Ya en la calle el nº 1044

El fuego de la libertad

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

Montserrat Abumalham/escritora

El refugio de la filosofía en tiempos sombríos (1933-1943), me propongo hacer una reflexión inspirada en este ensayo, recientemente publicado en español, del escritor, filósofo y docente Wolfram Eilenberger (ed. Taurus, Barcelona, 2021).

Se trata de un libro muy ameno, de alta divulgación, en el que de manera intencionada se van mezclando las vidas de cuatro mujeres cuyo pensamiento ha impregnado el siglo XX y aún sigue presente, con sus biografías y con los acontecimientos que dieron lugar al ascenso de figuras como Hitler y Stalin, quienes, cada cual a su modo, protagonizaron la Segunda Guerra mundial y los desastres del totalitarismo. Estas cuatro mujeres son Simone de Beauvoir, Simone Weil, Hanna Arendt y Ayn Rand. Cuatro pensamientos y actitudes vitales bien diferentes, pero unidas por la lectura profética de los hechos de su tiempo y por la búsqueda de soluciones a los desastres que les tocó vivir.

La primera cuestión que se suscita es que en una situación tan grave como la década que se recoge, diversos pensadores, entre ellos estas mujeres, supieron poner nombre y mostraron su preocupación por la realidad individual y social, mientras que en medio de esta pandemia son pocas, por no decir nulas, las voces que se alzan en una reflexión que vaya más allá del retorno al pasado o de la crisis económica.

La libertad, en su fuego, que da título general a la obra, es un término y un concepto que se está manoseando en estos tiempos de pandemia, dejándolo desprovisto de su sentido profundo y banalizándolo. Mientras estas pensadoras en los años treinta se preguntaban acerca de las tensiones entre libertad colectiva e individual, tomando posturas a veces antagónicas, en el presente, la libertad se queda en la representación del capricho o la apetencia coyuntural y personal.

Algunos han empleado a lo largo de este año y medio de muerte y calamidad, a cuenta del dichoso virus, términos bélicos para designar la situación y algunos otros les han recriminado la utilización de ese lenguaje de guerra. Sin embargo, el número de muertos, las restricciones de las libertades, el desastre económico, las secuelas no deseadas en los que sobreviven, el paro, el empobrecimiento de unos y el meteórico enriquecimiento de otros, los brotes autoritarios, el individualismo exacerbado, junto con un humanitarismo poco efectivo, el rechazo a los diferentes, las descalificaciones de  refugiados e inmigrantes, la depreciación de la cultura y las artes, la tendencia hacia un pensamiento único son rasgos comunes a una situación de guerra y, desde luego, son el objeto de la reflexión de Weil, Arendt, Beauvoir y Rand.

Nada nuevo bajo el sol; las desgracias se parecen demasiado unas a otras. Da igual que procedan de la voluntad imperial de algunos seres humanos o de un ser invisible que también sobrevive gracias a dominar los cuerpos de sus víctimas y aniquilarlas, en una especie de imperialismo macabro.

Con las sucesivas oleadas de contagios, hemos renovado a cada momento la sensación de incertidumbre y la constancia de la cercanía de la muerte. Una frase reveladora de Simone de Beauvoir: (Uno) Está en la incertidumbre, esa puesta entre paréntesis del mundo, de todo el presente… Una definición acertadísima y consciente de la realidad que se vive.

Estas mujeres lúcidas e inquietas examinan el pensamiento de Husserl, Heidegger, Hegel, Benjamin con el fin de tomar posición frente a la realidad. Cómo se echa de menos un debate actual acerca de lo que significan los demás en nuestras vidas individuales; acerca del sentido de una vida que aparece abocada a la muerte y en la que no se puede planear un futuro. Pues, aunque asumimos que toda la vida camina hacia la desaparición, podemos imaginar al menos qué haremos con nuestro tiempo, hasta que la violencia o la enfermedad nos arrebatan esa ficción que es el futuro. Se echa a faltar una reflexión en profundidad entre libertad y responsabilidad, entre egoísmo y humanitarismo. Un pararse ante la fragilidad, la presencia, la existencia, la trascendencia. La simplificación del pensamiento, la tendencia hacia la uniformidad no dejan de ser rasgos de carácter totalitario que se infiltran por diversos cauces en nuestras vidas, dejándonos sin conciencia de individuos y abocándonos a ser simplemente parte de una mayoría informe, cuando no de una minoría que debe ser aniquilada o esclavizada.

Todo esto lo encontramos en el pensamiento de estas mujeres, en sus desarrollos, en sus lecturas de los hechos que ocurren a su alrededor. Muchas de sus soluciones y utopías nos pueden parecer fuera de lugar o erradas, pero sin duda útiles para abrir un debate con pleno sentido actual. Sin duda, un libro que nos plantea un análisis de un pasado no muy lejano pero que nos lanza un reto acerca de nuestro presente.

 

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