ORENCIO CAPARRÓS BRAVO

Hace dieciocho o veinte años, poco más o menos, que viví en primera persona lo que a día de hoy era, entonces, el futuro de Caravaca. Tuve el inmenso honor de estar, aquella noche en que el obispo Azagra vino a comunicar a nuestro pueblo la concesión del Año Jubilar a Perpetuidad, y lo estuve porque entonces era teniente del Hermano Mayor, Antonio Caparrós.

He sufrido en silencio, como las almorranas, las críticas de lo poco, o casi nada, que entonces se hizo para preparar el Jubilar que se avecinaba. Ahora no voy a callarme ni un minuto más.

La Caravaca de los años noventa, del siglo pasado, poco o casi nada tenía que ver con la Caravaca de hoy. Hacía apenas unos años que los rebaños no cruzaban por nuestras calles, hacía nada que los monumentos se nos caían a pedazos, y que el modesto patrimonio artístico, tanto pictórico como arquitectónico, estaban en un abandono que venía del siglo XIX. Es cierto que las autoridades regionales tardaron más de la cuenta en reaccionar y admitir las perspectivas de futuro que la concesión podría traer, no sólo a Caravaca, sino a toda la Región de Murcia. Aún así, la concesión de quinientos millones de pesetas para emprender restauraciones y rehabilitaciones, juntamente con la creación, más o menos certera en su estructura, de Caravaca Jubilar, representaban una primera apuesta por lo que vendría después. En la base de esa apuesta estaba Cristina Gutiérrez-Cortinez, consejera de Educación y Cultura, y a la que implicó el malogrado y querido Pedro García-Esteller.

Antonio García Martínez -Reina, entonces acalde de Caravaca, consensuó con la Cofradía la realización de un proyecto de restauraciones básico, del que se encargaría la Comisión Cultural, creada a tal efecto y que contó con lo mejor que Caravaca tenía, a saber, arquitectos, arqueólogos, profesores de Historia del San Juan de la Cruz… Yo dirigí, modestamente, aquel grupo de personas que realizaron un magnífico trabajo, del que salió la restauración del Santuario (altar, vidrieras, cuadros…), restauración de la Iglesia de la Concepción (artesonado y aspecto exterior realzado por los cambios en la Glorieta…), restauración del Templete (techumbres, escudos…), rehabilitación de la hospedería carmelitana, con ayudas de la Comunidad Autónoma, y que siguió dando sus resultados años después cuando se realizó la exposición, nunca superada, de Caravaca en lo Alto, e incluso en la última magna exposición sobre el “Renacimiento en Murcia” con la extraordinaria restauración realizada por Manolo y auspiciada por Angélica, directora del Banco Santander, de las tablas de Hernando de los Llanos. Los puntos suspensivos no son un recurso retórico o de olvido, sino una deferencia hacia el lector para no aburrirlo… Cobres, campanas del Salvador,órgano de la iglesia de la Vera Cruz, establecimiento de dos lugares donde hospedarse… En fin, lo dicho. Quien quiera saber que pregunte. La compra y restauración de la antigua iglesia de la Compañía, siendo Alcalde Domingo Aranda (lo viví en vivo y en directo cuando con Pedro García-Esteller, y Antonio Caparrós, Domingo y yo fuimos a pedírselo a Valcárcel), fue otro de los resultados de aquella iniciativa. Cuando he visto las dos espléndidas exposiciones que se han realizado en este último Jubilar, y que una de ellas ha contado con la visita de los Reyes de España, no cabe más que preguntarse, ¿qué podría ofrecer Caravaca, de no haber tenido un espacio expositivo semejante? Que cada cual responda lo que considere. La creación de museos, algunos tan importantes como el de uno de los grandes escultores, no sólo murcianos, sino nacionales, como es Pepe Carrilero. o la Casa Museo de los Caballos del Vino…

Quien diga que no se hizo nada, miente como un bellaco, o simplemente como un ignorante que opina de lo que no sabe. Después llegó la crisis.

Otra cosa es lo mucho que quedó, y queda (porque no se ha hecho nada en los últimos tres años), por hacer.

El gran proyecto que no llegó a feliz término, fue el de crear un centro donde realizar los cursos de verano de la Universidad de Murcia y Cartagena en Caravaca. Tanto el consejero de Educación, Medina Precioso, como Inmaculada, consejera de Economía y Hacienda, que fue pregonera de las fiestas de la Cruz, estuvieron interesados en crear, en Caravaca, un centro donde impartir los cursos de verano vinculados con Caravaca y su Jubilar; el lugar en el que pensábamos que se podría establecer ese centro era el edificio de los jesuitas, propiedad de Chillida y que estaba interesado en crear una fundación, que a día de hoy existe, y a la que se podría dotar económicamente con las matrículas y con el hospedaje de los alumnos. Chillida No quiso hacerlo…Y todo se quedó en agua de borrajas. Volvemos a tener una segunda oportunidad, y esa nos la da el convento de las carmelitas. Cuando la superiora de las monjas decidió que se iba, sí o sí, la posibilidad de compra del convento por parte de la administración chocó con la oposición de los alcaldes de las poblaciones limítrofes, de una y otra ideología, porque consideraban intolerable que tras la compra y restauración de la Compañía, se invirtiera más dinero en Caravaca, no entendieron, o no quisieron entender, que era un barco en el que iba toda la comarca , e incluso toda Murcia. Caravaca, y su Jubilar, precisan de un foco de atracción cultural de nivel, que daría vida a una ciudad que en verano padece un letargo más propio de un Campo Santo que de un pueblo con aspiraciones de futuro. Caravaca precisa, igualmente, de un auditorio, acabar el que se paralizó con la crisis debiera ser un objetivo de todos, digo de todos.

No creo que lo que escribo necesariamente tenga carga ideológica. Esto que aquí traigo desde el recuerdo fueron experiencias lejanas, y sigo creyendo que pueden tener futuro. Y por favor, que nadie repita más veces que no se hizo nada; sencillamente porque decirlo es una pura estupidez, o mal intencionada o por ignorancia. Si no hubiera sido por el empeño de la Comunidad Autónoma, y por el sacrificio, siempre al pie del cañón, de Elisa Giménez y su Junta Representativa de Cofradía, este último Año Jubilar hubiera dejado la misma nada, sin ideas y sin proyecto. Ahora que toca cambio de Hermano/a Mayor es bueno que todos pongamos sobre la mesa las opiniones y sugerencias positivas que se tengan. Las críticas debieran tener como base el conocimiento de lo que se dice.