NOEMÍ GARCÍA MARÍN/PEDAGOGA Y ORIENTADORA ESCOLAR

Uno de los principales problemas que se está discutiendo a día de hoy en el sector educativo es el dilema del bilingüismo. Todos estamos de acuerdo en que conocer varias lenguas nos enriquece personal y culturalmente, además de darnos acceso a un abanico más amplio de conocimientos y prepararnos para el futuro laboral. Los beneficios de que un niño crezca siendo bilingüe son espectaculares, sin embargo, son muchas las familias con la misma preocupación acerca de sus hijos deberían o no impartir asignaturas como maths, natural science o social science en inglés, ya que consideran que estudiarlas en otro idioma interfiere en el aprendizaje de los contenidos básicos: “Si para ellos ya resulta complicado aprender estos contenidos en español ¿Cómo van a hacerlo en inglés?”.

ImaginiaY es que el problema no radica en aprender esos contenidos en otro idioma, sino en la metodología de la enseñanza, en el cómo se transmiten estos conocimientos y de cómo los alumnos deben aprenderlos (en la mayoría de escuelas estudian el vocabulario o frases completas de memoria). Enseñar inglés no debería de empezar por el estudio de la gramática, sino por la parte oral (tal y como hacemos en español). Por ello, es imprescindible fomentar el Student Talking Time (el tiempo que los alumnos dedican a hablar) en clase, mediante role plays, trabajos en pareja o pequeños equipos, con temas de actualidad que interesen a los niños y que les permitan usar el idioma y no solo aprender la gramática.

Además, un niño/a únicamente crecerá siendo bilingüe cuando reciba la educación (no sólo en la escuela) en ambos idiomas, pudiendo acceder a contenidos y recursos bilingües en cualquier momento (recursos educativos, dibujos, series, música, libros, juegos…) tanto en casa como fuera del colegio. La clave es intentar incorporar de forma natural el inglés en todos los ámbitos de su vida.

Así pues, pese a las dificultades que a priori puede suponer para un niño/a aprender en inglés, debemos saber que éstos tienen una gran capacidad y plasticidad neuronal que les permite usar ambos hemisferios en la adquisición de idiomas. Las últimas investigaciones apuntan que un cerebro bilingüe tiene un aspecto y funcionamiento diferente al de una persona monolingüe (mayor actividad neuronal y sinapsis).  Esto crea una serie de ventajas en los niños: aumenta su capacidad y habilidad para la resolución de problemas, amplía su vocabulario e interés por la cultura, agiliza las funciones ejecutivas y analíticas del pensamiento, ejercita la concentración, la memoria, la atención selectiva y la capacidad multitarea. Acrecienta su creatividad, así como la facilidad de aprender nuevos idiomas (multilingüismo). En definitiva, el bilingüismo ayuda a que el cerebro de los más pequeños se mantenga sano, creativo y activo.