Cristina Céspedes Alburquerque- Enfermera Centro de Día Mayrena-APCOM.

Hace casi un año que llegó el SARS-COV-2 (“coronavirus” si hablamos coloquialmente) a nuestras vidas. Parece que fue ayer cuando de la noche a la mañana tuvimos que cerrar el centro, la segunda casa para muchas personas, sin saber por cuánto tiempo sería. Pasamos de tener aulas llenas de gente riendo y hablando, a unas totalmente desérticas. Las personas con discapacidad vieron como su rutina, su trabajo, sus relaciones sociales y su ocio se desvanecían repentinamente, quedando atrapados en sus hogares, sin poder salir a la calle, sin poder trabajar, sin ver a sus amigos, sin hacer lo que más les gusta.

Al principio esta situación era llevadera y las considerábamos unas “pequeñas vacaciones” hasta ver como el tiempo pasaba y nuestra nueva vida seguía igual. Fueron tiempos muy difíciles para todos, donde tuvimos que aprender el manejo de nuevas tecnologías para poder comunicarnos sin que nadie nos pudiera enseñar, en caso de que se contaran con los recursos necesarios para ello. Todo ello acompañado de un cúmulo de sentimientos de tristeza, nostalgia, angustia, ansiedad… y podría seguir con una lista aún más larga, que no facilitaba mucho ese aprendizaje.

Por suerte, pronto nos autorizaron para realizar salidas terapéuticas y con ellas el uso de la mascarilla y la distancia de seguridad. Otro cambio más. Con la compleja situación que estaban viviendo sólo les faltaba un añadido más: “no te acerques, no toques, no des abrazos, no te quites la mascarilla, no… no… y siempre NO”. Esas eran las frases que más escuchaban a lo largo del día.

Ante este panorama, cualquiera se hubiera venido abajo, pensaréis. Pero ellos no. Las personas con discapacidad de nuestro centro, supieron adaptarse a todos los cambios, comprendieron y llevaron a cabo las medidas de prevención y seguridad, aprendieron a relacionarse a través de redes sociales, en definitiva, a superar cada obstáculo que se les iba poniendo en el camino. Y vaya si lo hicieron. Demostraron una vez más que son  luchadores y que, con esfuerzo, constancia y trabajo, todo el mundo es capaz de conseguir lo que se proponga.

Afortunadamente hemos tenido el privilegio de comenzar el proceso de vacunación en nuestro centro, con la ilusión y la esperanza de que con nuestra contribución a la creación de inmunidad colectiva, podamos recuperar esa vida que tanto echamos de menos, lo antes posible.

Mientras ese momento llega, nosotros, los profesionales y personas con discapacidad del Centro de Día Mayrena, seguiremos trabajando juntos para avanzar en  nuestro camino.