ANTONIO JOSÉ ESPÍN/DIPUTADO REGIONAL DEL PARTIDO SOCIALISTA

La despoblación de las zonas rurales es una de las realidades demográficas más severas de nuestro país. Ante esta evidencia, las administraciones tenemos el deber de buscar soluciones a corto, medio y largo plazo, para evitar que este desafío culmine con una masificación de las grandes ciudades, frente al abandono de las localidades que se enclavan en el medio rural.

El éxodo de los pueblos a las ciudades adquiere una dimensión dramática en la medida que, según Eurostat, el 62% de los municipios españoles tiene menos de 1.000 habitantes y en ellos apenas vive el 3,15% de los españoles. Estas cifras evidencian la crudeza de una crisis que, en nuestra Región se deja ver en la cantidad de pequeños municipios y pedanías que, año tras año, sobre todo desde las últimas dos décadas, pierden población y, por ende, vida.

Para el Partido Socialista de la Región de Murcia, este es un problema de envergadura que requiere de medidas urgentes y consensuadas para comenzar a paliar sus consecuencias y revertir la tendencia al abandono de las zonas rurales. Hablamos de mejoras en las comunicaciones, nuevos modelos de agricultura sostenible, generación de empleo, oportunidades para nuestros jóvenes, mejora de infraestructuras y servicios básicos, acceso universal a internet, impulso del turismo, entre otras tantas cosas.

Nuestro compromiso con los pueblos y pedanías del Noroeste y el Río Mula es total, muestra de ello es la estrecha relación que hemos entablado con la asociación de vecinos de Benizar, con los que hemos tenido la oportunidad de reunirnos en dos ocasiones en estos escasos cuatro meses de legislatura. Ellos, son el vivo reflejo de la lucha sin tregua de un pueblo que se siente desoído por la administración regional, que tiene la competencia y la responsabilidad de ofrecer a todos los murcianos y murcianas las mismas oportunidades, pero que miran de espaldas a quienes vivimos alejados de San Esteban. Los benizareños, como tantos otros vecinos de pedanías cercanas, sufren a diario las consecuencias de la “incomunicación”, con carreteras en pésimo estado, que dificultan su día a día, además de poner en peligro su integridad, sobe todo en condiciones meteorológicas adversas, que bien acostumbramos a tener en los otoños e inviernos de esta zona de Murcia. A esto hay que añadirle la mediocre asistencia sanitaria o la falta de inversión en infraestructuras, que son pilares fundamentales para asentar a una población que, orgullosa de sus raíces, quiere seguir viviendo en la tierra que les vio nacer y en la que se criaron sus pasadas generaciones.

He tenido la suerte de ser concejal del Ayuntamiento de Bullas durante ocho años, siendo natural de la pedanía de La Copa, por lo que, conociendo de primera mano las necesidades de nuestras zonas rurales, he intentado trasladarlas a la política local para que estas no fueran pasadas por alto. Así, pusimos en marcha el pasado año un Plan Integral contra la Despoblación que recogía más de 60 medidas concretas para reactivar la actividad industrial y comercial de la pedanía y fijar la población en torno a la agricultura, el medio ambiente, el turismo y la cultura. Este plan está comenzando a dar sus frutos y, en una acción conjunta y decidida del consistorio, se están empleando más medios y con mejores estrategias que en las décadas anteriores. Esta es solo la punta de iceberg, pues con los escasos recursos de que disponen los ayuntamientos y la cantidad de competencias impropias que asumen por la dejadez del gobierno regional, es una muestra de compromiso con las zonas más desprotegidas, pero no basta para atajar este enorme problema, pues las mayores inversiones deben venir del gobierno de la Región y del gobierno de España.

Es cierto que la situación de Bullas, con un término municipal reducido, es totalmente distinta a la de Moratalla o Caravaca, que con términos inmensos y múltiples pequeños núcleos de población, tienen un reto insuperable sino cuentan con la colaboración de otras administraciones. En estos casos, el Gobierno Regional debe dar un paso al frente y abordar el problema con financiación extraordinaria que les permita ejecutar acciones efectivas que, por lo pronto, permitan a los vecinos de las altas pedanías del Noroeste, contar con las comunicaciones adecuadas, así como con una cobertura sanitaria y educativa digna y unas óptimas condiciones de seguridad.

Desde luego, tanto en el primero como en los otros casos, los ayuntamientos no pueden afrontar este reto en solitario, sino que deben articularse los mecanismo que permitan a las tres administraciones remar en la misma dirección, para evitar que nuestra historia tenga fecha de caducidad, nuestras tierras dejen de cultivarse y nuestra cultura se pierda. Desde el Grupo Parlamentario Socialista, como encargado del área de Medio Rural, me entregaré en cuerpo y alma durante estos cuatro años para que el Gobierno de la Región ponga de una vez por todas la mirada en nuestras comarcas, tal olvidadas históricamente y que tanto necesitan de su voluntad para que dejemos de sentirnos murcianos de segunda, que es a lo que nos ha acostumbrado el Partido Popular durante sus veinticinco años al frente del gobierno de nuestra Comunidad Autónoma.

En mí no cabe la desesperanza e intento mandar siempre un mensaje positivo a quienes comparten conmigo esta preocupación, pues juntos y con ganas de seguir trabajando, conseguiremos que nuestras voces se oigan en los despachos de quienes tienen la responsabilidad de mantener vivos nuestros pueblos, aunque hasta el momento hayan preferido ignorarnos.