LAURA CABALLERO ESCÁMEZ/PSICÓLOGA

Seguimos con la serie de artículos dedicados al duelo en este mes de noviembre. El dolor por la pérdida de un ser querido se siente a cualquier edad, también en la infancia. La mayoría de los adultos no sabemos cómo hablar con los niños ante la pérdida de un ser querido. Lo primero que debemos tener claro es que no se le debe apartar de la realidad que está viviendo, y que por mucho que queramos evitar el tema, el niño lo va a captar por el ambiente que se respira.  Está claro que no es lo mismo un niño de 2 años, que no lo va a recordar, que un niño de 8 años. A partir de los 4-5 años los niños tienen perfectamente conciencia de sí mismos y de lo que les rodea, aunque aún no lo entiendan todo.  A esa edad ya entienden que la muerte es algo irreversible, antes de  es muy difícil que lo entiendan, y suelen considerar la muerte como algo provisional. Es mejor decírselo en un lugar tranquilo, con palabras sencillas y con explicaciones cortas y directas. Las causas de muerte son muy diversas, y es muy difícil responder al porqué, pero hay que intentarlo. Si es por muerte natural se le explica que el cuerpo se va estropeando cuando nos hacemos mayores y que en un momento dado el corazón se acaba parando. Si es por otra causa,  se le debe de explicar, siempre que tenga la capacidad de entenderlo, ya que tarde o temprano se acabará enterando.

También puede ayudar explicarles cómo nos sentimos nosotros, cuáles son nuestras dudas, preguntas, temores, etc. Eso les puede hacer ver que no solo ellos tienen dudas en cuestiones sobre la muerte. Hay que intentar que su fantasía no rellene huecos, y darles la información que nos pidan. Conviene, aunque sea duro, usar la expresión “se ha muerto”, evitando otras como “se ha ido de viaje”, “lo hemos perdido”, ya que corremos el riesgo de que lo tome literalmente, sobre todo los más pequeños, creándoles una gran confusión que no ayuda. En cuanto a la faceta religiosa, aquí ya entran las creencias que tengan cada uno y la educación que cada cual quiera darle a sus hijos. Siempre pueden servir de apoyo en estos momentos, aunque también, explicaciones religiosas sobre la muerte cuando son muy pequeños, menos de cinco años, pueden crearles confusión, por eso hay que tener tacto y cuidado al utilizarlas.

Las respuestas emocionales de un niño ante la muerte pueden ser muy variadas y dependerán también de la edad que tengan. Los más pequeños pueden mostrar perplejidad, confusión, regresión (conductas de etapas anteriores), rabia, enfado, ambivalencia (expresiones inadecuadas a la muerte o simplemente que parezca que no les afecta y es porque aún no lo ha afrontado o se niega a hacerlo), miedo intenso a morir, expresión de dolor o rabia a través de los juegos, etc.

Los más mayores pueden mostrar negación de la muerte, idealización de la persona fallecida, culpabilidad, miedo, hiperresponsabilidad, etc. La expresión de las emociones aquí es muy necesaria, hay que animarles a hablar. Debemos darle espacio al niño, pero manteniéndonos cerca tanto física como emocionalmente por si nos necesita.