Mª de Tiscar Méndez Morata/Psicóloga Centro de Día Mayrena de APCOM

El concepto de duelo va unido al de pérdida, entendiendo la misma como cualquier experiencia de privación de una figura u objeto del que nDueloo deseamos separarnos, es decir, quedar privado de algo que se ha tenido (Neimeyer 2002). Puede ser una amistad, un objeto material, una habilidad física, la juventud,… Lo afectada que quede una persona tras una pérdida dependerá del valor que le otorgue a la misma.

Aunque la experiencia de duelo se puede experimentar por distintos tipos de pérdida no cabe duda de que la de mayor impacto psicológico y la más intensa es la experimentada ante la pérdida de seres queridos.
El duelo es un proceso complejo y doloroso, durante el cual la persona que lo sufre debe ir deshaciéndose de los vínculos que le unían al fallecido para llegar a aceptar su pérdida y adaptarse a una nueva realidad.

Este proceso se verá afectado por distintas variables previas, la biografía del sujeto, sus habilidades de afrontamiento, la historia previa de otros duelos y además se verá implicado a todos los niveles (biológico, psicológico y social). Por tanto se manifestarán alteraciones físicas, de pensamiento, de conducta y por supuesto del estado de ánimo.

En cuanto a las fases por las que pasa una persona durante el proceso de duelo y cual es su papel se han desarrollado muchas teorías siendo de las más innovadoras y actuales la de Neimeyer.

Este autor define el duelo como una reconstrucción de significados y destaca lo particular de cada caso y el papel activo de la persona durante el proceso de duelo.

Describe también distintos momentos del duelo: La evitación, donde se da negación e incredulidad ante lo ocurrido. Esta fase va seguida de un segundo momento de asimilación (intelectual y emocional), en la que es necesario reconocer la realidad de la pérdida y abrirse a las emociones sobre todo al dolor, y por último la acomodación que conlleva la aceptación de la pérdida y la reorganización de la vida tras ella.

El entorno social en el que se desarrolle este proceso es una variable importante pues va a condicionar la forma en que la persona va a vivir el duelo.
Es cierto que uno de los momentos en que más dificultades encontramos para dar apoyo a las personas con discapacidad intelectual es el del proceso de duelo y en muchas ocasiones esto es debido precisamente al entorno.
Ante situaciones de duelo adoptamos hacia las personas con discapacidad actitudes de infravaloración con frases como: «pobrecitos, no se enteran…»; e incluso tomamos decisiones que no nos corresponden ya que son suyas: «mejor que no vaya al hospital, así no sufre…».
Pero eso no es real, ya que el sufrimiento existe y por supuesto la percepción de pérdida también, aunque la forma de expresarlo sea diferente.
Por todo esto es importante que comencemos a cambiar la percepción que tenemos acerca de como las personas con discapacidad viven el duelo.
Cuando nos encontramos ante una situación así es importante no ocultar la información del fallecimiento y dar la información de manera sincera y veraz, adaptando los conceptos al nivel de la persona con discapacidad.
Se debe tratar de minimizar los cambios en las rutinas que ya están establecidas, dentro de lo que sea posible.
Y sobre todo escuchar y respetar la expresión de los sentimientos, ya sea de manera verbal o no verbal, dejando claro que son expresiones normales y que todos tenemos ante estas situaciones.
«La muerte es el acto cierto de la vida. El resto es «depende», «quizás». La vida es cierta, y en ella morir es el proceso mismo de vivir.»