Fabiana Costa Souza/Responsable técnico de Aureum estética&salud

Es indiscutible que la actividad física y el deporte repercuten de manera favorable sobre el estado de salud del individuo, a través de las mejoras fisiológicas de los sistemas circulatorio y respiratorio, el metabolismo, el aparato locomotor (músculos, huesos, ligamentos, tendones) e incluso el sistema nervioso.
Además, las personas que practican de forma regular cualquier actividad física, obtienen beneficios adicionales en su vida privada y el trabajo, por reducción de la ansiedad y el estrés.
Hoy, se ha incrementado de manera notable el número de personas que, sin ser profesionales, dedican mucho tiempo a disciplinas como el atletismo, ciclismo o natación, en muchos casos preparándose para participar en pruebas de gran resistencia (maratón) o ultraresistencia (más de 6 horas de duración) y que ponen a prueba más allá de las capacidades físicas para las que está preparado el ser humano.
En muchas ocasiones, los participantes en este tipo de pruebas desconocen los riesgos para la salud que tales desafíos suponen, más allá del entrenamiento necesario para poder participar en ellas.
Los deportistas que participan en pruebas de ultraresistencia, tipo Ironman, presentan aumentos en los niveles de ácido úrico, urea, creatinina LDH (lactato deshidrogensa) creatinfosfoquinasa (CK), aumentos del recuento de leucocitos, disminución del K+ y aumento del Na+.
En casos extremos, la destrucción muscular puede acarrear rabdomiolisis e insuficiencia renal.
Los problemas nutricionales más habituales en este tipo de esfuerzos, al margen de la deplección completa de los depósitos de glucógeno, son la deshidratación y la hiponatremia.
La hiponatremia se presenta cuando las concentraciones de sodio circulante están por debajo de 135 mEq/L, debido a cantidad insuficiente del soluto (beber exclusivamente agua), exceso de líquido extracelular o combinación de ambos factores.
Además, el ejercicio de elevada intensidad y muy larga duración puede ocasionar alteraciones cardíacas temporales, como se ha evidenciado mediante pruebas ecocardiográficas, marcadores bioquímicos de daño miocárdico e inflamación, en atletas tras la realización de este tipo de esfuerzos.
En el corazón, se originan alteraciones en el ventrículo derecho (dilatación y disfunción diastólica) y en el ventrículo izquierdo, disminución de la fracción de eyección.
Ello se asoció, además, a elevaciones de las troponinas cardíacas, marcador de daño miocárdico, asociado habitualmente a la cardiopatía isquémica.
Parece ser que el ejercicio intenso y continuado produce daño por estrés oxidativo en los miocardiocitos, origen de la rotura de membranas celulares y liberación de troponinas cardíacas.
Otro marcador interesante es el BNP, péptido natriurético tipo B, secretado habitualmente por el ventrículo, en respuesta al alargamiento excesivo de las células, hipertrofia o sobrecarga de volumen y cuyos efectos fisiológicos son diuresis, natriuresis y vasodilatación.
Este péptido es un marcador de disfunción cardíaca, es decir, de insuficiencia cardíaca y síndromes coronarios agudos.
Todos estos hallazgos descritos en atletas que realizan pruebas de ultraresistencia, a pesar de ser transitorios, constituyen lo que se denomina Síndrome Agudo de Fatiga Cardíaca, que se produce tanto en individuos entrenados como no entrenados.
A falta de profundizar en los estudios que permitan conocer si estos hallazgos pueden tener significado patológico, o constituyen un mecanismo adaptativo que desempeñe un papel protector en este tipo de atletas, conviene ser consciente de la necesidad de una planificación deportiva adecuada, un reconocimiento médico previo al ejercicio y mantener los periodos de descanso adecuados para que el deporte esté siempre vinculado a la salud y a la mejora de nuestra calidad de vida.