FRANCISCO MARÍN

¿Puede una obsesión marcar la vida de una persona?

Casi a diario recibo obras primerizas, óperas primas, manuscritos primigénios… poco a poco los voy leyendo, analizando y evaluándolos. La maPortada de El Magistrado Cuernavacayoría de las veces quedan en un intento de… y no van más allá, quedando en un sueño o, según indicaciones, volviéndolo a intentar.

De repente y como por arte de magia llega a tus manos algo que te llama la atención… te pones mano a la obra, sonríes, y capta toda tu interés… hasta el final. Esto es lo que me ha ocurrid con El Magistrado Cuernavaca, ópera prima de Pedro López Fernández. Una novela que, por encima de todo, destaca por su lenguaje y el dominio del vocabulario.

Hoy es difícil enfrentarse a tal riqueza, lo normal, en muchos casos, es la vulgaridad, la falta de vocabulario, el mal dominio de la ortografía y la gramática.

El Magistrado Cuernavaca tiene la estructura deseable en cualquier obra: planteamiento, nudo y desenlace.

La del magistrado Cuernavaca es la historia de una obsesión. Pertenece a una familia de viticultores manchegos cuyas raíces se ahondan algo más de cuatro siglos en el culto a una férrea educación, en el trabajo duro, en la responsabilidad ineludible que debe de tener una persona y en la observancia de un comportamiento sin tacha, transmitida de generación en generación. Su destino como juez viene marcado por un trágico suceso acontecido a un antepasado suyo a principios del siglo XX.
Las obsesiones, por trivial que pueda parecer su origen, cuando arraigan en terreno abonado, crecen y crecen sin parar. Su particular forma de absorber estos preceptos y los sucesos de una infausta noche en su primer año de estudiante de derecho en la capital albaceteña marcarán, como se marca una res a fuego, la existencia del magistrado y los futuros acontecimientos de esta novela hasta su desenlace final casi en la actualidad, el verano del 2011, en un bucólico rincón de la Toscana italiana, junto a sus antiguos compañeros de estudios.
La novela realiza un repaso por la vida y la peculiar historia del magistrado, utilizando la ternura narrativa para aquellas anécdotas y recuerdos de la infancia y, sobre todo, la dureza de la irreversible enfermedad paterna, sazonada con un toque de humor e ironía en los pasajes que describen la vida de estudiante y en los capítulos finales de la aventura toscana.
El autor divide la novela en cuatro partes.

La primera, titulada Las tribulaciones del señor juez, presenta al magistrado. De su mano recreamos vivencias y recuerdos.

La segunda, Una vieja y un viejo van p’Albacete, es una analepsis que recoge recuerdos estudiantiles. Con cambios preciosistas en el lenguaje se relata que le ocurrió al magistrado para que se convirtiera en obsesión.

La tercera, Por sus frutos los reconoceréis, se desarrolla en la actualidad dándonos cuenta de la situación de cada uno de los protagonistas.

La cuarta y última, El estilo liberador de la Toscaza, nos lleva al desenlace de la historia.

Es de agradecer al autor, Pedro López Fernández, que nos asombre, que nos haga reír, que, a muchos, nos transporte a nuestros tiempos universitarios, a aquellos pisos compartidos… mucha añoranza nos encontramos.

Prosa preciosista y minuciosa, descripciones al más mínimo detalle. Conocemos a los personajes hasta lo más profundo de los mismos… sentimientos, gustos, pensamientos… todo, y además un punto, una pizca, de misterio que nos espolea hasta su conclusión.

Novela muy recomendable. Léanla y a buen seguro, se verán reflejados.