MICAELA FERNÁNDEZ

El próximo 19 de octubre se conmemora el Día Internacional de la lucha contra el Cáncer de Mama, un día que nace con el objetivo de crear conciencia y promover que cada vez más mujeres accedan a controles, diagnóstico y tratamientos oportunos y efectivos. Hablamos con Antonia Gabarrón, Ángeles Rubio y María García, tres muleñas que padecen esta enfermedad y que nos muestran su visión personal y conjunta sobre el Cáncer de Mama.

Hablamos de operaciones, diagnósticos precoces, tratamientos, prevención, investigación y todas las palabras que van unidas a esta enfermedad. Hablamos sobre la familia, sobre cómo miran los demás y, lo más difícil, enfrentarse al espejo mientras luchas por seguir siendo mujer a pesar de todo.

La charla empieza llena de suspiros, María lo tiene muy reciente y poco a poco empiezan a debatir, a relatar entre ellas sobre aspectos y situaciones diversas olvidando que tienen una grabadora enfrente captando esa alegría y emoción de seguir mirando al frente aunque el cáncer ya les acompañará para siempre. Antonia y Ángeles tienen una asignatura pendiente que ha quedado pospuesta por la llegada del Covid, pero en breve lucirán un tatuaje en su pecho que volverá a dar forma a lo que el cáncer se llevó.

Enfrentarse a la gente, la enfermedad en sí o ver como tu feminidad se va perdiendo, ¿qué es lo más difícil cuando hablamos de cáncer de mama?

A.G.: Yo creo que las tres cosas. A mí me impactó sólo el hecho de que te dicen que tienes cáncer. Solamente esa palabra ya da miedo. El miedo te supera, sí que es verdad que luego piensas que se puede salir, que no se puede salir, el cáncer de mama tiene una alta tasa de posibilidades de sobrevivir, pero la palabra cáncer te da mucho miedo. En mi caso que fue una mastectomía, el impacto de verme sin pelo me fue muy leve, yo estaba ya mutilada antes de la quimioterapia, yo pasé lo peor nada más llegar. No te da tiempo de reacción.

Una vez que empieza el tratamiento y empiezas a rehacer tu vida, ¿cómo es ese día a día?

M.G.: Una vez que salí del quirófano ya sabes que no tienes la enfermedad y es cuando empiezas a querer vivir, a querer aprovechar cada minuto de vida. A volver lo bonito todavía más bonito.

A.G.: Cuando pasas por algo así te das cuenta de que la mayoría de problemas, la mayoría de las cosas tienen solución, lo que no tiene solución es algo que te están presentando en un momento. Que tienes un cáncer y que no sabes qué consecuencias o qué tratamiento va a tener, luego ya sí, cuando vas paso a paso, aunque las consecuencias las vives de por vida. A mi María me preguntaba, cuándo se te pasan los efectos del tratamiento y la respuesta es nunca. Aprendes a vivir con ellos, a utilizar tu mano izquierda. Es algo que se queda implantado

A.R.: Te enseña a ser gamberra. La vida te da otra oportunidad. Dentro de lo mal que se pasa, el cuerpo se resiente en todos los sentidos, física y mentalmente, y llega un momento en que te agotas, te da por llorar, le das la vuelta y aprendes a vivir de otra manera, con más ilusión, dándole una importancia a la vida que nunca pensaste que esas pequeñas cosas serían tan importantes.

¿Cómo se vive el cambio del cuerpo?

A.G.: Mal. Estamos hablando que un cáncer de mama y la mama para una mujer es algo muy significativo, algo muy identificativo de tu forma de ser y de pronto eso te cambia y no sólo el pecho, también tu cuerpo entero. Con el tratamiento tu cuerpo se hincha, te encuentras que pareces un sapo. Alabo a la gente que decía que bien te veo cuando yo me miraba en el espejo y decía Dios mío, si parezco un cocodrilo. Sí que ese alabo de esa gente lo recibes con más cariño porque, aunque tú sabes que no es verdad te da fuerzas para arreglarte, para ponerte los tacones, y decir yo sigo siendo femenina. A mí el miedo de verme sin pelo no me afectó tanto porque yo es susto me lo lleve en quirófano, cuando me desperté y me toque. Yo era lo que más evitaba que me vieran, el pecho.

¿Es difícil contarlo?

M.G.: Yo tengo la experiencia de haber pasado por el cáncer de mama, pero una vez que empiezas a contarlo te das cuenta de que lo pasas peor psicológicamente que físicamente. Sólo sentías esa palabra que no te puedes quitar de encima, piensas que te vas a morir, que no tienes cura, pero conforme pasan los días piensas en cómo sobrevivir. Se te para la vida completamente y buscas ayuda.

A.G.: Yo en eso difiero con María. La Asociación Española contra el Cáncer, en nuestro caso el de Mula, ha sido un gran apoyo. No me hizo falta medicación. A mi lo que me abrió la vida fue empezar a contarlo, aprender a decir la palabra cáncer.

¿Cuál es el papel de la familia más directa?

A.G.: Es muy difícil, lo sufren más que nosotras porque tu sabes cómo te encuentras y ellos son nuestro mayor apoyo.

A.R.: Cada uno lo sufre de una manera distinta. Tengo dos hijos y mi hija dejó de evitar estar en casa y mi hijo se me echó literalmente encima. Incluso un día en el parque, unas madres hablando sobre lo que me estaba pasando y mi hija se envalentonó y les dijo lo que me pasaba y que me iba a curar.

M.G.: No sólo la familia más directa sino situaciones diversas. Una de mis primeras salidas y relación con otras personas tras el cáncer fue en la postulación del Día del Cáncer el pasado año. Fue mi liberación, fue mi aceptación de lo que estaba pasando, fue un gran día para mi. Cuando empiezas a tratarte todo es negro, oscuro, nunca es rosa. Sólo cuando pasa el tiempo, aprendes a madurar lo que te está pasando empieza a ser rosa.