lo que sentirnos identificados nos ayuda a comprenderlo, a procesarlo o, quizá, a liberarnos. Así que decidí prestar atención a lo que algunas personas quieren o necesitan leer y me gustó saber qué tiene cada uno dentro, y qué esperan algunos, a veces, de mí y mis palabras.

Y, de todas, el miedo al dolor fue una de las cuestiones de las que me pareció más necesario escribir.

Creo que el miedo, generalmente, se tiene hacia cosas que no conocemos, a las que no controlamos, a la incertidumbre. Sin embargo, hay uno que funciona al contrario. El miedo al dolor. En este caso, creo que el dolor es algo que, cuanto más conocemos, más miedo nos da.

Cuando algo nos ha dolido mucho, cuando sabemos cómo se siente, se nos despierta ese temor dentro, esa alarma que nos salta si vemos algún indicio o posibilidad de volver a sentirlo. El dolor es un lugar en el que nadie quiere estar, sobre todo, cuando ya ha estado antes. Incluso aunque nos hayamos hecho con herramientas para combatirlo, incluso aunque sepamos que no será eterno. No queremos vernos ahí.

Solo cuando te han roto el corazón alguna vez, sabes cuánto duele. Cuando has sufrido una pérdida, cuando has tenido una herida de las que escuecen.

Y la idea de que vuelva a repetirse nos aterra.

A veces, ese miedo está bien. Aparece para avisarnos de que quizá vamos a entrar en un camino que no debemos y rectificar, o, en caso de que el dolor nos vaya a llegar irremediablemente, para que podamos prepararnos para el golpe. Para ponernos en guardia, apretar los dientes y esperarlo con valentía, con fuerza y con poder.

Porque, por fuerte que sea el dolor, por mucho que quiera ganar, e incluso por más que nos aterre, siempre podremos con él. Siempre lograremos atravesarlo y volver a salir, a sentir la paz y a seguir respirando.

Ni el dolor ni el miedo se quedan para siempre. Pasan, (te destruyen quizá) y se van. Pero te recompones, te rehaces, te reinventas y sigues adelante. Tal vez incluso mejor que antes.

Así que no te dejes vencer por el miedo a que algo pueda dolerte. No dejes de intentar lo que quieres por si te chocas de frente y duele. Porque todo pasa. Y el dolor se irá y volverá, se irá y volverá. Se irá y volverá. Y nunca dejará de estar ahí. Pero las oportunidades, a veces, se pierden para siempre.

Y no es lo que merecemos.

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