PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Por mucho que queramos atender las recomendaciones de Francisco Javier Navarro Valls, ya comentadas en esta misma sección, hace tres semanas, y dedicar este espacio a algún “viviario”, como él le denomina con su singular sentido del humor, no podemos asumir tal recomendación en la dimensión que nos gustaría. Y eso que, hacerlo, supondría que no perderíamos a grandes voces y, por ende, a tan importantes artistas. Pero esta sección se creó con un espíritu determinado que nos obliga a otorgar prioridad a estas notables pérdidas, porque no podemos dejar en el olvido o ignorados a artistas de tal calibre que van abandonándonos de incesante manera. En esta ocasión, el turno de “despedida” es para el incomparable Paul Williams (01-12-1934, Filadelfia-Pensilvania-Estados Unidos/24-04-2016, Blackwood-Nueva Jersey-Estados Unidos), el mítico cantante, músico y estrella del soul, conocido artísticamente como Billy Paul, quien sabía cantar como pocos, al que escucharle sus canciones era un deleite y que, injusta e incomprensiblemente, era conocido como el intérprete de “Me and Mrs. Jones”, la canción que le encumbró a la fama mundial, en 1972, pero no la única y tampoco el tema exclusivo del artista que ha interpretado grandes piezas musicales que le han catapultado al paraíso de la consideración mundial. Aunque ninguna canción suya alcanzó “los milagros” de popularidad que logró la mencionada, sí interpretó temas que le sirvieron para mantener ese nivel y ganarse la vitola de indiscutible bastión del soul de Filadelfia, calificación de la que ha gozado hasta que, ahora, con 81 años de edad, un cáncer de páncreas ha podido con él, por mucho que haya luchado, como ha hecho, junto a su esposa, Blanche, para ganarle la batalla a la cruel enfermedad.

PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Por mucho que queramos atender las recomendaciones de Francisco Javier Navarro Valls, ya comentadas en esta misma sección, hace tres semanas, y dedicar este espacio a algún “viviario”, como él le denomina con su singular sentido del humor, no podemos asumir tal recomendación en la dimensión que nos gustaría. Y eso que, hacerlo, supondría que no perderíamos a grandes voces y, por ende, a tan importantes artistas. Pero esta sección se creó con un espíritu determinado que nos obliga a otorgar prioridad a estas notables pérdidas, porque no podemos dejar en el olvido o ignorados a artistas de tal calibre que van abandonándonos de incesante manera. En esta ocasión, el turno de “despedida” es para el incomparable Paul Williams (01-12-1934, Filadelfia-Pensilvania-Estados Unidos/24-04-2016, Blackwood-Nueva Jersey-Estados Unidos), el mítico cantante, músico y estrella del soul, conocido artísticamente como Billy Paul, quien sabía cantar como pocos, al que escucharle sus canciones era un deleite y que, injusta e incomprensiblemente, era conocido como el intérprete de “Me and Mrs. Jones”, la canción que le encumbró a la fama mundial, en 1972, pero no la única y tampoco el tema exclusivo del artista que ha interpretado grandes piezas musicales que le han catapultado al paraíso de la consideración mundial. Aunque ninguna canción suya alcanzó “los milagros” de popularidad que logró la mencionada, sí interpretó temas que le sirvieron para mantener ese nivel y ganarse la vitola de indiscutible bastión del soul de Filadelfia, calificación de la que ha gozado hasta que, ahora, con 81 años de edad, un cáncer de páncreas ha podido con él, por mucho que haya luchado, como ha hecho, junto a su esposa, Blanche, para ganarle la batalla a la cruel enfermedad.

A los 12 años ya cantaba en vivo en las emisoras de Filadelfia
Se identificó pronto con el jazz, porque los grandes saben que ese género es la clave, así como el rhythm and blues y un pop que le mantenía en la cresta comercial. A todo esto, inició su carrera musical a la escandalosa edad de 12 años, pateándose las emisoras locales de Filadelfia para cantar en vivo y hacer gala de su prodigioso timbre de voz. En la Escuela de Música de West Filadelfia perfeccionó su técnica vocal, razón, quizás, por la que su voz siempre nos llegaba prodigiosa y superior a otras. Comenzó a darse a conocer en los ambientes musicales de su ciudad para comparecer, posteriormente, en campus universitarios y clubes de todo el territorio de su país, atrevimiento que le sirvió para estar en contacto con grandes estrellas de la época y participar, así, en sus conciertos, como ocurriera con Dinah Washington, Roberta Flack, Nina Simone, Sammy Davis Jr., Miles Davis, “The Impressions”, Nancy Wilson o Charlie Parker, entre otros consagrados de entonces. Posteriormente, también entabló relaciones profesionales, gracias a su peculiar voz, con artistas blancos, como Bob Dylan, Paul Simon, John Fogerty, Carole King o Elton John. Pero, él, nunca disimuló su incondicional predilección por el particular estilo de Nat King Cole o Ella Fitzgerald. Creó un trío para grabar su primer disco, “Why Am I”, cuando todavía era muy joven y previo a su incorporación al servicio militar, obligación patriótica con la que pasó un tiempo en Alemania, donde coincidió con otros músicos como Elvis Presley o Gary Crosby. A su regreso, Billy Paul entabló relaciones con la discográfica “New Dawnquienes”, sello que le colocó en el grupo de Harold Melvin, un considerado y prestigioso artista que se hacía acompañar por la banda “The Blue Notes”. Más tarde, grabó los álbumes titulados “Feeling Good at the Cadillac Club” y “Ebony Woman”. Posteriormente y ya con la discográfica “Philadelphia International Records”, llegaría “Going East”, disco que le aportó amplio y fresco reconocimiento ante su legión de seguidores, quienes todavía prestarían más atención y valoración a “360 Degrees Of Billy Paul”, material que le reportaría uno de sus mayores éxitos comerciales y de opinión pública, esencialmente gracias al legendario tema ya mencionado, “Me and Mrs. Jones”, grabación que ostentó el “número uno” del prestigioso “Hot 100”, durante varias semanas, en 1972. Logró vender la friolera de dos millones de copias, lo que le permitió al artista ganar un premio “Grammy” en la categoría de intérprete masculino de rhythm and blues. En el Reino Unido, igualmente, penetró en el “Top 20” y pulverizó las listas de éxitos en múltiples países. Si el lector no conoce o no recuerda esta composición, “Me and Mrs. Jones”, por favor, escúchela y “aparque” las preocupaciones durante un buen rato. Seguro que, luego, repite la audición, porque es una canción que “engancha” y no poco. Aborda una relación extramatrimonial y se convirtió en una composición que, posteriormente, fue interpretada por numerosos artistas de marcado prestigio, entre los que destacan el ya mítico y joven cantante canadiense Michael Bublé o el dúo de pop norteamericano, de Filadelfia, Hall & Oates.

Numerosos premios y distinguidos reconocimientos
Por añadidura, Billy Paul ganó premios “Ebby” en reiteradas ocasiones, así como “American Music Awards” y premios de la “NAACP”, todo ello como reconocimiento a los 15 discos de estudio que llegó a grabar con notable éxito, a pesar de que su “Me and Mrs. Jones” gozó de un impacto tan potente que le perjudicó de cara al resto de sus trabajos, pues muchos de sus temas, colmados de calidad y llenos de sensibilidad, llegaron a verse un tanto eclipsados porque Billy Paul ya era, para todos e injustamente, el cantante de “Me and Mrs. Jones”, un tema, insistimos, que gozó de inusitada popularidad, un soul de terciopelo que acariciaba los sentidos, elegante, con un acompañamiento orquestal irrepetible y con la sentida, dolorida y nostálgica voz de su extraordinario cantante que escenificaba e interpretaba, con gestos muy representativos, su estado atormentado por su clandestina relación con una mujer sentimentalmente “ocupada”, como contaba la letra de la canción. Por eso, precisamente, en el lenguaje de la industria discográfica, Billy Paul fue injustamente catalogado como “one-hit wonder” (“flor de un día”).

Los “royalties” no percibidos
En el año 2000, observó, repentinamente, que la marca deportiva Nike usaba, sin su conocimiento, las notas de “Me and Mrs. Jones” como fondo musical de uno de sus anuncios publicitarios. Paul demandó, de inmediato, a sus propios productores. Pero ellos, que eran auténticos expertos en “contabilidad creativa”, en lugar de reconocer noblemente su negligencia en el pago de “royalties” al cantante, aseguraron que era el intérprete el que les debía alrededor de 300.000.- dólares en concepto de gastos de producción no recuperados. Después, un tribunal condenó a Gamble y Huff, sus antiguos “protectores”, a pagar un millón de dólares al artista. A continuación, O’Jays, Archie Bell y otros damnificados por “Philadelphia International” exigieron compensaciones por las prácticas indignas de unos productores que, incomprensiblemente, se disfrazaban como las personas respetables e imprescindibles dentro del negocio de la música negra. Y no ocultamos que Billy Paul también volvió al ambiente de los locales nocturnos y alimentó, con ello, una relación con la cocaína que le complicó su existencia notablemente.
Será añorado, recordado, querido y valorado siempre, sin duda, por su singular, melodiosa e inimitable voz. Descanse en paz el mítico e inolvidable Billy Paul. Buenos días.