PEPE ABELLÁN CARRASCO

En el primer discurso de Rubalcaba como candidato a las generales por el PSOE, en julio de 2011, anunciaba la vuelta del PSOE a las políRubalcabaticas de Izquierda. Hablaba, entre otras cosas, de someter democráticamente a los poderes económicos o de reformar la ley electoral (véase Asturias). Eran las propuestas que hacía como candidato a presidir el siguiente gobierno, pero casualmente en ese tiempo tambíen era vicepresidente del gobierno en vigor, al que todavía le quedaban 5 meses para poder llevar a cabo muchas de esas promesas.
Tan sólo bastó un mes para que votara como diputado (junto con el PP) y defendiera como candidato, la reforma expres del artículo 135 de la Constitución para someter todos nuestros derechos al pago de la deuda.
Este pasado fin de semana ha llevado a cabo una Conferencia en la que han vuelto a anunciar ese giro hacia la Izquierda. En ella han justificado y defendido las medidas que tomaron en el último gobierno, centrando la autocrítica exclusivamente en los errores en su explicación. Deduzco entonces que el PSOE que ha vuelto es el mismo que se arrodilló ante la troika y modificó la constitución, el que recortó del sector público, el que rescató bancos, el que indultaba banqueros, el de los 5 millones de parados, el que aumentó la edad de jubilación, el que congeló las pensiones, el que abarató y subvencionó el despido, el que eliminó el Impuesto de Patrimonio, el que subió el IVA, el que creó juzgados para agilizar desahucios, el que mantuvo y mejoró los privilegios de la iglesia católica, etcétera, etcétera, etcétera, y que el único cambio será que, a partir de ahora, nos lo van a explicar todo mucho mejor. Además, ya tienen la solución: todo se arregla con unas primarias abiertas (acuérdense de Borrell).
Todo el mundo se puede equivocar y debe tener derecho a poder rectificar, pero al PSOE ya se le han dado muchas oportunidades para ello y siempre ha terminado traicionando y engañando a sus votantes de izquierdas. Para que lo podamos considerar como Izquierda, debe demostralo con hechos. Ya no valen promesas, ya no vale el marketing. La gente no se conforma con que le digas que va a poder elegir al candidato, si después ese candidato va a hacer lo contrario de lo que promete. Ya no vale aparentar una cosa y hacer la contraria. Ya no vale ese espíritu republicano que abuchea una resolución de apoyo a la monarquía que después obtiene apenas cinco votos en contra de casi mil delegados. Ya no vale decir que se gira 180º hacia la izquierda cuando en realidad se gira 360º en el sentido contrario a la agujas del reloj.
¿Y si esos votantes desencantados dan una oportunidad a otra organización de izquierdas y vemos de lo que es capaz?