MICAELA FERNÁNDEZ

El pasado mes de marzo, de un día para otro, gran parte de la población española sufría un confinamiento derivado de la pandemia mundial por el Covid-19 que se prolongó durante más de dos meses.

La muleña María Teresa Belijar, fisioterapeuta y trabajadora del Centro de Integración a la Discapacidad (Intedis), escribió y recopiló el día a día de su confinamiento que ahora ve la luz a través de la publicación ‘Diario de una cuarentena’ gracias a la editorial Letrame.

María Teresa Belijar

María Teresa Belijar

En su primer libro, María Teresa nos cuenta sus estados de ánimo, sus miedos, sus alegrías y lo hace con una prosa limpia y coloquial en la que cualquiera se puede ver reflejado.

¿Cómo surgió la idea de recopilar su día a día durante la cuarentena?

Un día cualquiera, antes del estado de alarma, Ángel, mi pareja, trajo a casa un diario en blanco donde en la portada aparece el símbolo de cuarentena, un muñeco tipo zombie y el texto ‘Diario de una cuarentena’, lo hizo a propósito para mí. Me lo dejó encima de la mesa y me dijo, “para que escribas durante el confinamiento”. Aún la cosa no estaba tan mal, pero ya se escuchaban noticias sobre una cuarentena y los casos aumentaban. Así que me pareció una idea genial, por lo que comencé a escribir mi diario personal de la cuarentena.

Escribía sobre un papel en blanco pero, ¿a quién iban dirigidas sus palabras?

Escribía a mano sobre un papel en blanco, le contaba mi día a día a mi diario. Es como cuando era niña, tuve varios diarios en los que me gustaba escribir lo que me pasaba, digamos que todo se lo contaba al diario. Es una forma de plasmar lo que llevo dentro, prácticamente me dirijo al diario, como si el diario pudiese leerse a sí mismo y escuchar lo que tengo que contarle. Es una vía de escape para desahogarme.

En el libro se hace latente cómo las pequeñas situaciones cotidianas o las grandes desavenencias se hacen más complicadas con el encierro, ¿cuéntenos cómo vivió el simple hecho de tener que ir a comprar o enfrentarse a la enfermedad de su abuela?

Pues al principio eso de salir a comprar no me gustaba demasiado. Iba con calma, revisando que cumplía con todas la medidas, desinfectando todo, pero un poco desconcertada, todo me resultaba raro, al llegar a casa me quitaba la ropa y me duchaba inmediatamente, era una contradicción entre mantener la calma y estar inquieta a la vez, por lo que procuraba ir nada más terminar de comer, en el momento que casi nunca había nadie comprando.

Respecto a la situación que nos tocó vivir con mi abuela, lo pasé bastante mal, en otras condiciones lo habría gestionado con naturalidad, pero su ingreso en pleno estado de alarma, hizo que me desbordase. Tenía miedo de contagiarla en algún momento, de coger el virus en el hospital y traerlo a casa. Pero a lo que más temía era que se fuera sin poder despedirnos, que se marchase sola, que su familia no pudiese estar para acompañarla en sus últimos respiros de vida. Por suerte salimos de aquella pesadilla, fue un largo y duro mes, y ahora puedo seguir disfrutando de ella.

Uno de los personajes conductor durante todo el libro ha sido Sofi, ¿llegó de imprevisto o simplemente siempre estuvo ahí y no la vieron?

La verdad, no lo sé. Nos mudamos a vivir a la huerta en febrero, apenas llevábamos un mes cuando comenzó todo. Pero sí es cierto, que hasta ese momento nunca la había visto ni oído. Yo en el fondo creo que llegó en esos momentos, y lo hizo para quedarse.

Otro de los personajes más destacado del libro es India, ¿qué ha pasado con ella? I

ndia es una de las grandes protagonistas de mi diario, porque así lo ha sido en mi vida, la gran protagonista. Tristemente, ya no está. El 28 de agosto, tuvimos que tomar la decisión más dura que jamás nos habríamos imaginado. Su estado empeoró, y nos vimos obligados a decidir que su lucha había terminado. La acompañamos en todo momento, hasta su último suspiro estuvo entre caricias, a día de hoy, aún duele, me quedé rota en todos los sentidos.

A los días del triste desenlace de India, recordé que en mi libro, no aparecía en los agradecimientos, pero no me importó demasiado, quien lea el libro, sabrá lo importante que era para mí.

A través de sus páginas se viven momentos que cualquier persona que haya estado encerrada ha podido sufrir, ¿cómo ha sido hacer frente a todas esas situaciones?

A veces bastante estresante. El teletrabajo fue algo que me costó bastante, todos trabajamos muchas horas, sin horarios, a espera de nuevas instrucciones, todo cambiaba de un día para otro, una constante incertidumbre, muchos calentamientos de cabeza para poder dar el mejor servicio posible. Fue difícil. Hubo momentos en los que sentía la necesidad extrema de desconectar de todo, dejaba de escuchar noticias, de leer, aparcaba el móvil, pero no era fácil dar la espalda a una situación así. En muchas de esas ocasiones, escribía en mi diario.

¿Pensó alguna vez que sus escritos verían la luz?, ¿seguirá escribiendo?

Pues la verdad es que no, siempre me ha gustado escribir, y siempre lo he hecho para mí. Nunca imaginé que acabaría compartiendo mis escritos de forma tan pública.

¿Seguiré escribiendo? creo que nunca dejaré de hacerlo, es una forma de desahogo que descubrí hace muchos años, pero no sabría decirte si seguiré compartiéndolo con el mundo. Quién sabe, tampoco sabía que lo haría esta vez.

¿Cree que la sociedad ha aprendido algo de la situación vivida?

Creo que en el fondo todos hemos aprendido algo. A valorar esas pequeñas cosas que carecían de importancia, lo importante que es la libertad de la que siempre hemos gozado, lo importante que es elegir si entrar o salir, decidir con quién estar o decidir estar solo. Lo vital que es sentir un rayo de sol. Hemos aprendido a saborear la vida de otra manera, pero también a que todos somos vulnerables y que no hay que señalar con el dedo. Quién no haya aprendido esto es que aún le queda por aprender.