MANUELA SEVILLA/Foto: P. Cascales

Cuando se divisa el pueblo desde la lejanía es cuando nos damos cuenta que el punto más alto se sitúa en la chimenea industrial que se encuentra en el barrio de Nuevo Pozo, determinando el «skyline» de Calasparra al sobrevivir a la época industrial en la que fue construida.
Esta chimenea pertenece a la Fábrica de Conservas de Higinio Marín Fernández hoy en día en desuso, construida la chimenea en 1959 y que anteriormente fue fábrica de esparto. Es a partir del segundo tercio del S. XIX, cuando comenzó la Revolución Industrial en España y en la Región de Murcia en el año 1905, con la construcción de las fábricas de conservas, cuando un empresario mallorquín, Juan Esteva, construye la primera fábrica conservera en Alcantarilla y en 1922 se instala Hero-Alcantarilla.
La localización de las empresas está en las zonas limítrofes del río Segura, ya que en sus proximidades se encuentran huertas con una excelente producción. Las mejoras técnicas de conservación de los alimentos posibilitan alargar el consumo, utilizándose sobre todo dos frutas de hueso excepcionales (albaricoque búlida y melocotón) y dos hortalizas (pimiento y tomate). Será a partir de 1946 cuando las empresas conserveras se estabilizan, introduciendo innovaciones técnicas, y, por tanto, creciendo en producción.
Esta fábrica calasparreña sigue los patrones de las construcciones conserveras que constaban de una amplia nave con ventanales, cubierta a doble agua con techumbre de teja, con patio interior y altos techos donde se encontraba la caldera alimentada con leña. Es así como aparece un elemento arquitectónico de gran valor, las chimeneas, necesario por la utilización de calderas alimentadas con leña o carbón de coque, ya que este proceso generaba gran cantidad de humo. Estas chimeneas se construían con un basamento cuadrado o circular se orientaban N-S o E-O, con ladrillo macizo de cara vista y el fuste podía ser cuadrado, circular e incluso octogonal, construyéndose desde dentro. A partir de los setenta se dejaron de utilizar, pues con el uso del fuel oíl se desprendía menos humo.
Nuestra chimenea (que ya nos pertenece a todos como Patrimonio Industrial) presenta varias partes: basa o pie de forma cuadrada, de 4 metros de ancho por 3 de alto construida a la manera flamenca, colocando un ladrillo a soga y otro a tizón, con junta enrasada y unidas con mortero. Está rematada con la cornisa, que cumplía dos funciones: protección, frente al agua de la basa, y decorativo, la voladura se hace con dos hiladas de ladrillo a soga y tizón y con un dentellado pareado (dos ladrillos) en forma de doble «T», detalle que la hace singular pues solo existe otra con este dibujo en Utrilla, Teruel (López Patiño), y en nuestra región en la Chimenea de La Flota. La ornamentación tiene el sello característico del constructor, fuste redondo y liso, decorado con una banda helicoidal pintada en rojo almagro, que recorre toda la chimenea, y al final la corona, con el uso de piezas de colores con bandas de baquetones y arquillos ciegos, que aparte de ser decorativos servían para favorecer la salida de humos, y unas flechas terminadas con azulejos de color brillante (estilo neo mudéjar). Está rematada por el pararrayos, elemento necesario para proteger tanto la chimenea como las construcciones que la rodean, soldado a una pletina que conduce el cable de descarga a tierra a través de unos hierros con porcelana, «hiladores». En una de sus caras se encuentra un arco semicircular de dos roscas, que servía de abertura para que los obreros pudieran acceder a la construcción de las mismas. Existen otros elementos ocultos, como las galerías subterráneas, que conducen los gases y humo de la caldera al tubo de la chimenea, y la escalera interior metálica que servía para la construcción y posterior limpieza de la chimenea. La limpieza se realizaba tirando unos cohetes que desprendían el hollín adherido a las paredes, mejorando así el tiro de la chimenea.
El constructor de chimeneas, Juan Pacheco Pellicer, nacido en 1858, inicia la saga constructora con sus tres hermanos en Alcantarilla y sus descendientes continuaron con este oficio, creando una escuela propia aprendida de los primeros constructores de chimeneas en la región, que eran catalanes y valencianos. Con su oficio superaron a estos en maestría, además de encontrar sus señas de identidad al construir chimeneas de sección circular, estilizadas y profusamente decoradas. Trabajaron en toda la región, en empresas conserveras de Blanca, Cieza, Caravaca, Campos del Río, Algezares, Tiñosa, Alcantarilla, Alhama, Murcia, «Horticola Cobarro»… y fuera de ella en Palma de Mallorca, Sevilla, Granada, Baza, Pozo Alcón, Zaragoza (Central Lechera), Sahagún de Campos (León)… La chimenea de Calasparra fue construida por Diego López López, natural de El Palmar, que formaba equipo con José Riquelme Almagro (tercera generación de la familia Pacheco) como técnico, y otros seis operarios, que seguramente serían albañiles de la zona. Como dato curioso señalaré que siempre iban a gastos pagados, comida y alojamiento, y que cobró 150.000pts como maestro de chimenea. Información facilitada por Pedro L. Cascales.
Las chimeneas se construían haciendo un cimiento de 4 x 4 metros de ancho, de piedra y cal, sin unir una piedra con la otra, hasta el nivel del suelo y dejando el hueco del «aposador» de humos (término solo utilizado en Murcia en otros lugares llamado «cenicero»). La primera parte se construía con andamios y resultaba más fácil, ya que en el siguiente tramo los materiales se izaban por el interior, subidos con un elevador o «cabria», con dos garruchas, una en el exterior y la otra en el interior de la chimenea. Los ladrillos eran de diferentes tamaños dependiendo del tramo de chimenea, colocándose unas tablas cruzadas a modo de andamio. Cada vez que se levantaba un metro de altura, la chimenea iba perdiendo 5 cm en diámetro, hasta llegar a la cúspide que resultaba de un total de unos 80 cm de «garbillo». La terminación de la cabeza con su corona y boquilla, como ya he dicho, representaba la firma del maestro. En la comarca del Noroeste tenemos otra en Caravaca fábrica Los Robles, Cehegín con tres chimeneas: Conservas Vegetales Argos, Conservas Vegetales La Muleta y la tercera de la Destilería Antonio Carreño y en Bullas la chimenea de Escaméz.
Esta profesión de «constructor de chimeneas» ya ha desaparecido, pero su buen hacer y maestría hace que sus obras perduren en el tiempo como gigantes de ladrillo, luchando contra los elementos meteorológicos y la insensibilidad artística del presente para recordarnos el pasado.