José Antonio Melgares Guerrero.

                                                          Cronista Oficial de la Región de Murcia

Otra de las empresas pioneras en la economía caravaqueña del ecuador y segunda mitad del S. XX, fue la que regentó como gerente y dueño de la misma Juan López Guerrero,  quien cariñosa y popularmente fue conocido como Juan Ford, el cual edificó casa familiar y abrió la citada empresa de concesión de la casa Ford Motor Ibérica, en amplio espacio urbano junto a ella, en la esquina de la Carretera de Murcia (hoy “Maruja Garrido”), donde se iniciaba la durante tantos años denominada Prolongación de la Gran Vía.

Primer emplazamiento del Garaje Ford. Hacia 1927

Primer emplazamiento del Garaje Ford. Hacia 1927

El primer concesionario de la firma Ford, en los años veinte del siglo que se nos fue, era Antonio López Gonzalo, quien tuvo las instalaciones de la concesión al final del primer tramo de la Gran Vía, frente a la desaparecida Chimenea de Bejar, haciendo esquina con la Carretera de Murcia, en solar que conocimos los de mi generación y hoy se levanta un moderno e impersonal inmueble, en cuyos bajos abren sus comercios de librería y joyería Rosendo Romera y José María el Chavo respectivamente, entre otros.

La concesión pasó posteriormente a manos del fotógrafo José Martínez Salinas (Martínez), quien tuvo como socio y ayudante a Ventura Herrera, ubicándose el taller a la salida de la calle de Los Molinos, y contando con la experiencia y competencia del mecánico José Albarracín (quien provenía de la empresa Auto Caravaqueña).

                       Tras la Guerra Civil, período que acabó paralizando toda la actividad económica, el propio Martínez, cuya actividad artística le satisfacía y le ocupaba con preferencia al negocio automovilístico, le ofreció a un joven y emprendedor personaje, el quedarse con la empresa. Me refiero a Juan López Guerrero, quien había trabajado desde su adolescencia primero en la corresponsalía de banca de D. Antonio Aroca y luego en la Fábrica del Chocolate y en las ferreterías de D. Liberato Díaz y García Martínez consecutivamente, no importándole mucho el negocio de fabricación de fibra de cáñamo Celdrán Rios Benavent en el que se ocupó tras la conclusión de la contienda referida.

Juan Ford había edificado su casa en 1943, y en el espacio mencionado, contiguo a la misma, abrió el negocio de concesión Ford Motor Ibérica, en octubre de 1946, atendiendo a sus clientes en la distribución y venta de recambios, así como en el taller mecánico para las unidades de dicha marca que se encontraban en servicio, no tocando, en cambio, al principio, la venta de vehículos.

El Garaje Ford fue una auténtica escuela de profesionales. Mecánicos que siguieron su trayectoria y se establecieron luego por su cuenta, tales como El Bolilla, Patrocinio y los dos Antonios (El Chato y El Hombrecico), quienes siguieron como clientes de Juan Ford en su nueva actividad. Otros, como Pepe Caro, que luego fue Jefe del Servicio Oficial Renault. Manolete, que acabó siendo mecánico de la Fábrica del Chocolate y dueño de un gran taller. Andrés Navarro Marín El Chisme, y otros que, sin establecerse por su cuenta, fueron muy buenos profesionales, como Ansón, Pablo Barrera y El Barrigueras. 

                       La sección de recambios comenzó a funcionar con Ventura Herrera García (El Cojo Herrera),y Juan Sánchez Torrecilla. En septiembre de 1947 se incorporó Francisco Sánchez Martínez (Paco Pim), haciéndolo después José Caro García-Melgares, quien previamente había sido mecánico, antes de su incorporación al Servicio Militar. También trabajaron en la mencionada sección de recambios Pedro Martínez Fernández, Juan Antonio Ferrer Vacas y Juan Elum Ruiz.

Juan Ford, que siempre tuvo una gran visión de futuro, acabó instalando en el interior del garaje un surtidor de gasolina y gas-oil antes de la existencia de las gasolineras locales. Este surtidor rivalizaba en la venta de combustible con los otros dos existentes: el de D. Liberato Díaz en La Glorieta (que después regentó Pedro López “El Caillo”), y el que había a la entrada a la Gran Vía por la Carretera de Murcia, que era de Las de Lópezy que atendía Juan el de la Gasolina.

                       En este sentido, el Garaje Ford fue el origen de las gasolineras en Caravaca. Juan, su gerente y dueño, montó primeramente la estación de servicio Río de Janeiro,y otra posteriormente en Cehegín, adquiriendo, en 1970 la existente en la Carretera de Granada, denominada Vera Cruz.

                        Juan Ford, además de emprendedor y previsor de futuro, fue modelo de jefe para sus subordinados, a quienes siempre tuvo por colaboradores, no escatimando subidas en los sueldos de los mismos y organizando reuniones periódicas de convivencia, que acabaron institucionalizándose cada año en la víspera de San Juan, en el restaurante que tenía el popular José Mari  en el Hotel Victoria; y el día de Navidad en su propio domicilio.

Juan Ford, que se identificó con la marca hasta el extremo de poner su logotipo en el panteón familiar que construyó en el cementerio, y quien también vendió coches, pero no de la marca que puede pensar el lector sino Morris y Austin, en la década de los setenta, falleció el 26 de junio de 1996, a los 90 años, plenamente satisfecho de su obra. Antes había dejado los negocios en manos de sus hijos Juan Pedro y Enrique, quienes por mor de los tiempos los transformaron, desapareciendo el emblemático garaje, referente obligado para tantos caravaqueños y comarcanos durante muchos años y punto de encuentro en una Gran Vía con menos coches y edificios de menor altura, que permitían desde cualquier punto de la misma la contemplación del Castillo y Basílica de la Vera Cruz.