DAVID LÓPEZ
El viento se ha levantado y con el la noticia de la retirada en la dirección de Hayao Miyazaki, el maestro de la animación. Pero podría apuntillar solamente diciendo “El Maestro” o “El Genio”, porque es uno de los más grandes directores y guionistas que ha dado estEl maestro Miyazakie planeta para el deleite de los amantes del séptimo arte –aunque haya sido en el campo de la animación. Y esto es un hecho irrefutable. Sus historias cargadas de amor, fantasía, ternura, aventuras y mundos imposibles de imaginar, donde habitan personajes difícilmente olvidables, han dado al mundo otra visión y concepto de la vida. A un servidor, el cine de este Señor le ha calado más allá de emociones y cualquier ansiada pasión. Sólo hay que ver El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke, o Mi vecino Totoro para darse cuenta de que te has sumergido en historias de un nivel inimaginable con resultados inenarrables. Su animación es cine y su cine es arte imborrable y perdurable. Con el estreno de su última película, Kaze tachinu (The Wind Rises), en la Mostra de Venecia, el compañero en las tareas de dirección de Ghibli, Koji Hoshino, anunció que este sería el último trabajo del autor según palabras del propio Miyazaki. Esta bomba ha sentado (sentó) como un auténtico jarro de agua fría entre sus seguidores y a amantes del cine en general. Una desagradable noticia que a fecha de hoy (fue el 6 de Septiembre), el propio realizador en un rueda de prensa multitudinaria en Tokio reafirmó que dejaba la realización “para ser libre y hacer algo diferente a la animación”. Ahora nos queda tirar de su filmografía y empezar (continuar) a sentirnos diferentes, especiales, nuevamente con maravillosas historias que nadie ha sabido sabe crear y ambientar como él.
La estela que deja es bien amplia. Un destello por encima de las nubes donde se reúnen aviadores, lobos, cerdos, peces, fantasmas, osos, espíritus del bosque, duendecillos de polvo, kodamas, castillos ambulantes, paraísos mágicos… y mucha, muchísima fantasía. Un despliegue abismal de color, surrealismo y realismo, simpleza y complejidad, que marcha sin frenos hasta lugares tan inhóspitos como muchos de los escenarios que Hayao nos muestra en sus historias. De sus manos, con ramificaciones de lápices a través de sus dedos, conectados estos a sentimientos, se deslizan personajes, paisajes y cuentos con suma delicadeza y suavidad sobre papeles creándose bocetos de incalculable valor. Una mente la de este nipón de 72 años que ha sobrepasado los límites de cualquier utopía. Películas para pequeños y adultos. Historias que te encojen el corazón e historias que te abren el pecho de tanto aire fresco y nuevo por respirar. Es imposible en un folio hablar de todos los trabajos de este Señor, pero si tuviera que hablar de uno en concreto, igual me decantaría por Mi vecino Totoro que fue mi primera experiencia y algo, de verdad, superlativo en cuanto a la agitación que sufrí interiormente. Las aventuras de Mei, Satsuki y Totoro mientras la madre de estas se recupera de una enfermedad… Pero como no hacer mención especial a la oscarizada, oso de oro en Berlín… y no ya por sus premios en sí, sino por la obra de arte que es El viaje de Chihiro. Historia que cuenta como una niña de diez años que viaja en coche con sus padres. Después de atravesar un túnel, llegan a un mundo fantástico, en el que no hay lugar para los seres humanos, sólo para los dioses de primera y segunda clase… Desde este momento, te agarrarás de la mano de Chihiro para vivir un viaje sin precedentes y sin final. Un casi alucinógeno film de efectos múltiples.
Un triste adiós. Una despedida amarga. Un final como realizador inesperado para todos. Una película recién estrenada, Kaze tachinu (Se levanta viento), que esperemos esté donde están el resto. Un viento que levanta a Miyazaki para transportarlo a otros espacios creativos donde poder convivir con su edad y capacidad mental para seguir trabajando en proyectos que de momento desconocemos, pero no obviamos serán de indudable maestría y calidad.
¡Maestro!, me has hecho emocionar y reír. Te debo muchas.