FÉLIX MARTÍNEZ/ASOCIACIÓN ESPACIO DE ALCOBA

Nada más lejos de mi voluntad hacer pasar esta sección por un obituario, sin embargo, a veces los meses y las fechas vienen de tal manera que parece difícil escapar de tal situación. Ruego que, en la medida de lo posible, se me perdone.

El título puede parecer algo pretencioso, incluso desfasado o desproporcionado. Más aún cuando sepan ustedes de quién estamos hablando. Hay que remontarnos hasta el veintidós de febrero de 1939, en Collioure, para encontrarnos con el cadáver de don Antonio Machado. Si le han saltado todas las alarmas, enhorabuena. Pues es un poco difícil de dirigir en un primer tránsito que el insigne poeta sevillano sea aquí llamado filósofo. He de advertir que pasa con más asiduidad de lo que debiera, tanto en los departamentos académicos de filología como en los de filosofía. Antonio Machado es un culo inquieto en lo que a su teoría se refiere.

En los últimos años he dedicado la mayor parte de mi labor investigadora a intentar desentrañar todo este misterio. Y puedo decir que sí, que Machado era filósofo. Este autor no es únicamente «el mejor poeta del siglo XX», en palabras del poeta Ángel González, sino que, además, tiene toda una armazón teorética que lo abala como un filósofo adelantado, en muchos aspectos, a su tiempo, tanto si miramos a la filosofía hispánica como si nos referimos a la filosofía extrafronteriza. En Antonio Machado encontramos una teoría del conocimiento, la cual se encuentra a caballo entre Immanuel Kant y Henri Bergson, aunque dotándola de una sublime originalidad al dotar a lo poético como instrumento para la tarea fundamental del conocer. También mantiene una clara postura ontológica, aunque en su caso podríamos hablar de que es el iniciador de la vertiente me-ontológica. Ésta es aquella que trata de aprehender el concepto de la Nada como primordial, siendo, por otro lado, el que daría origen el concepto de Ser. Esta visión es diametralmente opuesta a la concepción tradicional de la historia de la filosofía. Encontramos, aunque esto nos pueda sorprender menos, una teoría estética. Donde, como rasgo a destacar, encontramos una arcana relación entre la poesía y el pueblo, concepto este que se opone al de élite. La poesía, tendría su origen en el sentimiento auténtico y propio del pueblo.

Pero no solo se queda aquí, sino que va a ser el primero en establecer una ética de corte netamente dialógico fundamentado en la intrínseca igualdad entre todos los seres humanos. Como vemos la obra de Machado no debe constreñirse únicamente a su labor lírica, sino que sus planteamientos le otorgan todo el derecho a ser reconocido como filósofo. A pesar de que aquí solo hemos dado unas pequeñas pinceladas acerca de su concepción, idealizada, por otro lado, del pueblo, considero que merecería este apelativo.

Una de las teorías de don Antonio circundaba en torno a la memoria, al recuerdo para ser más preciso. Sobre el recuerdo nos decía que tan solo puede recordar aquel que ha conseguido previamente olvidar, pues sin olvido es imposible el recuerdo, ya que todavía sigue en nuestra memoria. Y, como una suerte de burlaveras del destino, eso mismo hacemos nosotros con nuestro afamado poeta, no lo podemos recordar puesto que no lo hemos olvidado.