MARINA MARÍN GARCÍA/ESCRITORA

¿Qué público es el más exigente? Sin duda alguna, el que implica a los más pequeños. Eso lo sabe muy bien Salvador Díaz, conocido como “Salvatorix”, que teatraliza sus cuentos para atrapar a los más pequeños.

Salvador empezó a escribir siendo niño. Cuando conversamos, me contó que, cuando en el colegio pedían redacciones, él <<escribía cuentos locos, divertidos y disparatados>>. Además de la literatura, estuvo rodeado de pintura, aspecto que lo llevó en muchas ocasiones a escribir pequeños cómics que luego compartía con sus compañeros y que, con catorce años, le otorgó su primer premio literario al participar en un concurso sobre la mujer trabajadora de la Consejería de Igualdad de la Junta de Andalucía. La obra consistía en un cómic en el que se criticaban las dificultades a las que se enfrentan las mujeres y al que, él y el resto de compañeros, dieron un toque humorístico. Su mayor pena es no tener un ejemplar de esa obra y que el manuscrito haya desaparecido. A pesar de esto, se queda con el viaje que hizo con sus amigos como premio y, sobre todo, con la ilusión, emoción y orgullo que sintió en esos momentos y que, a día de hoy, sigue sintiendo.

Tras esa primera publicación, Salvador tuvo claro el camino que quería recorrer. Nadó a contracorriente y se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios, aunque más tarde volvió al itinerario de formación normalizado. Este escritor se ríe al preguntarle por su profesión, pues afirma que él solo sabe que lleva más de veinte años trabajando con niños como cuenta cuentos, haciendo espectáculos de circo callejero, pasacalles musicales y hasta se ha atrevido a amenizar bodas o bautizos. <<Soy lo que se llama un showman>>, afirma Salvador entre risas.

En cuanto a sus publicaciones, he de decir que debido a su profesión colabora con diversas instituciones y que esto le ha brindado la oportunidad de trabajar con el Ayuntamiento de Córdoba para escribir un cuento por la campaña de sensibilización contra el absentismo escolar. Por otra parte, tiene Cuentos del juglar, obra publicada mediante una coeditorial, cuyos relatos nos hablan de aventuras, deseos y anhelos del propio autor contados a través de personajes variados que te atrapan y te transportan a lugares repletos de fantasía y magia. Esta obra es la que presentará el próximo sábado 15 de mayo a las 12:00 horas en el paseo de La Corredera en Caravaca y que cuenta ya con una segunda edición. Salvador también me confesó que tiene la intención de publicar una serie de cuentos y leyendas medievales en un futuro, aunque no sabe si ese futuro será más o menos lejano.

En cuanto le pregunté si tenía algo similar a una novela me dijo, rotundamente, que sí, pero que eran solo los primeros capítulos de una historia que nunca se ha planteado terminar. Dicha historia nació en su juventud, cuando se reunía todas las semanas con un grupo de amigos en el campo y todos llevaban algo escrito durante la semana para compartirlo. Y, por si fueran pocas sorpresas las que me dio durante nuestra charla, terminamos hablando de lo mucho que le gusta escribir poesía, aunque no se haya atrevido, hasta el momento, a publicar un solo poema. Pero quién sabe si, en un futuro, se lanzará a publicar esos versos que están guardados bajo llave en un profundo cajón.

Tras todo esto, no me quedó más remedio que preguntarle por su proceso de escritura porque mi intuición me dijo que sería tan interesante como él. Así, me explicó que tiene docenas de cuadernos con ideas, pequeñas historias y dibujos propios que, de vez en cuando, rescata y da forma hasta que se convierte en una historia. A pesar de que ese suele ser su proceso normal de creación, me comenta entre risas que, en ocasiones, le llega la inspiración y el cuento sale sin apenas pensar. Para él, la frase <<que las musas vengan, pero que te pillen trabajando>> lo define al completo. De hecho, y como anécdota de uno de esos momentos de inspiración, por petición de un trabajo para la época navideña, se le ocurrió montar un cuento-circo en el que, a medida que transcurre la historia, Salvador introduce varios números de circo callejero. <<Los niños de ahora no se conforman con cualquier cosa, tienes que atraparlos>>, afirma con rotundidad mientras me explica que la forma tradicional de contar un cuento ya no sirve porque los niños se aburren y su atención se evapora.

Este escritor muestra que con trabajo y esfuerzo todo se consigue y que, además, no hay ser más exigente y más agradecido que un niño al que le han contado un maravilloso cuento.