Carlos Martínez Soler

Hace unos días, George A. Romero dijo de The Walking Dead que “se trata de una telenovela con pequeños brotes zombies”. Estas palabras expresadaLa serie The Walking Deads por el fundador del universo de los muertos vivientes no son moco de pavo. De hecho, podemos afirmar que son verdad y que lejos de ser un hándicap para la serie de la AMC, son su mejor seña de identidad.
Como diría el gran Hitchcock, “los zombies son el McGuffin, la excusa para hablar de temas de mayor calado”. Pasadas ya sus tres primeras temporadas y sumergidos de lleno en la cuarta, The Walking Dead nos ha hablado de supervivencia, pérdida, ansias de poder…Todos ellos males que acechan a nuestra sociedad y que en su última entrega han adoptado la forma de la enfermedad, ese cáncer que se instala en nuestra vidas y que nos va consumiendo poco a poco desde dentro, lo cual no deja de ser la mejor metáfora de esos seres que deambulan arrastrando sus pies pero que siempre nos atrapan: los zombies
AMC ha configurado un drama ejemplar basado en un excelente diseño de producción y en unas interpretaciones más que correctas. Si a esto le unimos los miedos ya mencionados, muy presentes hoy en nuestros días, los zombies no son más que la guinda de un pastel que debe saborearse despacio.